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Domingo 31 de diciembre, 2006 |
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Otro cine por ahí... Algo pasó Con timidez, el cine de repertorio se asomó este año a ciertas salas, con algún atraso , pero con calidad en sus alforjas. El resto fue monocorde, al estilo Hollywood.Wílliam Venegas wvenegas@nacion.com Normalmente, un año siempre resulta parecido a otro cuando hablamos de cine. Esto sucede por la condición monocorde de la distribución y exhibición de filmes: la globalización, en cine, es tan falsa como la cola larga de un conejo. Lo cierto es que estamos umbilicalmente ligados al cine de Hollywood; este domina el mercado de manera monpólica. Por eso, en el 2006, de nuevo, las grandes ausencias fueron las cinematografías de otras latitudes. Lo peor es que, en tiempos de redes cibernéticas, con Internet, uno puede informarse bastante sobre el cine que sí se exhibe en otros sitios y, de una manera u otra, sabemos que países como Irán y China están haciendo cine de ese que, en verdad, es sétimo arte y no espectáculo industrial (cine/mercancía). Nuestro cine. En esta injusta distribución y exhibición de películas hay que lamentar, cómo no, el hecho de que el propio cine latinoamericano no llega a las salas del país. ¡Increíble! Los europeos ven más cine latinoamericano que los propios latinoamericanos. ¡Y eso que se está haciendo buen cine en algunos países nuestro-continentales! Crear es palabra de pase. Sin embargo, algo importante ha sucedido este año en Costa Rica. Es “algo” con nombres y apellidos. Primero, la Sala Garbo abandonó (por dicha) aquel rostro erótico/violento/comercial que tuvo antes y volvió a optar por cine de repertorio. Cierto, es cine que llega con algún atraso con respecto al año de filmación; pero qué importa: “Nunca es tarde cuando la dicha llega”. Por eso, vimos un peliculón de alto contenido humanista y de gran fuerza creativa, como lo es El regreso (2003) filme ruso del director Andréi Zvyágintsev. Esencia de lo humano: el drama es poesía. Por otro lado. En el mismo sentido, por aceptable terquedad de Luis Carcheri, gerente de la empresa distribuidora Romaly, se ha traído cine alternativo a una de las salas del American Outlet Mall. Cine tan diferente y bueno como lo es la cinta uruguaya Whisky (2004), entre otras, dirigida por los jóvenes cineastas Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella (quien se suicidó poco después del estreno del filme). Ternura y sencillez en cine/arte. Timidez. También la empresa Cinépolis ha incursionado en ese concepto de traer buenos largometrajes, aunque con atraso de fecha. Incluso, abrieron un programa en el que devuelven el tiquete al espectador que no guste del filme. Es un sello de calidad garantizada. En el 2006, ese plan fue algo tímido, pero según Ignacio Rodríguez, de Cinépolis, habrá más empuje para el 2007. Lo cierto es que, gracias a títulos “con atraso”, poco a poco hemos visto más cine muy bueno y de otras cinematografías. Es el gran cambio en el 2006. Si ustedes ven los recuadros adjuntos con las escogencias de los críticos de cine, verán títulos que posiblemente no habrían venido en otras circunstacias. A los citados ahí, podemos añadir filmes como El papalote (Líbano), Respiro (Italia), La princesa masái (Alemania), El mercader de Venecia, Hotel Rwanda, El secreto de Vera Drake (las tres del Reino Unido). Comedias y... El drama, el melodrama y el thriller han tenido un buen año; sin embargo, para la comedia, el cine animado y el terror este ha sido un año errático, herrumbroso y de puro cacareo publicitario. Claro que hablamos de lo que llega de Hollywood, porque ahí están convencidos de que la estupidez es vendible en cine con humor para hienas (solo ellas ríen ante esas comedias). La animación por computadora, con grandes adelantos tecnológicos, se queda en cierto fetichismo por la imagen, porque los guiones son como elotes sin maíz. Realmente, este año solo se salvan las películas Cars y Lo que el agua se llevó. El montón restante que llegó es solo eso: montón. Directores. Filmes como Miami Vice, de acción, demuestran que un buen director lo es con cualquier filme: Michael Mann. Vemos que Martin Scorsese se dona con habilidad a la gran industria: Los infiltrados. Por su parte, Oliver Stone prefirió esconder su lado contestatario con un filme bien realizado: Las Torres Gemelas. Por contra, Steven Spielberg se politizó bien con Munich . Pedro Almodóvar sigue fiel con el melodrama: Volver. Bryan Singer salió avante con Supermán regresa. Night Shyamalan hizo viaje al fondo de la leyenda: La dama en el agua. Woody Allen cambia sus registros, ahora en Inglaterra: Match Point. ¡Esa actuación! De este año, es inolvidable la actuación de Philip Seymour Hoffman en la cinta Capote, como Truman Capote precisamente. Soberbia y vulneralidad nunca se han conjugado tan bien en una sola actuación. Los trabajos de Penélope Cruz y de Imelda Stauton son sobresalientes en Volver y en El secreto de Vera Drake. Este año tuvo la dignidad de dos documentales con coraje: La marcha de los pingüinos y La verdad incómoda. Del resto, mucho es olvidable y mucho es prescindible. Otro tanto es reciclable.
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