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Lunes 11 de diciembre, 2006

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Morgan Freeman con Paz Vega.NYT/Thinkfilm.

Personaje: Morgan Freeman no se retira

El Dios de Evan Almighty dejó la Fuerza Aérea para dedicarse a la actuación, profesión que a sus 69 años continúa siendo su gran y única pasión en la vida.

Cindy Pearlman

The New York Times Syndicate.

“Todo mundo me pregunta qué se siente cumplir 70 años” dice riendo el actor galardonado con el Oscar. “Y yo les respondo: ¿Cómo diablos lo voy a saber? ¿Qué se supone que debo de sentir al cumplir esa edad? ¿Hay un manual?”.

Hasta ahora, agrega entrevistado por teléfono desde su oficina en Los Angeles, no ha tenido dolores o achaques, no tiene problemas para raspar su amado bote los fines de semana y definitivamente no piensa en retirarse.

“Estoy en la edad en que ya podría cobrar seguro social, pero eso no es lo que yo quiero de la vida”, dice Freeman. “Creo que, a esta edad, el objetivo es no retirarse de la vida. Por eso es que tengo que actuar ... no siento pasión por ninguna otra cosa en la vida”.

Ciertamente, Freeman no da señales de llevársela fácil. Estelariza 10 Items or Less, que se estrenó en Estados Unidos el 1 de diciembre y debutará en cstar.com dos semanas después, además de haber sido productor ejecutivo del filme. Y recientemente acabó de repetir su actuación como Dios en Evan Almighty, continuación de su exitosa Bruce Almighty.

“Se siente bien interpretar a Dios”, aseguró el carismático actor. “Tuve algunas turbaciones, pues en realidad ese papel no se puede hacer bien o mal”.

Y no, no se lleva consigo el personaje a casa. “Nunca he sido el jefe en la casa”, dice Freeman, riendo. “Y en especial cuando interpreto a Dios en una película, no voy a ser el jefe en la casa. De ningún modo va a ocurrir eso”.

Su personaje de 10 Items or Less es un poco menos grandioso: Freeman interpreta a una estrella de Hollywood que, al estudiar para un papel, conoce a una joven y enérgica empleada de supermercado llamada Scarlet (Paz Vega) en un barrio hispano de Los Angeles.

El actor, al que sólo llaman “él”, como cuando le preguntan: “Oye, ¿tú eres él?”, está obsesionado con su miedo al fracaso y la idea de que su carrera pueda estar en declive. Pero adopta una perspectiva diferente cuando, acompañado por Scarlet, realiza un recorrido improvisado por la zona metropolitana de Los Angeles.

“El hombre que interpreto entra en una tienda, ” explica Freeman. “Observa a su alrededor y nota a esa mujer. Ella parece muy llena de vida y terminan pasando juntos una tarde muy especial, hablando de la vida”.

La película, escrita y dirigida por Brad Silberling, tiene muchas resonancias en su propia vida, agrega Freeman.

“Lo que le sucede a ese actor es lo que le ocurre a todos nosotros en este negocio”, dice. “Tenemos periodos de fiesta y abundancia y después todo se agota gradualmente. En realidad estamos esperando hacer algo bueno. Y antes de que nos demos cuenta, ya han pasado varios años y nos damos cuenta de que hemos estado viviendo en ese extraño limbo”.

Freeman, que trabaja constantemente en grandes películas de Hollywood, no parecería vulnerable a tales preocupaciones, pero asegura que sí las tiene.

“No doy nada por sentado,” afirma. “No soy de los que se ven en el espejo y dicen: Ya la hice. Ese es uno de los peores crímenes que pueden cometerse en esta vida. Cuando pensamos que ya la hicimos, algo sucede que nos recuerda que la vida en realidad es toda una lucha continua”.

Aún a sus 69 años, Freeman dice que la actuación sigue llena de desafíos. “Ni siquiera le he arañado la superficie,” admite. “Hay muchas cosas grandes que no he tocado. Por ejemplo, soy un gran admirador de las películas de vaqueros y no he hecho una definitiva. Ahí hay muchas historias que contar”.

Nacido en Memphis, Freeman se desempeñó como mecánico de la Fuerza Aérea de 1955 a 1959, después de haberse enrolado con la idea de volar jets.

