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Domingo 20 de agosto, 2006 |
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A viva voz Víctor Fernández G. vfernandez@nacion.com El ciempiés.Que las mujeres son amantes de los zapatos no es ningún secreto. Si pudieran ponerse todos los pares al mismo tiempo, de seguro hablaríamos de criaturas con al menos una docena de extremidades. Sin embargo, hay casos en que la dama terminaría pareciéndose a un ciempiés de tanto calzado acumulado en su closet. Sino que lo diga Lynda Díaz. Opulencia.Días atrás En vivo -versión diaria de 7 Estrellas- nos permitió fisgonear dentro del enorme closet de la señora Díaz. En medio de aquel despliegue de opulencia, doña Lynda mostró su gran colección de sandalias, la cual sobrepasaba los 250 pares (y sin contar zapatos cerrados, botas y ¿chancletas Kam-Lun?). Ante aquella demostración de vida "austera", es difícil no acordarse de Imelda Marcos. Reina. Imelda Marcos -infame ex-Primera Dama de Filipinas- será recordada no solo por su gigantesco ego y vanidad, sino también por su absurda colección de zapatos, cercana a los 3.000 pares (tamaño 8 y 1/2, por aquello del vinazo). Claro, la diferencia entre Lynda e Imelda no es solo de unos cuantos miles de "cachos", sino que los de la señora filipina eran financiados con fondos públicos, mientras que a Lynda (la misma que años atrás modeló en los videos de Raúl Villalta) la zapateada se la regala su millonario esposo... y con todo derecho. Necesidad. Nadie le niega a los millonarios el derecho (y permiso) de gastar la plata que les abunda en lo que les dé la gana o en aquello que creen que necesitan, por enfermizo que parezca el que alguien "necesite" un par de zapatos distinto para cada día del año. Bien que se penquearon (en buena teoría) para vivir en la opulencia. Los Gates. Sin embargo, pareciera que no todos los millonarios piensan solo en sí mismos. Como ejemplo tenemos casos como el de Bill Gates -quien sí puede rajar de tener plata, más que nadie en el planeta- y su esposa Melinda, quienes entendieron que ser los millonarios más grandes del mundo solo podía tener un objetivo: convertirse en los filántropos más grandes del mundo. Por medio de su fundación, los Gates han donado más de $24.000 millones para causas como la lucha contra la malaria y el sida en África. ¿Se imaginan la cantidad de zapatos y trajes de diseñador que se podría comprar con esa cantidad de dinero? Realidad. Ayer la portada de La Nación decía que 440.000 niños y adolescentes ticos viven en la pobreza. No estamos hablando de muchachos africanos, de gente lejana que solo sale en las noticias y documentales, sino de costarricenses jóvenes que no pueden aspirar a coleccionar zapatos, pues los más dichosos con costo tienen un par para no rajarse los pies con el áspero suelo. Ante tal realidad, cualquier información "periodística" sobre alguien cuyo modus vivendi es el shopping en Miami no puede ser menos que asquerosa. Necesidad. Decía Imelda Marcos que su vida de insoportable riqueza tenía una justificación: "ser la estrella de la gente pobre". Pareciera que en el caso tico, los medios de comunicación están empeñados en que doña Lynda sea el modelo aspiracional de los pobres del país. Solo de esa manera se entiende que haya periodistas que se maravillen ante desproporcionadas colecciones de ropa o fiestas de ensueño que cuestan millones en un país como el nuestro. Señores, esto no es Mónaco o Beverly Hills, donde el despilfarro es un deporte, sino una aldeita donde muchos no tienen ni medio zapato.
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