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Jueves 28 de diciembre, 2006 |
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Cuerdas, vientos, teclas y voces del 2006 Un recuento de los principales conciertos de música culta y espectáculos líricos según sonaron a los oídos del crítico de La NaciónAndrés Sáenz asaenz@nacion.com La aparición de dos nuevas entidades privadas dedicadas al fomento de la ópera y el arte lírico; la continuada excelencia del rendimiento global de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), pese a ocasionales traspiés; la persistente buena calidad de festivales establecidos; la actividad constante de agrupaciones de cámara, atestiguaron del lozano estado de la música de arte en el país durante el año 2006. La OSN. El sonido de la orquesta bajo la batuta del director titular, Chosei Komatsu, en varios de los primeros conciertos de la temporada oficial celebrada en el Teatro Nacional, no alcanzó el brillo y tersura acostumbrados. Sin embargo, ese problema no se presentó con los directores invitados, ni, tampoco, en las últimas prestaciones del conjunto y el titular.
Entre los directores invitados cabe destacar la interpretación del británico Michael Lankester de Preludio a la siesta de un fauno, de Debussy, y de la Suite Dafnis y Cloe N° 2, de Ravel; la versión del nicaragüense Giancarlo Guerrero de la Quinta Sinfonía, de Prokófiev; la ejecución del húngaro-israelí Ferenc Gabor de la sinfonía Matías, el pintor, de Hindemith, y en especial, la lectura del estadounidense John Nelson de las Cuatro piezas sacras, de Verdi, con participación del Coro Sinfónico Nacional, y de la Sinfonía italiana, de Mendelssohn. En los conciertos dirigidos por Komatsu sobresalieron sus ejecuciones de la Sinfonía fantástica, de Berlioz, y de la Quinta sinfonía, de Shostakóvich. De los solistas se distinguieron los costarricenses Sergio Sandí, en piano, y Luis Miguel Araya, en trompeta; aquél en la Rapsodia sobre un tema de Paganini, de Rajmáninov; este, en el Concierto en mi menor, de Haydn; además, en especial tuvieron un desempeño destacado el violonchelista austriaco Bernhard Naoki-Hedenborg, con el Concierto N° 2, de Shostakóvich, y la violinista japonesa Akiko Ono con la Fantasía escocesa, de Bruch. Ópera y lírica. La Compañía Lírica Nacional (OSN) no realizó ningún montaje integral durante el año y optó por dos programas antológicos consecutivos, que se presentaron en el Teatro Nacional en agosto, con las participaciones de cantantes nacionales y extranjeros. Las selecciones contaron con la dirección escénica de Matthew Lata y la musical de Douglas Fisher, al frente de la OSN.
En las presentaciones, descollaron las voces femeninas de la soprano argentina Fabiana Bravo y de las costarricenses Anayanci Quirós, soprano, y Raquel Ramírez, mezzosoprano, y las masculinas de los ticos Ernesto Rodríguez, tenor, Fitzgerald Ramos y Gustavo Hernández, barítonos. En setiembre, la agrupación Ópera de Cámara de Costa Rica escenificó La Zarzuela, III Gala Lírica, en el teatro Melico Salazar. Bien que la antología constó de números dispersos sin un eje unificador, se distinguieron las voces del español Andrés del Pino y del costarricense José Arturo Chacón, barítonos, y de las sopranos ticas Anayanci Quirós e Ivette Rojas. En mayo, esa misma entidad presentó el montaje de Don Giovanni, de Mozart, en el Auditorio Nacional. Aunque en el aspecto teatral la puesta me pareció defectuosa, debido a la dirección rudimentaria de Roger Brunyate y a los deficientes aspectos escenográficos, José Arturo Chacón encarnó al personaje epónimo con rotunda propiedad vocal e histriónica. Asimismo, Juan Manuel Arana dirigió la partitura con esmero y sensibilidad, y la orquesta, formada por músicos de la OSN, respondió de manera puntual.
