![]() |
| • Portada • Espectáculos • Además | ||
|
|
Miércoles 15 de marzo, 2006 |
||||||||||||||||||||||||||||||
Crítica de cine: Mujeres, borracheras y arte » Imágenes: La sutileza de la pinturaWilliam Venegas wvenegas@nacion.com Sorpresivamente llega a la Sala Garbo una valiosa película surcoreana, aplaudida y admirada allí donde se ha exhibido. Se trata de Ebrio de mujeres y pintura (2002), dirigida por Im Kwon-taek, filme que cumple muy bien con su doble sentido: ser objeto de reflexión y de seducción. Por eso, es largometraje inteligente, enriquecedor con sus diálogos y absolutamente exquisito en el plano estético. Ebrio de mujeres y pintura (117 minutos) narra la vida de Jang Seung-up, célebre pintor coreano del siglo XIX. No solo es la descripción de su vida, no es una biografía lineal, sino que la película busca entrar a los laberintos de la creación artística y a los dilemas del artista, a sus búsquedas estéticas, o sea, intenta reproducir algo más que una vida. Así, muestra acontecimientos y costumbres de la época, reproduce conceptos sobre la cultura y reflexiona sobre la ética en el arte. Incluso, el filme entra al análisis de las relaciones entre las distintas manifestaciones artísticas y le da relevancia a la literatura, nutriente de la sabiduría humana. Está claro, no estamos ante un filme del montón, Ebrio de mujeres y pintura exige una actitud inteligente del espectador y una importante sensibilidad para la cultura en general, no solo para el sétimo arte. A esta película solo le podemos resentir alguna dureza, por decirlo de alguna manera, en el montaje de Park Soon-duk, lo que le quita fluidez narrativa, cuando el relato pudo haberse deslizado de manera más ágil entre la belleza y certeza de sus imágenes, esto último gracias a la fotografía de Jun Il-sung, quien cautiva tanto en su país como fuera de él con sus trabajos. Para reproducir las obras del pintor Jang Seung-up, fueron contratados renombrados artistas coreanos; con todo, el gobierno permitió que muchos originales del pintor se mostraran en la cinta. No hay duda que esto contribuye a enriquecer la estampa de la película como estructuración de imágenes y relato: es parte de su pulcritud y de sus muchísimas posibilidades antropológicas. La música funciona como parámetro del contexto, música expresiva y habilidosa para subrayar secuencias emotivas o los momentos contradictorios de la vida del pintor coreano. La música es de Kim Young-dong, compuesta como con pinceles. El filme muestra la paradoja como hito en la vida del artista: ¿por qué su inspiración brota de su adicción al alcohol o de su gusto erótico por las mujeres? ¿Cómo se conjugan el placer, el tormento emocional y la creación artística? No podemos menos que recomendarles esta película ahora en la Garbo: es exactamente como estar en un estudio para indagar sobre la naturaleza del arte y encontrar el arte de la naturaleza.
|
|||||||||||||||||||||||||||||||
|
© 2006. LA NACION S.A. El contenido de nacion.com no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito del Grupo Nación GN S.A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com |