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Domingo 19 de febrero, 2006 |
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Crítica de música: Aquel puñado de canciones » Convenció al público: Kapusta dijo abracadabra y la gente cantóAlberto Zúñiga betofono65@gmail.com Víctor Kapusta, uno de los legendarios Abracadabra, atravesó el túnel el tiempo y salió airoso del encuentro con su pasado en orquestación contemporánea. Los músicos e instrumentos los puso la Orquesta Filarmónica (OF) y la batuta, como siempre, estaba en la mano de Marvin Araya. Habitual también fue el éxito de este concierto y elijo esta palabra porque siento que es la adecuada para resaltar los taquillazos que obtiene la OF con sus espectáculos. Por supuesto que una buena taquilla no necesariamente garantiza la calidad de un espectáculo, pero no es este el caso. Los resultados de los espectáculos musicales de la OF saltan a la vista. La calidad interpretativa ha sido la tónica en un programa donde la diversidad de estilos se ha convertido en su edicto estético. El público nacional ha comprendido y aceptado la propuesta, acudiendo exenta de dudas y el compromiso de la OF es mantener el nivel de los conciertos acorde con las expectativas del auditorio que ha creado. En esta ocasión, la idea de orquestar las canciones del grupo Abracadabra para ser presentadas en los días del cónclave de consumo masivo llamado Día de San Valentín, se presentaba como una de las mejores opciones para pasar un rato con la excusa del romance. Y en buena hora, porque el público se identificó plenamente con el repertorio y aprobó el espectáculo en todos sus ángulos. Para este concierto fueron contratados los servicios de tres arreglistas nacionales de gran currículo en el arte de la orquestación: Napoleón Zapata, Mario Alvarez y Bernardo Quesada. Lástima que en el programa de mano no se especificó a quien pertenecían los arreglos de cada pieza, siendo este uno de los atractivos de la producción. Es patente que el público nacional está aprendiendo a escuchar la música de caracter popular en una faceta de mayor elaboración y compromiso musical. En este sentido, las canciones de Abracadabra elevaron su rating hacia otra dignidad musical y Kapusta me sorprendió por su ajuste con la métrica de los nuevos arreglos. Su afinación resulto aceptable frente a un cuerpo instrumental de dimensiones extremas con respecto a su experiencia con el cuarteto argentino y sus presentaciones en solitario. Kapusta goza, además, de buena presencia escénica y transmite una cierta simpatía natural. Entre los nuevos arreglos me llamaron la atención sobre todo los de Quédate, Son tantas noches, Ayúdame a olvidar y Qué haría yo sin ti, estos definitivamente favorecieron el carácter sentimental de las piezas. En la interpretación, Kapusta fue fiel a la esencia de sus propias canciones, aunque en el bolero Júrame (María Grever) evidenció un desconocimiento de las cadencias profundas e íntimas del género; aquí su interpretación me resultó superficial, mientras que en El cuartito azul (Mariano Mores) obtuvo una mejor expresión. Estas canciones fueron las dos únicas externas al repertorio clásico del grupo Abracadabra y fueron el contrapunto en un programa que ya estaba resuelto, de antemano, en el ánimo del público que asistió.
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