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Martes 21 de febrero, 2006

Notas Espectáculos:

Foto Principal: 1192269

Memorias de una geisha, cuando lo visual suple ausencias de contenido. ROMALY PARA LN.


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Wílliam Venegas
wvenegas@nacion.com

Luego de ver Memorias de una geisha (2005), casi todos los espectadores coinciden en una sola apreciación: "¡Qué película más linda!"

Ya sabemos que ese adjetivo ("lindo-linda") no es exactamente una categoría estética, pero el público se impresiona más por el aspecto visual del filme (imágenes) que por su contenido dramático. No en vano, es largometraje dirigido por el coreógrafo Rob Marshall.

Eso no está mal ni es pecado alguno. La verdad es que dicha evaluación señala bien la deficiencia orgánica de esta cinta: su ausencia de tensión dramática, por lo que la trama se disuelve en iconografía postalera o en retratos de personajes sin que haya el prudente análisis de situaciones, de conductas o de costumbres.

Memorias de una geisha resulta algo así como ver un álbum fotográfico, sin que nadie desentrañe la emotividad del drama ahí metido.

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Por eso, hablamos de una película que gusta, como un rico plato de comida japonesa, sin que nos quede nada sustancial en el organismo. Si recordamos películas orientales sobre este tema o la fuerza narrativa de directores como Akira Kurosawa (japonés), Ang Lee (taiwanés), Chen Kaige, Sun Zhou y Zhang Yimou (chinos), y comparamos con la artesanía esteticista de Rob Marshall (estadounidense), entonces podríamos decirle a este: "Zapatero a tus zapatos".

No hay duda de que Rob Marshall (Wisconsin, 1960), director también del musical Chicago (2002), no tiene pulso para pasar del atractivo visual al impacto emocional, de la imagen al ímpetu narrativo, del glamour al sentido poético del drama. Así, en sus manos, un tema como el de la marginalidad femenina parece asunto de pasarelas.

Cierto que logra buenas actuaciones, pero también es válido reconocer que tiene un equipo histriónico de primera categoría.

Esta falta de audacia dramática le viene al filme no solo por su puesta en escena, sino desde su propio guion, escrito como versión entretenida de una novela posiblemente igual de amena, escrita por Arthur Golden. Por eso, el desarrollo de las contradicciones emotivas de una joven en su proceso a ser "animadora pasiva" en reuniones masculinas, geisha, resulta más liviano que una sopa de palomitas de maíz.

Entre decorados pulcros y hermosos, miradas esquivas, preciosismo formales y sonoridades aceptables de parte del compositor John Williams, responsable de la música, queda una especie de té batido del que solo tomamos la espuma, mientras la infusión se pierde en el colorido visual.

En todo caso, cada quien tiene su manera de matar pulgas y el público sale complacido, que sí.

MEMORIAS DE UNA GEISHA

(MEMOIRS OF A GEISHA)

ESTADOS UNIDOS, 2005.

GÉNERO: Drama.

DIRECCIÓN: Rob Marshall.

ELENCO: Zhang Ziyi, Ken Watanabe, Gong Li.

DURACIÓN: 145 minutos.

CINES: Cinemark, Cinépolis, Circuito de Cines Magaly.

CALIFICACIÓN: 7.



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