En noviembre, la Asociación Pro-Lírica debutó como productora con el montaje de Don Pasquale, de Donizetti, presentado en el teatro Melico Salazar, con una dirección escénica confusa y antojadiza del argentino José Darío Innella. No obstante, la batuta experta del argentino Dante Ranieri, frente a una orquesta integrada por músicos de la OSN, salvó el espectáculo, que contó con las participaciones de los nacionales Enrique Granados, barítono, y María Marta López, soprano, como Don Pasquale y Norina, y los argentinos Fernando Grassi, barítono, y Pablo Gaeta, tenor, en los papeles del Doctor Malatesta y Ernesto. En octubre, la soprano costarricense Íride Martínez, quien prosigue una ascendente carrera artística en renombrados teatros de ópera europeos, ofreció un recital brillante en el Auditorio Nacional, acompañada al piano por su marido, Siegmund Weinmeister, con el fin de recaudar fondos para la fundación Jóvenes Cantantes M. P., que tiene como objetivo apoyar a vocalistas nacionales que demuestran talento promisorio y brindarles oportunidades de perfeccionar su formación profesional. En agosto, en el Melico Salazar, la escenificación de La fábula del bosque, de Mario Alfagüell, con base en el relato homónimo de Fernando Centeno Güell, suscitó la interrogante de si Alfagüell no será más bromista solapado que compositor incomprendido, pues la obra, que él llamó una ópera, pero que no cumple con los requisitos formales del género, careció de atractivo musical o dramático, a pesar del hermoso entorno escénico de la puesta de Luis Carlos Vásquez. El montaje fue auspiciado por la Universidad Nacional y en él se despilfarró una cantidad considerable de recursos monetarios y artísticos, que pudo haber tenido mejor provecho.
Festivales, efemérides y grupos de cámara. A fines de setiembre, en el Teatro Nacional, los renombrados guitarristas españoles Pepe y Celín Romero inauguraron el XIII Festival Internacional de Guitarra ante una concurrencia nutrida que los ovacionó a lo largo del recital. Ahí mismo se celebraron en agosto las funciones de gala del XVI Festival Internacional de Música Credomatic. En esta oportunidad, despuntaron los dos conciertos de la Camerata Klaipeda, de Lituania, y el único de los Jóvenes Chelistas de Berlín. En mayo, el V Seminario de Composición Musical, organizado por la Escuela de Artes Musicales de la Universidad de Costa Rica (EAM), culminó con el estreno, en el teatro Eugene O’Neill, de la Cantata Homenaje a Jorge Debravo, una ofrenda colectiva de cuatro relevantes compositores nacionales –Carlos Escalante, Carlos Castro, Eddie Mora y Alejandro Cardona–, a la memoria del egregio poeta costarricense, mediante la musicalización de algunos de sus versos. La interpretación estuvo a cargo del coro Café Chorale y del Ensamble Contemporáneo Universitario. En el transcurso del año, la EAM organizó, con el auspicio de la Embajada de Alemania, sendas series de recitales dedicados a la conmemoración del 250 aniversario del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart y los 150 años de la muerte de Robert Schumann, luminarias, en ese orden, del clasicismo y romanticismo en la tradición musical austro-germana. En las interpretaciones de obras de Schumann, sobresalieron el Ensamble de Cámara de la UCR con el Quinteto para cuerdas y piano; el tenor Juan Pablo Marín con el ciclo de canciones Dichterliebe ( Amor de poeta), y el oboísta José Ángel Ábrego en las Romanzas para oboe, acompañados por el pianista Gerardo Duarte, quien por igual acompañó a la soprano Zamira Barquero en otro ciclo cantado, Frauenliebe und –leben ( Amor y vida de mujer); también se lucieron los jóvenes Erasmo Solerti, violín, y Glenn Núñez, piano, en la Sonata en la menor, para esa combinación de instrumentos.
En la obras de Mozart, despuntaron el dúo Feterman en las Sonatas KV 358 y KV 521, para piano a cuatro manos, y Manuel Matarrita en la Sonata KV 457, para piano solo, y el Quinteto Miravalles, en transcripciones para quinteto de vientos de obras que el autor escribió para otras dotaciones. La música barroca se escuchó en conciertos en la EAM de la clavicembalista mexicana Patricia Castillo, en noviembre, y del Grupo de Música Antigua Ganassi, en abril, así como de la agrupación Syntagma Musicum, en noviembre, en el Centro Cultural de España. El galardonado Cuarteto de Cuerdas Voce, formado por jóvenes franceses, modeló lecturas maduras de obras de Haydn, Mozart y Ligeti, en un concurrido concierto celebrado a fines de noviembre en la iglesia de San Rafael de Escazú, con el auspicio de la Embajada de Francia y la Alianza Francesa. |
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