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Domingo 3 de diciembre, 2006 |
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A viva voz: María Montero mmontero@nacion.com Obituarios. Ana Reston era brasileña y modelo, medía 1,74 de altura, tenía 21 años y pesaba 40 kilos. Su enfermedad la mató el pasado 14 de noviembre. Jamás la conocí, pero sé que Ana, que comenzó su carrera a los 13 años, estaba en la fase terminal de la anorexia pues pensaba que tenía rollitos en la cintura, tal y como lo contó su mamá a la BBC. Marcha fúnebre. Carla Sobrado Cassalle estudiaba para ser modelo; también era brasileña; también sufría de anorexia; también tenía 21 años; también murió: dos días después de Ana. Mía. Caro era mi amiga, tenía 23 años, la vitalidad de una catarata y las manos más privilegiadas del Universo, capaces de bordar los secretos de la luz en un pedazo de basura. Caro no era modelo, pero murió dos días después que la última víctima brasileña, también asfixiada por el dolor insoportable de una enfermedad mental que se manifiesta en forma de trastorno alimenticio. Amor. Su novio, también amigo mío, me dijo: Un trastorno alimenticio es una enfermedad mental. No es una vanidad, pero desde el momento en que el cuerpo de una mujer es de dominio público sobre el que cualquiera puede opinar, la sociedad ayuda a que estas enfermedades sigan existiendo. Cita textual. “La dictadura de la imagen tiene excluidas a las que no son saludables, las que son gordas, las que son gorditas y las que se lastiman en el intento de ser flacas, las que aceptan la violencia de la imagen y se violentan a sí mismas con tal de verse como les gustaría que las vieran. Tan delgadas que la violencia contra ellas se hace invisible, como sus cuerpos pretenden. Pero cuando su anorexia estalla en tragedia, como en los casos de las dos modelos brasileñas que fallecieron la semana pasada por trastornos de la alimentación (...) los medios las muestran como anti-modelos”. (Suplemento Las 12, Página 12, 24-11-2006, Argentina). Voceros. La industria de la anorexia se alimenta de la ignorancia y, por supuesto, como toda industria millonaria, tiene a sus incondicionales, como la señora Victoria Beckham, que vive intoxicada de frivolidad. No sé si moda, modelos y anorexia van de la mano, pero los rigores de esta profesión... ¿profesión? (he aquí otro tema debate) suscriben los requisitos básicos de una enfermedad que es mortal. Cretino. El diseñador alemán Karl Lagerfeld, padre de Chanel y Fendi (el mismo que se atrevió a llamar “vaca alemana” a Claudia Schiffer) salió a defender las raquíticas osamentas de su lucro, diciendo que las modelos demasiado delgadas no debían abandonar las pasarelas (en vista de lo sucedido en Madrid, donde la edición de la Pasarela Cibeles se convirtió en Clínica Cibeles). ¡Ay! Lagerfeld enloqueció cuando se enteró de que H&M, el emporio sueco de ropa económica, había confeccionado su colección en tallas por encima de la 38.
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