![]() |
| • Portada • Espectáculos • Además | ||
|
|
Miércoles 22 de marzo, 2006 |
|||||||||||||||||||||||||||||||||
Crítica de música: ¿Qué pasó con los ticos? » Lindo concierto Aunque faltó público, la música triunfó.Alberto Zúñiga betofono65@gmail.com Fue una noche en la que el público mermó y la música sobró en la Tarima Interfin. Aun así, el pequeño grupo de noctámbulos melómanos disfrutó en grande y, con evidente carga fraternal, no cesó de apoyar a los músicos en cada canción. El repertorio, que pretendía ser una suerte de evento de integración centroamericana, se sintió falto del espíritu sugerido por el programa del FIA. La ausencia de público no necesariamente fue la causante de la notable dispersión conceptual de la noche. Más bien, tengo la impresión de que al no haber una línea temática mejor plantada sobre el escenario, fue el espectador el que, a gotitas, colaboró en aportar un sentido unitario al encuentro. Razones sobran para insistir en una coalición solidaria centroamericana y la identificación del pueblo ha sido tan evidente en otros conciertos de este tipo que, sin caer en el facilismo, no es necesario un gran despliegue de recursos propagandísticos para hacerse explicar. Centroamérica, nuestra región, es nuestro tema y lo es cada día que se inicia. Se trata de una materia sensible en el ánimo de todos, incluyendo el de los indiferentes. Tendríamos, me parece, que cuidar mejor los terrenos ganados a la intolerancia como si fueran reservas forestales que nutrirán de nuevos aires los esfuerzos cotidianos. Lo bueno, lo maravillosamente bueno, es que entre artistas y público siempre existe una natural complicidad y, por ella, es que la noche creció en espíritu. Por Costa Rica se presentó Bernardo Quesada. Compartió una buena parte de su próximo disco compacto, muy pronto a salir, y en una buena avanzada promocional dejó bien claro que lo suyo es toda la música. Bernardo toma prestados elementos de todos los géneros musicales para construir sus canciones y estas, las nuevas, se notan mejor acabadas en la idea final que las de su primer disco. Sobresalientes son tres de sus temas nuevos, dedicados a amigos que ya no están entre nosotros: el cineasta Víctor Vega, el roquero José Capmany y el periodista Parmenio Medina que, en forma brillante, es recordado a ritmo de vallenato a través de una letra sin concesiones. En representación de Honduras, Guillermo Anderson trajo una vez más su colección de óleos y acuarelas sonoras. Era la figura esperada del evento y complació sin reparos a moros y cristianos, brindando además la agradable sorpresa de ser acompañado por Carlos Tapao Vargas en las percusiones y Mario Álvarez en el bajo. La conjugación del trío fue nítida e impecable en su buen gusto. El cierre de la noche estaba destinado al panameño Osvaldo Ayala y su grupo. La contagiante alegría del guararé, o lo que nosotros hemos denominado equívocamente cumbia panameña, se apropió de los últimos cuartos de hora de la noche. Don Osvaldo es un maestro del acordeón y su fama es mundial, él y su grupo perfectamente podrían haber estado en la noche de clausura del festival. Son alegría garantizada.
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
© 2006. LA NACION S.A. El contenido de nacion.com no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito del Grupo Nación GN S.A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com |