![]() |
| • Portada • Espectáculos • Además | ||
|
|
Domingo 20 de agosto, 2006 |
||||||||||||||||||
Crítica de danza: Emociones danzadas » Nuevas imágenes para un mismo temaMarta Ávila iceagqa@racsa.co.cr Danza Universitaria es una de las agrupaciones profesionales de mayor trayectoria en el medio local, especialmente porque se acerca a sus tres décadas de funcionamiento con un estilo de trabajo consolidado. Uno de los factores que contribuyó en este sentido ha sido la presencia, durante casi 30 años, de un solo director artístico. La particularidad de la primera temporada de Danza Universitaria es que Rogelio López ya no figura como director, después de haberlo sido por 28 años. A partir de este espectáculo, la conducción de la compañía la asume Luis Piedra. Por lo tanto, esta será una de las últimas puestas en escena de López con el elenco que él fundó. Con su nueva obra Amorosamente: Los amorosos, López retomó uno de sus temas recurrentes: las relaciones de pareja. El autor ilustra una vez más la difícil tarea para el ser humano de llegar a conseguir la felicidad con otra persona. Este tema se ha visto como eje de obras emblemáticas de finales de los años setenta como Tiempos, y otras más de los ochenta tituladas Gentes, o Juan Juan, María María. En estas décadas de trabajo, el autor habló de las relaciones heterosexuales y ahora lo hace incluyendo las homosexuales. Sin embargo, un tema tan tratado parece no acabarse en las manos de este coreógrafo. Si bien es cierto esta coreografía tiene su antecedente en Los amorosos, estrenada el año anterior en el Festival de Coreógrafos, López, como es usual en su producción, la rehace y la enriquece. De la primera versión solo quedan las partes musicales, ya que esta vez renueva el lenguaje, perfila más los personajes y los lleva a situaciones límite. Ejemplo de lo anteriores la destacada participación de las bailarinas Verónica Monestel y Hazel González. Lo mismo sucede en el tratamiento del primer dúo masculino (Mainor Gutiérrez y Gustavo Hernández ). En ellos se vio buena ejecución y madurez escénica. Otro elemento que renueva el montaje es la fotografía de Natalie Guillernard. Estas imágenes fijas enmarcaron los movimientos sin competir con el contenido de la coreografía. Quizá la voz en off del poema de Jaime Sabines debería estar más intervenido desde el principio para no ser tan fuerte. Sin duda, con Amorosamente: Los amorosos, López se despide de su público que lo acompañó por tantos años y lo hace con el fragmento final ( Et maintenant), interpretado por Charles Aznavour, en el que resumió su danza de emociones construida de cuerpos que abren sus entrañas para bailar de un modo apasionado que no es muy común, ni aquí ni en muchos escenarios foráneos. La fuerza con que esos siete bailarines interpretaron este unísono valió el boleto. El autor deja una agrupación demostrando que domina el oficio de componer danzas. Para la segunda parte de la noche se repuso la coreografía de Hazel González, Amores difíciles, ganadora del premio 2005 como mejor obra, la cual estuvo bien bailada. No obstante, el orden del programa fue un gran error, toda vez que la propuesta de López resultó más fuerte y la lectura del trabajo de González se hizo difícil después del derroche de pasión que se dio en Amorosamente: Los amorosos.
|
|||||||||||||||||||
|
© 2006. LA NACION S.A. El contenido de nacion.com no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito del Grupo Nación GN S.A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com |