“Después llegó el momento en que tenía que tomar la decisión definitiva de quedarme en la Fuerza Aérea para siempre o hacer otra cosa” recuerda. “Un día llegué al avión y algo me sucedió. Fue la epifanía de mi vida: algo en mí me dijo: Esto no es lo tuyo”.

Parte del problema fue que no se veía a sí mismo peleando en una guerra. “La guerra es una locura,” asegura, “y yo no estoy loco”.

Además, él ya tenía una idea de lo que podría ser ese esquivo “eso”.

“Tenía el deseo de hacer películas,” precisa. “Y no me pregunte de dónde me vino eso, aparte de mi amor por ir al cine”.

Terminado su paso por la Fuerza Aérea, él se dirigió a California, donde realizó una ceremonia personal. “Estaba vestido de civil,” recuerda. “Tenía mi uniforme en una bolsa y lo tiré en la basura. Fue como decirle Adiós y buena suerte a esa parte de mi vida”.

Sin embargo, hacer películas no era tan fácil y, en un principio, Freeman tuvo que recurrir a un trabajo de mecanógrafo para mantener unidos cuerpo y alma.

“Tuve épocas difíciles,” dice, “pero decidí no rendirme nunca. Cada vez que llegaba al punto en que estaba totalmente en bancarrota, algo me llegaba. La cosa era que yo sobrevivía. Si no nos rendimos, siempre nos llega algo para ayudarnos a sobrevivir”.

Una de esas oportunidades le llegó en forma de un trabajo en el programa infantil The Electric Company (1971-1977), interpretando a varios personajes, como Easy Reader, Mel Mounds y Count Dracula. También interpretó al doctor Roy Bingham en Another World (entre los años 1982-1984).

El papel que constituyó su gran oportunidad fue el del estafador Fast Black en Street Smart (1987), el cual le valió su primera nominación al Oscar como Mejor actor de reparto. La segunda, como Mejor actor, fue por su memorable papel por Driving Miss Daisy (1989), que lo colocó en la imaginación popular, hasta la fecha, como una figura de tranquila y sufrida nobleza.

“Nunca olvidaré cuando leí la sinopsis de un párrafo de Driving Miss Daisy. Eso fue antes de que se presentara en el teatro,” recuerda. “Para cuando supe de la versión para cine, yo ya estaba más que preparado para ella. Pero no tenía idea de que me fueran a llamar para hacerla. Fue cosa simplemente de haber tenido muy buena suerte”.

“Soy un tipo afortunado, pues esos papeles fácilmente hubieran podido quedar en alguien más”.

Otro de sus papeles legendarios, y otra nominación al Oscar, le llegó con la oportunidad de interpretar al ladino convicto Ellis Boyd Red Redding en The Shawshank Redemption (1994).

“No tenía idea de que la película llegaría a convertirse en un clásico”, asegura Freeman. “Nunca se sabe. No sabemos cómo le resultará una película a la gente hasta que llega a los cines”.

“Puedo decir que esa película fue muy especial para mí”, agrega. “Fue una de esas situaciones en las que leí algo como Shawshank y literalmente toqué madera. Ni siquiera tenía que hacer el papel de Red ... yo le dije a mi agente que haría absolutamente cualquiera de los tipos de la película”.

Después de cuatro nominaciones al Oscar y numerosas interpretaciones también dignas de un premio, Freeman finalmente se llevó el premio de la Academia como Mejor actor de reparto por su actuación como el cascarrabias entrenador Eddie “ Scrap-Iron” Dupris en Million Dollar Baby.

“Yo solía decir que ganar un Oscar era la máxima experiencia de la vida,” dice el actor.

“Conforme pasó el año después de ganar el Oscar, empecé a cuestionar el concepto mismo de los premios a la actuación. ¿Qué significa que nos llamen el mejor actor en algo que en realidad es un trabajo de equipo? Sí me gustó cuando dijeron mi nombre,” admite. “¡Vaya momento! Pero no me vuelve loco la idea”.

A continuación, para Freeman está The Bucket List, de Rob Reiner, una comedia de título extraño estelarizada también por Jack Nicholson.

En el filme “somos dos viejos que se están muriendo de cáncer,” explica Freeman, “así que nos dedicamos a hacer cosas que queríamos hacer antes de estirar la pata”.



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