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Lunes 19 de junio, 2006 |
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Crítica de música: Mejores recuerdos » Desproporción. La balanza sonora se ladeó hacia el coroAndrés Sáenz asaenz@nacion.com La celebración del 250 aniversario del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), modelo inestimable del clasicismo vienés, no podía pasar inadvertida en el país, y con dos de sus obras maestras en el programa, la Sinfonía N° 39, en mi bemol mayor, KV 543 y el Réquiem, KV 626, el cuarto concierto de la temporada oficial de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), dirigido por el titular, Chosei Komatsu, reunió una asistencia numerosa, el pasado viernes, en el Teatro Nacional. Sin embargo, en cuanto a la trascendencia artística del desempeño del titular y la orquesta, tengo memoria de interpretaciones mejor logradas de parte de la OSN, bajo otros directores, de las mismas obras mozartianas. La función empezó con la ejecución indiferente, desprovista de distinción en estilo y fraseo, de la Sinfonía N° 39, primera de la gran trilogía que concluye esplendorosamente la obra sinfónica de Mozart, las tres escritas en el asombroso lapso de seis semanas durante el verano de 1788. Después del intermedio, el concierto prosiguió con el Réquiem, última obra que Mozart compuso, inconclusa cuando murió y completada por su discípulo Süsmayer. La lectura de Komatsu me pareció desigual y decepcionante, pese al cumplimiento solvente del Coro Sinfónico Nacional (CSN), preparado con celo por su director, Ramiro A. Ramírez. Del cuarteto de solistas, escuché cuidadas las prestaciones de la soprano Anayanci Quirós y la mezzosoprano Raquel Ramírez, ambas voces claras y extendidas en sus tesituras, pero apenas aceptable el rendimiento del tenor Ernesto Rodríguez, y carente de amplitud y resonancia el de Thomas Goertz, anunciado como bajo, bien que barítono ligero a mis oídos. Además, estimé cuestionable, cuando no equivocada, la decisión del director de reducir el número de instrumentos de cuerdas. De esa manera la sonoridad del conjunto perdió fuerza y calidez, y se quebrantó la simetría sonora entre el coro y la orquesta. No obstante, a juzgar por los aplausos tendidos, la mayoría del público no compartió mi opinión acerca de las interpretaciones deparadas por Chosei Komatsu, al frente de la OSN, de estas dos obras maestras del genio de Salzburgo.
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