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Domingo 20 de agosto, 2006 |
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Crítica de música: Repertorio llamativo » Simpatía: Los músicos bálticos son afines a la música de Piazzolla.Andrés Sáenz asaenz@nacion.com Un programa atractivo y equilibrado de obras barrocas alemanas y contemporáneas argentinas presentó la Camerata Klaipeda, conjunto de cuerdas proveniente de Lituania que lleva el nombre actual de la antigua Memel, puerto del Mar Báltico. Fundada por el violinista lituano Vilhelmas Cepinskis, quien funge como director y solista, la agrupación reúne a jóvenes y talentosos intérpretes de los países bálticos (Lituania, Letonia, Estonia), legatarios de una añeja y aún floreciente tradición musical. Ejecuciones fluidas y espontáneas, precisión rítmica, sonido aterciopelado y ceñida ligazón instrumental distinguió el desempeño de la Camerata en el quinto concierto de gala del XVI Festival Internacional de Música Credomatic (FIM 2006), el jueves, en el Teatro Nacional. Georg Philipp Telemann (1681-1767) y Johann Sebastian Bach (1685-1750) eran coetáneos, pero, en su época, la fama de Telemann sobrepasó por mucho la de Bach. Con el tiempo, la situación se revirtió, bien que, a partir de la segunda mitad del siglo XX, con el creciente interés en la música barroca estimulado por la explosión discográfica, la prolífica producción de Telemann comenzó a escucharse con mayor frecuencia en la sala de conciertos. La Suite Don Quijote TWV 55 muestra el elaborado estilo francés ejercido por Telemann y consta de una obertura seguida de siete segmentos descriptivos, con toques humorísticos, de episodios de la novela de Cervantes. Fuera de lo común me pareció también el escogimiento del Concierto para violín y orquesta de cuerdas en re menor BWV 1052, de Bach, con Vilhelmas Cepinskis de solista, ya que se trata de una reconstrucción que él hizo del perdido original para violín, en el que Bach basó el concierto para clavicémbalo identificado con ese mismo número de catálogo.
En ambas piezas, los intérpretes siguieron la práctica introducida por la musicología moderna que privilegia los tiempos rápidos y evita el vibrato excesivo en la ejecución de la música barroca. Como solista en la obra de Bach, Cepinskis produjo una sonoridad lustrosa y afinada, sostenida por el trazo de arco seguro y la digitación exacta. Después del intermedio, las cualidades apuntadas adornaron las interpretaciones del solista y la Camerata en Las cuatro estaciones de Buenos Aires, de Astor Piazzolla (1921-1992), seguidas de Tango Ballet, del mismo compositor, arreglos idiomáticos e idóneos para violín y cuerdas de Cepinskis, que captaron la nostalgia astringente y sensual tan particular del ilustre argentino. Debe haber alguna propensión especial de los intérpretes bálticos hacia la música de Piazzolla, dadas las numerosas grabaciones y arreglos de sus obras realizadas por la Kremerata Báltica, conjunto de cuerdas fundado y dirigido por el célebre violinista Gidon Kremer, quizá también influencia de la honda afinidad artística y personal entre Kremer y la incomparable pianista argentina Martha Argerich. Si al final de la primera parte los aplausos habían sido nutridos, en la segunda la ovación se oyó estrepitosa, pese a que el público no era tan numeroso (¡los ausentes no saben lo que se perdieron!). Fuera de programa, el director y el conjunto accedieron con Tanti anni prima, arreglo para violín y cuerdas de Cepinskis del original para oboe y piano de Piazzolla. Sin embargo, las aclamaciones no se acallaron hasta que, en una graciosa humorada, mientras complacían con Momento musical, de Sviridov, la Camerata Klaipeda echó del escenario a su fundador, director y solista, Vilhelmas Cepinskis.
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