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Martes 21 de febrero, 2006 |
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Crítica de música: Ese negro interno » Conciertos: La zona del Morazán limpia su rostro con el Papaya FestAlberto Zúñiga betofono65@gmail.com Cuando el cantautor Aurelio Martínez, de Belice al Papaya Fest, dijo en la noche de su presentación que si todos moviéramos las ramas del árbol genealógico no tendríamos porqué extrañarnos de ver caer algunos negros, tenía razón. La herencia musical afro en nuestro pequeño, pero asombroso istmo centroamericano se siente todos los días y a cada minuto. La radio, la publicidad musical, las calles y los gestos nacionales evidencian la potencia de este acervo cultural. Hoy día, la africanización es indisoluble en nuestros menesteres cotidianos y facilita la integración de muchos estilos en el catálogo cultural de la región. A riesgo de ser vilipendiado nacionalmente, como si fuera gemelo diputado, hago notar que mi pelea sin cuartel contra el reggaetón no se debe tanto a la música como a sus horrorosos contenidos, humillantes y ultrajantes de la dignidad humana. Creo, honestamente, que sobre sus bases rítmicas se pueden hacer muchas mejores cosas. El reggaetón, después de todo, tiene un beat afro innegable. La noche destinada al Caribe centroamericano en el Papaya Fest y el nutrido grupo de espectadores presentes confirmó que saben menear algo más que el árbol y desde el primer acorde hasta el último mantuvo una hermosa actitud de soberanía cultural que, sinceramente, resultaba inspiradora.
La primera agrupación fue la denominada Calipso Jazz Band, un meritorio intento de rescate y reencuentro con el calipso, que los Manueles Obregón y Monestel, vienen desarrollando hace más de un año. Las posibilidades de este proyecto son gigantes y siento que habría que ordenar la propuesta con arreglos que impulsen la forma calipso a niveles de vanguardia experimental. Quedarse solo en lo tradicional no lleva a ningún lado. La noche mejoró con la presentación de Cantoamérica. Asombrosa. Los arreglos ordenan la propuesta y el resultado fue contundente. Cantoamérica sabe hacer música tropical bailable de tan buena calidad que siempre me pregunto ¿Qué esperan los programadores de las radios tropicales para filtrar en sus listas a este grupo? ¿Qué les paguen acaso?. Luego le llegó el turno a garífuna Aurelio Martínez. Su disco Garífuna Soul ocupa en estos momentos el puesto doce en el Top Europeo. La oferta es muy local, siendo este su valor arquetípico y que a la vez tantea el bagaje cultural o la curiosidad de la audiencia. Gustó, pero tengo la impresión de que el efecto podría haber sido mayor como segundo grupo de la noche. Cerró la jornada el tsunami hondureño de Guillermo Anderson. Una vez más, la identificación con su música fue total. Escénicamente se roba el mandado, su técnica en la guitarra es insólita y su comunicación envidiable. Anderson tiene que seguir viniendo a estas tierras. Podemos invocarlo. La solución espacial del Papaya Fest ha sido de lo mejor: en pleno centro de la ciudad, robándole un derecho de espacio a la inmundicia del negocio sexual que de ha apoderado de los mejores rincones de esta ciudad, con el "visto bueno" de los miopes de siempre.
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