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Lunes 18 de diciembre, 2006

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Imagen.El príncipe Carlos y su segunda esposa, Camilla Parker, asistieron a la reciente graduación del Príncipe Guillermo. AP
Monarquía:

Realeza, antes y después de Diana

Análisis: La muerte de Diana de Gales fue un catalizador del cambio que modernizó a la conservadora monarquía británica


Londres. EFE La muerte de la princesa Diana de Gales puso contra las cuerdas a la anticuada monarquía británica, que no tuvo más remedio que ponerse al día ante el clamor de un pueblo indignado con la fría reacción de la familia real.

La tragedia de su muerte dio rienda suelta a diversas conjeturas sobre una posible conspiración, que fueron rechazadas recientemente por el excomisario jefe de Scotland Yard, John Stevens, a cargo de la investigación policial británica, quien confirmó que fue un “trágico accidente” la causa de la muerte de la princesa y su compañero sentimental, Dodi Al Fayed.

El 31 de agosto de 1997 saltó una noticia que hizo tambalearse los pilares del Palacio de Buckingham: Lady Di, exesposa de Carlos de Inglaterra, había fallecido en un trágico accidente en París.

El Reino Unido, conmocionado por la pérdida de su princesa favorita, se sumió en un duelo colectivo, mientras la familia real se refugió, impertérrita, en el castillo escocés de Balmoral. La frialdad de la reina Isabel II y su familia ante la tragedia enfureció al pueblo que, desde la muerte de Churchill, no había exteriorizado sus sentimientos.

La monarquía quedó al borde del abismo, en una crisis sin precedentes desde la abdicación del rey Eduardo VIII (1894-1972), en 1936. Los tiempos pedían a gritos un cambio de imagen, un estilo más llano, y el Palacio de Buckingham se apresuró a nombrar un nuevo secretario de comunicación, Simon Lewis, encargado de modernizar y recuperar para la familia real la estima del pueblo británico.

En ese intento de acercarse a los mortales, la propia reina visitó por primera vez un pub, en 1998, cuando se presentó en el establecimiento con abrigo, bolso, sombrero y guantes y pidió una pinta de cerveza, aunque nadie la viera beber ni un solo sorbo. De igual manera, los ciudadanos pueden acceder al portal que el Palacio de Buckingham abrió en la red. Asímismo, Isabel II jubiló el costoso yate real Britannia y recortó los gastos en viajes y mantenimiento de los palacios reales. También agradó a los británicos la decisión de abrir el Palacio de Buckingham a un histórico concierto de rock, en el 2002, que arrancó con el guitarrista Brian May, del grupo Queen, interpretando en la azotea el himno nacional.

Pero si alguien se ha beneficiado de esta mercadotecnia real fue el príncipe Carlos, visto como un villano cuando el pueblo británico culpó a su eterna novia y ahora esposa, Camilla Parker, del fracaso de su matrimonio con Diana.

El esfuerzo del heredero al trono por ganarse a la opinión pública ha dado sus frutos, ya que los británicos aprobaron finalmente su boda con Camilla el pasado año, si bien aún rechazan la idea de que ella se convierta algún día en reina.

También han aportado frescura a la monarquía los dos hijos de Carlos y Diana: los príncipes Guillermo, de 24 años, y Enrique, de 21, que provocan más de un suspiro entre las chicas de este país.



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