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Martes 21 de febrero, 2006

Notas Espectáculos:

Foto Principal: 1192371

Aplaudida.La Orquesta de la Papaya dio origen al Festival que ahora lleva su nombre y fue un éxito. Garrett Britton.

Crónica: Música y canto sin fronteras

» Hermoso final: El Papaya Fest clausuró de manera emotiva su primera edición. En San José todos esperamos un segundo festival

Alberto Zúñiga
Colaborador de La Nación@nacion.com

Las curvilíneas calles y avenidas que se entrelazan en el Parque Morazán se trastornaron el domingo en la noche con el concierto de clausura del Papaya Fest. Los organizadores suponían una gran afluencia, pero en sus mentes nunca pasó la imagen de lo que fue esa gran noche para los papayeros.

La muchedumbre fue mayor de lo esperado y, como suele suceder en estos casos, alteró el desarrollo del evento en un cierto margen de imprevistos sin llegar al caos.

La fluidez del concierto, que casi empezó puntualmente, fue aceptable sobre todo, si tomamos en cuenta que solo había una tarima para tanto artista reunido.

El éxito de tal convocatoria se debe en gran medida a que el grupo Malpaís estaba anunciado como atracción especial pero, en honor a la verdad, los nombres de Perro Zompopo y Guillermo Anderson también aportaron lo suyo.

La mayoría de los espectadores querían escuchar la fusión entre su grupo nacional favorito y estos dos artistas centroamericanos que ya han hecho de nuestro país su segunda patria.

Parqueo. El domingo pasado, a media tarde, los alrededores del Parque Morazán transmutaron su apacible transcurrir domingueño en un jolgorio musical.

Jóvenes, adultos y varios turistas empezaron a tomar posiciones estratégicas, fuera y dentro del recinto papayero, ubicado al costado oeste del Edificio Metálico.

Un parqueo resultó ser de las mejores cosas que aportó el Papaya Fest y que colaboró en el famoso rescate de espacios en la ciudad de San José, que por cierto, es ciudad cultural Iberoamericana este año.

El Papaya Fest fue considerado el primer gran evento cultural del 2006 en ese sentido.

Espacios improbables para eventos masivos, como el caso de este parqueo, demuestran que solo se necesitan las ganas y los recursos para hacer cierta la toma de una ciudad que, poco a poco, corre el gran riesgo de convertirse en un lupanar para turistas enfermos.

Conciertos de este tipo rompen con esas premoniciones y nuestros jóvenes pueden transitar tranquilos en una entrega artística única y diferenciadora como este Fest.

El Edificio Metálico se sonrojó por los efectos luminosos con que fue acicalado. Las grandes paredes del hotel Aurola Inn coquetearon con la arquitectura antigua de su alrededor gracias a los efectos de la pirotecnia visual que la compañía LuzArt proyectó en ellas.

Los senderos del Parque Morazán se llenaron de vibrantes seres humanos dispuestos a cambiar la percepción que los ticos tenemos del resto de América Central.

Zopilotes. En algún momento de la tarde las cosas tomaron otro rumbo debido a la aparición de los zopilotes revendedores que tuvieron el descaro de cobrar hasta cinco veces más cara la entrada. De mil colones a cinco mil la diferencia es indignante, sobre todo, si se toma en cuenta que este era un festival sin fines de lucro y que, por lo tanto, la entrada al recinto era más que simbólica, un regalo.

Unas 1500 personas se quedaron fuera y aún así disfrutaron del concierto, que a diferencia de los del carnaval porteño, no presentaron una sola escaramuza. ¿Menos gente, mejor calidad de público? Talvez, lo cierto es que los propósitos eran muy, pero muy diferentes.

Amarillo, Cyan, Magenta abrió el concierto y sonó como nunca. El Señor Loop de Panamá continuó y podría regresar puesto que ya tiene sus seguidores. Malpaís entró y la euforia vino con ellos. Poco a poco fueron desfilando los diversos invitados, acompañados por los músicos de Malpaís, hasta el gran final.

En ese momento todos los presentes, incluidos los organizadores, tomamos conciencia del momento. Lo que los políticos y militares nunca han podido hacer, unas cuantas canciones lo habían logrado. Centroamérica fue una durante un instante supremo y lo bueno es que se puede repetir.

Al final Luciano Capelli, productor general del evento, dijo entre su agotamiento y una sonrisa de satisfacción: "Sí,volveremos a hacer otro, todo esto vale la pena y tiene futuro". Miles de jóvenes quedan a la espera de tal promesa.



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