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Lunes 11 de diciembre, 2006 |
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Crítica de cine Crítica de cine: Baile nada más Pingüino: Cine animado mediocreWilliam Venegas wvenegas@nacion.com Uno se extraña, de verdad, porque el comienzo del cine de animación por computadora fue bueno. Hay suficientes títulos para demostrarlo y ustedes recordarán algunos. Era la competencia con los dibujos animados y había que cumplir bien. Ahora que el dibujo ha sido prácticamente desplazado, los animados por computadora llegan en serie, pero no en serio. Un filme más en esa saga de lo mismo, con logros formales y sin ningún interés por estructurar una buena trama es este que se exhibe ahora con el título de Happy Feet, el pingüino (2006), con una duración que se hizo eterna. Uno esperaba más de la cinta, porque los avances han sido muy buenos, mejores que el largometraje propiamente dicho. También por la presencia del director George Miller, igualmente coguionista, de quien recordamos títulos como Mad Max (1979 y 1985), director ausente desde hace como nueve años, después de fracasar económicamente con la aventura del cerdito Babe en la ciudad (1998). Sin embargo, este filme apingüinado no pasa de ser la historia más insulsa que se haya hecho con pingüinos. Se trata de una comunidad pingüinera, llena de tales aves caradriformes, cuyo nombre llega al español por la ruta del francés. En esa colectividad, lo más importante para tener la personalidad de un pingüino emperador es cantar, ¡y hacerlo de la mejor manera! Sin embargo, el pingüino llamado Mumble nace con otro don: el de bailar como nadie, pero no canta nada, si lo hace es como una corneta chocha. Él es diferente en un grupo social que, como el nuestro, es poco dado a respetar diferencias. Por eso, Mumble debe irse, alejarse de los suyos. Por supuesto que luego vendrán aventuras, deshilachadas entre sí, que le permitirán a Mumble convertirse en el héroe de los pingüinos, por lo que todos terminarán bailando a su estilo. Estas secuencias de los bailes son las mejores del filme, por lúdicas, creativas y seductoras. El resto de la trama se presenta totalmente desarticulado, pero no creemos que los niños se preocupen por esto. Los personajes no están bien diseñados ni tampoco bien logrados digitalmente, pero tampoco creemos que esto moleste a los niños. El desarrollo de las aventuras de Mumble es absolutamente irregular, porque el filme pasa de musical a divertimento, de aquí a fábula moralizante, luego salta a la acción o a la sensiblería melodramática, para terminar como texto ecológico y sociológico. Mejor digamos que es un arroz con mango. La hipermovilidad de imágenes no es la más aconsejable, sobre todo así como se nos presenta: tan injustificada. Que los niños disfruten de esta película no significa que sea buena, tampoco que sea mala. Por nuestra parte, está en el justo centro de uno a diez: un 5 de calificación.
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