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 La Reina Isabel II estará de cumpleaños el 21 de abril. A sus casi 80 años, ella goza de gran popularidad. Tiene un caracter fuerte pero también un sentido humano que le permite conocer el nombre de cada persona que trabaja con ella.AFP.
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Realeza:
Larga vida a la reina Isabel II » A la reina Isabel II le celebrarán sus 80 años de edad con alegría y en armonía con sus súbditos, que ya olvidaron la frialdad con que trataba a la princesa Diana.
Thomas Burmeister
Windsor. DPA
Las obligaciones de la reina parecen mantenerse en ciertos límites. Y los atascos en la M4, una de las autopistas con más circulación de Gran Bretaña, no merecen ninguna atención este viernes. "Llegará sin problemas a la hora del té", dice una voz a través de la radio.
Arriba, en la Torre Redonda, Tony Martin, el encargado de las banderas en el castillo de Windsor, tiene las cuerdas firmemente en sus manos. No falta mucho y la caravana de limusinas negras pasa por el portal. La reina de cabellos blancos baja del coche, con evidente buen humor. Tony recoge la Union Jack, que siempre ondea cuando Isabel II no está presente, e iza en cambio el estandarte oro, azul y púrpura con el león y el arpa. "The boss is back", murmura satisfecho. El fin de semana puede comenzar.
Por todas partes en el castillo, abajo en el pueblo de Windsor y también en la otra orilla del Támesis, en la ciudad estudiantil de Eton, donde también van a clase los descendientes reales, las personas registraron el cambio de banderas. El ritual es viejo y conocido. Rutina real en Windsor.
"El mundo no se detiene por eso", dice el dueño del Carpenters Arms, el pub que está ubicado justo enfrente del portal del castillo. "Pero para nosotros es simplemente tranquilizador que la reina vuelva a estar en casa".
Monarquía y pueblo. En Windsor, junto al Támesis, a una hora en coche del estrés del centro de Londres, viven más próximos que en ningún otro lugar del reino.
No siempre esta relación fue buena. Pero en el año del 80 cumpleaños de la reina (este 21 de abril) se respira alegría. La armonía entre corona y comunidad hace tiempo que no es tan fuerte e indiscutida como en la actualidad.
Los tiempos alborotados, cuando el pueblo le gritaba a Isabel II "¡Muestre sentimiento!", antes de que la soberana se inclinara en 1997 delante de las cámaras de TV ante el ataúd de la fallecida Lady Diana, parecen totalmente olvidados.
El disgusto en las calles era grande en aquel entonces, cuando la reina no concedió en un principio su permiso para celebrar un funeral de estado. Ese "no" respondía al protocolo, pero no al ambiente general. Ese ambiente fue impulsado por el entonces recién asumido primer ministro laborista Tony Blair. Los comentaristas se quejaban de la aparente frialdad de la reina con respecto a su ex nuera. La expresión de Blair "princesa del pueblo" circuló al igual que la de "reina de corazones", como polo opuesto a una corte aparentemente superada con una figura de cómic llamada Carlos como sucesor.
Ya no se habla de eso. Hoy, según las encuestas, más de dos tercios de la población quiere mantener la corona como institución. El brillo real es tan popular como hace mucho tiempo que no lo era. Y al heredero Carlos incluso se le perdonaron aquellas vergonzosas publicaciones sobre sus conversaciones de temática sexual con Camilla.
Su boda con Camilla Parker Bowles en Windsor fue aceptada por todos, quizá incluso celebrada. Claro que los altos valores de simpatía por "C & C" no son nada en comparación al enorme respeto que existe por la soberana y su esposo, el príncipe Felipe.
La mujer con la predilección por los trajes de colores vivos, los sombreros y los bolsos llamativos sigue siendo considerada un baluarte contra lo profano. Contra el sucio día a día político, sobre el que públicamente no puede decir nada.
El instrumental de la reina como jefa de estado nominal es pequeño, pero muy fino. Debe atender a huéspedes de Estado, pero no tiene porqué invitar a todo el mundo a su casa, como le gustaba hacer con Nelson Mandela. También puede atender a las visitas en el Palacio de Buckingham, como a George Bush, al que durante la comida -según las ímagenes que difundió la BBC- miraba con gesto frío.
