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Sábado 25 de febrero, 2006 |
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Cientos se fueron de Bohemia » Ópera:El jueves se estrenó en el Teatro Melico Salazar La Bohème. El público la despidió con aplausos y ¡bravos!Marcela Quirós U. mquiros@nacion.com La ópera siempre guarda un indescifrable aire de glamour que convierte las noches de función en todo un evento social. Ayer el estreno de La Bohème lo fue. La puesta, llevada al Melico por la Asociación de Voces Líricas y de Artes Plásticas Latinoamericanas, reunió en la fría noche josefina a políticos, empresarios, artistas y público. Todos "emperifollados" y listos para presenciar el primer estreno del año de esta agrupación. El teatro estaba casi lleno.
No hubo trajes de luces, pese a que era una función de gala, pero sí elegantes vestimentas. Ellos, de saco, ellas coincidieron casi todas en el negro y muchas pasaron antes al "salón". La formalidad se respiraba en el ambiente. El barítono y exministro de Cultura, Enrique Granados; el candidato del Partido Libertario, Otto Guevara; el candidato liberacionista Oscar Arias y su hermano, Rodrigo; los arquitectos Jaime Rouillon y Bruno Stagno; y el excanciller; Fernando Naranjo, fueron algunos de los que estuvieron ahí.
Aplauso.La obra -cuyo costo asciende a ¢75 millones- se desmenuzó en tres horas y quince minutos, cuatro actos, tres intermedios y tres escenarios diferentes. Los segmentos más llamativos fueron el segundo y el tercero. El segundo, porque cuando el telón se levantó unas 85 personas -con coro de niños incluido- revivieron el París de 1820. Colorido, alegre, llamativo, entretenido, repleto. Un gran trabajo de montaje y coordinación que bien merece reconocimiento. Destacó en esta parte la soprano tica, Mercedes Sánchez, en el papel de Musetta. En el tercer acto no hubo el mismo gentío, pero la iluminación, el escenario simple, el gran árbol que "creció" a la izquierda del escenario, y la nieve que cayó, crearon una atmósfera cálida y emotiva.
Rodolfo, interpretado por el tenor argentino Carlos Vittori, y Mimí, protagonizada por la soprano brasileña-argentina Patricia González, fueron los más aplaudidos de la noche. Desde el primer acto, en el que se prodigaron amor eterno, el público interrumpió sus líneas con aplausos en unas tres ocasiones. Los que no se vieron, pero se sintieron, fueron los músicos de la orquesta, que ocultos en el foso, interpretaron con maestría y precisión la intensa partitura original. A las 10:15 p. m. llegó el final. La obra no cumplió las expectativas del discurso inaugural pronunciado por una joven no identificada que esperaba que La Bohème "no dejara un solo ojo sin lágrimas en la sala". No hubo lágrimas, ni siquiera sollozos, pero sí muchos aplausos y algunos hasta ovacionaron al elenco de pie. |
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