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Martes 21 de marzo, 2006 |
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Crítica de cine: Gracejadas y política » Locuras: El enésimo Jim CarreyWilliam Venegas wvenegas@nación.com Estamos ante otra película con Jim Carrey que apuesta a las consabidas muecas del actor, a sus gestos chiclosos, a sus barbillas desvencijadas, a sus comisuras flácidas, a sus cejas arquisubidas, a sus ojos alocados y a sus orejas espantadas: puro histrionismo. La película en cuestión es Las locuras de Dick y Jane (2005), dirigida por Dean Parisot, director con un solo encargo: poner la pantalla al servicio de la resortera física presente en Jim Carrey. En dos platos: este actor se pasa interpretándose a sí mismo, como un perico frente a un espejo, como Narciso ante su imagen reflejada en el agua o como una modelo ante las cámaras de televisión. Por su parte, Tea Leoni, buena actriz, con belleza cálida, se limita a ser comparsa, con pocos momentos para demostrar sus cualidades. Así, tenemos al Jim Carrey visto por enésima vez, repudiado por muchos críticos y gustado por muchos espectadores. No es el Jim Carrey de buenas actuaciones, como lo vimos en The Truman Show (1998), en Man on the Moon (1999) o en The Majestic (2001), con buenos directores como Peter Weir, Milos Forman o Frank Darabont, respectivamente. El Carrey de ahora es el de Ace Ventura y demás locuelas, y lo que hace es meterse con un refrito homónimo de un filme de 1997, dirigido entonces por Ted Kotcheff, con George Segal y Jane Fonda. La versión que ahora nos llega está actualizada y maneja una importante denuncia ante las quiebras fraudulentas de las grandes empresas privadas, que dejan a los trabajadores como sus víctimas inmediatas. Aún así, con esa puesta en onda de una vieja trama y con la presencia inevitable del señor George Bush en una de sus alocuciones por televisión, para lograr tonos de farsa entre la realidad y el discurso político, con todo eso, el filme se manifiesta llano, porque no hunde el dedo en la llaga. ¡Qué lástima! Alguien escribió que, en esta película, "Jim Carrey se muestra como el hijo pródigo de Jerry Lewis", ¡cierto! Y eso no es suficiente para darle relieve a una puesta en imágenes más bien huera o hueca (escojan el adjetivo), con algunos buenas escenas de amargura en la frustración de las personas estafadas, con sus pocos momentos de mordacidad, pero que solo es puente de un guion con escasa relevancia. En todo caso, aceptamos que hay algún valor al querer satirizar la economía moderna de un solo signo, la de mercado libre. También admitimos que, incluso con sus grimas, hay secuencias donde Carrey hace reír, gracejadas que suben la calificación final de la cinta.
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