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Jueves 17 de agosto, 2006 |
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Emociones encontradas: Madres en prisión » La libertad y no la música era el verdadero regalo que esperaban ayer las mujeres recluidas en el Buen Pastor. Sin embargo, baile es baile. La Internacional Sonora Santanera estuvo con ellas.María Montero mmontero@nacion.com "¿A qué viene? ¿A alivianar el canazo?", le preguntó una mujer rodeada de mujeres a Carlos Ramos El Porcionzón. El comediante soltó una carcajada y siguió rumbo al micrófono, quizá más que agradecido por tener una anécdota fresquita con la cual dar inicio a su actuación. "¿Saben lo que me acaba de preguntar una meneca ?", dijo El Porcionzón cuando tuvo al público delante. Y así empezó la tarde. El conocido humorista fue ayer el encargado de abrir el regalo que la Internacional Sonora Santanera y el Grupo Omega le llevaron a todas las privadas de libertad de El Buen Pastor por el Día de la Madre. Bueno, casi a todas: las 15 "muchachas" del Ámbito F ("el de mayor contención del centro penal") se perdieron el concierto, según nos explicó una funcionaria, poco antes de que comenzara el baile. De las 520 mujeres que descuentan penas en El Buen Pastor, a la cita deben haber asistido unas 600, contando a las que -como yo- no tenían mayor vela en el entierro, salvo custodiar las emociones desbordadas, o describirlas. A las 2:25 de la tarde, la Sonora soltó uno sus clásicos y eso bastó para convertir al gimnasio de la cárcel en la mayor pista de baile de San Rafael Abajo de Desamparados. Con La Boa -ese temazo insuperable de los años 50- la veterana orquesta de México saludó a las mamás y las lanzó a todas -con hijos o sin ellos- a una emotiva carrera de relevos, en la que los esposos, novios, amantes, hijos, tíos, amigos y hasta enemigos sirvieron como perfectos compañeros de baile.
Alternativa.El problema de género tampoco fue un problema, y eso ya es bastante en un lugar donde - a todas luces- los problemas son un asunto rutinario. A falta de materia prima masculina, algunas echaron mano de la femenina, pues para lanzarse a pista se requiere, sobre todo, de un acompañante con espíritu. Perfume de gardenia tiene tu boca..., y aunque no era Javier Solís el que cantaba, el efecto conmovedor del bolero hizo que algunas -¿acaso la mayoría?- recordaran cómo, cuándo y por qué. "No puedo decir que estoy contenta", explicó una mujer mayor de buenos modos, exprofesora, que prefirió no revelar su nombre. "Más bien ahorita que usted me preguntó cómo me siento me dieron ganas de llorar. Estaba tratando de olvidarme de la realidad". Con 27 años y dos hijos pequeños lejos suyo, Noemi también estaba cabizbaja, aunque a sus ojos los delataba la chispa de la inteligencia. "Me he sentido muy triste. No he visto a los niños ni me los trajeron y por más fiesta que haya siempre siento un gran vacío. Son muchas las cosas que me hacen falta. A mí, la fiesta no me anima para nada", dijo. "Mi sentencia son cinco años y para no deprimirme lo que hago es que trabajo y estudio".
Una tras otra, las mujeres hacían sus relatos en primera persona. No hubo lágrimas (tampoco hacen falta para probar nada) como cuando Olga, una chica jovencísima de 19 años, se decidió a contar qué pensaba de la fiesta. "Estoy muy triste porque mi mamá está aquí conmigo, y ella está muy triste", dijo. "Tengo 10 meses de estar aquí y ella tiene 2 años y medio, y también mi otra hermana. La verdad es que después de estas fiestas me da mucha depresión porque yo quiero estar en la calle". Al grupo se unió Gidget, una mulata de 22 años y dos hijos pequeñitos. "Yo me siento más o menos: bien, porque estoy con salud y porque sé que mis hijos están bien, al menos el grande, porque al pequeño se me lo llevó el papá. Y mal porque todavía me falta como un año y medio para salir de aquí". La excepción fue Maribel Miralle Lewis, una de las bailarinas más entusiastas quien, después de 38 meses en la cárcel, cuenta sin desasosiego que aún le faltan tres años. "Me siento bien aunque no estoy a la par de mis hijos, que es el mayor deseo de una madre", dice. "¿Y cuántos hijos tiene?", le pregunto. "Tengo 10, y todavía tres de ellos son menores. Le doy gracias a Dios por ellos, aunque no pudieran venir. Quiero aprovechar y mandarle saludos a mi chiquito Jeffry, que se encuentra en La Reforma". No es tan difícil imaginar que, bajo el ambiente de fiesta, se escondía una procesión muy distinta. El repertorio de la Sonora se agotaría mucho antes que las historias de cada una, y así como sucede con las canciones de la orquesta, uno querría escucharlas todas. Testimonios "Tengo 41 años y cuatro hijos, dos menores de edad. Quiero decirles que los amo y que ya el otro año estaré con ellos" Elizabeth Garro Brenes "Tengo nueve meses de estar aquí y me siento "agüevada" porque no tengo la libertad ni a mi hija. No tengo a dónde ir". Evelyn Poveda, 21 años, exadicta "Estoy muy triste. Tengo nueve años de estar aquí y mis tres hijos están solos. Dejé de ver al menor cuando tenía 5 años. Mercedes Arauz, costurera |
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