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Éragon. Dragones, caballeros, druidas y malvados en leyenda. Discine para LN |
Crítica de cine: Jinete de dragones Éragon: El poder de la leyenda
William Venegas
wvenegas@nacion.com
El estreno reciente de la película Éragon (2006), dirigida por Stefen Fangmeier, no nos debe llevar a dos errores comunes al juzgarla: no debe compararse con la pieza literaria ni tampoco con películas similares.
Si bien se basa en una trilogía titulada El legado, escrita por Christopher Paolini, tanto el filme como la obra literaria tienen sus propias sintaxis. Son gramáticas que no aceptan comparación.
Por eso, no hay que hacer caso del enojo de los lectores fieles de la novela, quienes se sienten frustrados ante la versión cinematográfica y engañados por ella. Tampoco hay que prestar oídos a quienes comparan esta película con una trilogía eximia como la de El señor de los anillos (de Peter Jackson).
Cada filme se analiza y se degusta a partir de su propia estructura, de su propio estilo, de su propio contenido, de su propia coherencia y de su propio imaginario. El adjetivo “propio” lo hemos repetido para insistir en el carácter particular de cada obra, en este caso, de cada película.
Éragon, el filme, no es obra maestra, ni mucho menos. Es largometraje aceptable como aventura dentro de lo real/fantástico, especie de relato juvenil para avivar el rostro más ilusorio o quimérico del mito, dentro del poder seductor de la leyenda.
Visto así, es largometraje agradable, aunque nos parezca ya visto antes. Esto es menos grave que repetirse a sí mismo por secuencias y, lamentablemente, así le sucede a esta cinta. Aquí está su talón débil, como lo puede ser el comején en la madera del arca de Noé.
Aun así, insistimos, es película agradable y, en términos generales, de factura correcta (bien hecha). Tal vez no sea una joya pura, pero es buena imitación, como esas gemas artificiales de óxido de circonio, simuladoras del diamante: las circonitas. Tal vez no sea casimir inglés, pero es tela que asienta bien.
Hay un bien logrado comienzo y es inolvidable el nacimiento del dragón hembra: la dragona Zafira. Hay un ejemplar manejo del paisaje, desde planos medios a distintos planos generales. Tiene una solvente descripción de personajes y sobresalientes efectos especiales.
Bien sabemos que actores como Jeremy Irons, John Malkovich y Robert Carlyle son capaces de darle fuerza dramática a cualquier película, igual lo logra la joven actriz Sienna Guillory. El problema es el actor Edward Speleers, más inexpresivo que la propia dragona que él monta como caballero mítico. Este actor no pasa de ser un joven guapo, punto. ¿Cómo lo fueron a escoger?
A esta película le faltó más afán de excelencia, la tenía a mano y la dejó ir, por eso es producto discreto. Sin embargo, entretiene más de lo esperado, le gusta al público en general y atrae como propuesta escénica. De ninguna manera es despreciable y bien puede ser recomendada.
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ÉRAGON
• ( ERAGON)
EE.UU., 2006
GÉNERO: Fantástico.
DIRECCIÓN: Stefen Fangmeier.
ELENCO: Edward Speleers, Jeremy Irons, Sienna Guillory.
DURACIÓN: 104 minutos.
CINES: Cinépolis, Multicines, Cinemark, CCM.
CALIFICACIÓN: 7.
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