¡Qué castillo!Buckingham es para la reina un lujoso palacio que utiliza de lunes a viernes. Su "casa" por el contrario es en realidad su castillo). ¡Y qué castillo!
En total, 268 canchas de tenis tienen espacio en el recinto del castillo de Windsor, que Guillermo el Conquistador hizo fundar hace unos mil años y que desde entonces es utilizado sin interrupción por los monarcas británicos. Hoy es el mayor y al mismo tiempo más antiguo castillo habitado del mundo.
Con sus torres y terrazas, edificios principales y secundarios, patios y corrales, edificios de viviendas y jardines, dos capillas y un gran parque que incluye un campo de polo y ciervos que corretean libremente por ahí, con el vecino College de Eton y la pista de carreras de Ascot, el recinto parece un reino dentro del reino.
En su castillo, la reina conoce a cada uno de sus 150 empleados personalmente, que se ocupan de que el castillo no sea sólo un monumento, sino un lugar con corazón y alma. "Todo aquí tiene vida", dice Steve Davidson. El es el relojero de Windsor. Existen 450 relojes en el castillo. Y para que todos den la hora exacta -los de la cocina están adelantados cinco minutos para que nunca se retrase la atención a los huéspedes- Steve está en marcha todo el día.
Claro que nadie que trabaje para la reina puede quejarse de falta de movimiento: Desde el jefe de ceremonial hasta los miembros de la brigada de limpieza, que muchas veces ya aparecen con sus escobillones a las 6:15. Desde los encargaos de la chimenea hasta los campaneros de la capilla de San Jorge, que ni bien comienza un año nuevo comienzan a estudiar la pieza que tocarán para la reina en su cumpleaños. Este año, lógicamente, será muy especial.
También está siempre en marcha el jefe de cocina Mark Flanagan, que es responsable tanto de la cena de la reina para un pequeño círculo de elegidos hasta de los banquetes de estado en el salón St. Georg con 160 invitados. "Aquí no se pone en la mesa lo que recomienda el cocinero sino lo que determina Su Majestad."
A la reina le gustan el cordero o la ternera británicas. En el caso de los vinos, muchas veces muestra su debilidad por el francés.
Que Isabel II no sólo aprecia a las personas que trabajan para ella sino que presta atención a cada uno de sus más de 50 caballos y ponys lo reveló hace poco el jefe de corrales de Windsor, Terry Pandry.
"Elige los nombres personalmente y conoce incluso a los abuelos y bisabuelos de cada uno".
Postura orgullosa y un arraigado sentido del deber. Así es la reina. De vez en cuando, los súbditos la llaman "la alemana" en referencia a sus relaciones familiares con ese país. Las chicas de la cocina pueden tener esos pensamientos, de que de verdad es teutona, cuando por orden de la reina deben estampar los sellos reales sobre dos trozos exactamente iguales de manteca para cada invitado a las comidas oficiales. Ella es así, meticulosa.
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Hogar dulce hogar...
. ¡Y qué castillo!
Castillo de Windsor. 268 canchas de tenis tienen espacio en el recinto del castillo de Windsor, que Guillermo el Conquistador hizo fundar hace unos mil años y que desde entonces es utilizado sin interrupción. Hoy es el mayor y el más antiguo castillo habitado del mundo. Tiene torres y terrazas, edificios principales y secundarios, patios y corrales, jardines, dos capillas y un gran parque que incluye un campo de polo. La reina conoce a cada uno de sus 150 empleados personalmente. Existen 450 relojes en el castillo. Y para que todos den la hora exacta -los de la cocina están adelantados cinco minutos para que nunca se retrase la atención a los huéspedes- La reina presta atención a cada uno de sus más de 50 caballos y ponys. Elige los nombres personalmente y conoce incluso a los abuelos y bisabuelos de cada uno. Ninguna de las residencias se corresponde tanto con Isabel como el castillo de Windsor. Ninguna fue tan importante en la formación de su carácter. De niña, vivió aquí la llegada de los bombarderos alemanes a Londres.
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