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Martes 21 de marzo, 2006 |
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Crítica de danza: Bocca, misión cumplida » Excelentes: El cuerpo de baile resultó expresivoMarta Ávila iceagqa@racsa.co.cr El bailarín argentino Julio Bocca, figura importante de la danza clásica del siglo XX, en Argentina, decidió retirarse de la escena al cumplir 40 años, y deja atrás una brillante carrera como bailarín con diferentes agrupaciones del mundo. En su gira de despedida, que culminará a finales del 2007, decidió interpretar Boccatango, acompañado de siete bailarines y seis músicos, quienes por más de hora y media recordaron con sus movimientos y acordes que el tango es parte fundamental de la identidad de Argentina, y que también el resto de América Latina lo disfruta. La principal cómplice de esta puesta en escena es la coreógrafa Ana María Stekelman, a quien ya se le han visto, en los escenarios de nuestro país, algunas composiciones. En la edición del Festival de las Artes 2000 presenciamos el espectáculo Tangokinesis. Dos años más tarde, el mismo Julio Bocca interpretó en el Teatro Nacional Piazzolla, tango vivo. Stekelman ha consolidado su estilo coreográfico al fusionar elementos del popular tango con la composición de la danza contemporánea, generando dinámicas resoluciones apoyadas en movimientos periféricos y efectistas. La estructura de la coreografía de Boccatango no es narrativa, ni está estrictamente apegada a una cronología; son escenas de danza y canto que se alternan para mostrar al bailarín que se retira. Como subtextos en la obra aparecen escenas de hombres bailando como en un duelo, parejas en la intimidad y grupos en salones festivos. La música es uno de los elementos más articulados del espectáculo, ya que Julián Vat, flautista y saxofonista, se encargó de los arreglos y dirección de las 25 piezas de la obra. Las composiciones del guion contemplan ritmos de milonga, vals y fundamentalmente tango de la nueva y vieja guardia. Entre los autores que más destacan está Astor Piazzolla, compositor preferido de la coreógrafa. También se escucharon letras de Alfredo Le Pera y Homero Espósito, entre otros. Los cantantes Noelia Moncada y Esteban Riera, junto al quinteto bajo la batuta de Vat, mostraron mayor emotividad en sus voces en la segunda parte, sobre todo cuando lo hicieron a dúo. En el desempeño dancístico, Cecilia Figaredo hizo de pareja con Julio, y en sus acciones se notó un buen acople, que solo lo da la experiencia de muchos años de trabajo juntos. Llamativa fue la participación de la bailarina Sthephanie Bauger, quien tiene excelente proyección y expresividad. Bauger es muy versátil y posee buena técnica. Esto lo mostró en el dúo con Lucas Oliva. Lo mismo resultó con los bailarines jóvenes, un cuarteto acoplado en el ataque al movimiento logrando siempre sincronía. De este grupo se destaca el joven que bailó el solo del sombrero. El mejor fragmento de Julio Bocca, por su emotividad, fue el logrado en Balada para un loco, acompañado por la fuerza de la voz de Noelia. Ella transmitió toda la pasión y desenfado que necesita el tango para mover las fibras del corazón y Bocca se desprendió de la afectación de la técnica corporal para mostrar su alma. En síntesis, la coreografía no mostró nada nuevo y en algunas partes resultó algo efectista, eso sí, estuvo muy bien ejecutada, especialmente en los tiempos. Con este adiós que Julio Bocca nos dice, queda la esperanza de que un buen elenco seguirá bailando con el Ballet Argentino.
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