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Miércoles 16 de agosto, 2006 |
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Hermanos Mejía cantan juntos » Perrozompopo y Luis Enrique cantan juntos, viernes y sábado, en el bar Jazz Café, en San Pedro.Alberto Zúñiga betofono65@gmail.com Según la jerga popular nicaragüense, "romper los fuegos", es prender la pólvora. Bueno, ahí está, no puede estar más claro. El encuentro entre los hermanos Ramón Mejía (conocido como Perrozompopo, que es también el nombre de su grupo) y Luis Enrique (el salsero), en el escenario del bar Jazz Café, será todo un polvorín, una pirotecnia de música y letras, muchas de ellas ya con nido en los corazones ticos. Este inusual encuentro se dará este viernes y sábado gracias a la iniciativa de la gente de Jazz Café, que como ya es habitual en su cartelera, gusta de ofrecer a sus clientes espectáculos de gran valía en el terreno internacional. La idea de unir a estos dos cantautores nicaragüenses no solamente es novedosa sino que promete ser reveladora e intensa dado el estilo personal de cada uno de estos dos hermanos. Historia en familia.Estos dos hermanos, nacidos en el seno de la poderosa dinastía musical de los Mejía, no crecieron juntos por azares de la vida y fue el tiempo y el canto el que los unió en su natal Managua. Esto sucedió en 1992, cuando Luis Enrique ya había gozado de las mieles del éxito internacional a través de su salsa y de su grito de guerra: ¡Dile sí a la vida! El que fuera llamado el Príncipe de la Salsa tuvo un corto reinado en el mundo de la música popular bailable y desde la ciudad de Miami, donde sigue viviendo y donde produjo su último disco, Dentro y fuera, ya está inmerso en la producción del siguiente.
Son casi diez años de diferencia los que separan a estos dos "broders" pinoleros. Luis Enrique tiene 43 y Ramón ( Perro, con cariño entre sus amigos y amigas ticos) tiene 34. Ninguno aparenta la edad que tiene y ninguno aparenta lo que no tiene. Así son, directos, al grano, sin tapujos ni doble rostro y es lo que se les siente cuando cantan lo suyo. Luis Enrique ya nos había sorprendido con su participación en un concierto junto a Adrián Goizueta y a su tío Luis Enrique, el de Pobre la María, para que no haya confusiones. En esa oportunidad sacó de su valija nuevas e inéditas canciones, cantó temas del folclor nica y demostró tener un agradable don de gentes sobre el escenario. Ramón, por su lado, no termina de cautivar a las audiencias ticas con el poder de sus letras y la transparencia de su ser. Aunque las canciones mantengan una fuerte presencia de su nacionalidad, las temáticas han calado profundo y, muchos ticos y ticas advertidos de las incongruencias de la xenofobia, las hemos adoptado como nuestras. Nada difícil, por cierto, dada la claridad y el lirismo con que son escritas y por la musicalidad que caracteriza a los compositores hermanos. Luis Enrique decidió irse a vivir a la "yunai" cuando tenía 15 años. A la edad de 24, más o menos, ocupaba los primeros lugares en las listas de popularidad continental. En su país creció el orgullo y, como es de suponer, en la dinastía Mejía aún más. Ser un Mejía va más allá de pertenecer a una de las familias guerreras y revolucionarias de Nicaragua. Ser un Mejía es nacer con un talento para algo. Algunos, tal vez los más conocidos, se decidieron por la música. Entre mejías se mejora la canción."Esta es la primera vez que cantamos juntos, solos los dos", comentó Luis Enrique durante una conversación telefónica entre él, Ramón y quien esto escribe. Ramón no ocultó la tremenda felicidad que le produce este encuentro con su hermano y agregó no saber qué va a pasar cuando estén juntos, sobre el escenario. "Nosotros tenemos razones muy fuertes para cantar: unas raíces muy profundas, una herencia familiar y la necesidad de expresar lo que sentimos. Así somos los Mejía", dijo Ramón, a lo que Luis Enrique de inmediato respondió: "Es muy difícil quitarse el velo de esta dinastía. Mejía siempre seremos". Hoy, cuando Luis Enrique se prepara a regresar a la escena musical con su nuevo disco titulado Dentro y fuera, inscrito en la tendencia del world music, y Ramón reeditará su disco Romper el silencio, con Papaya Music, la suerte o el destino los provoca en un encuentro muy esperado por ellos. Es una lección de madurez continental la reunión de estos dos hermanos nicas, aquí, en nuestro país, donde todavía persisten voces de intransigencia e intolerancia. En el Jazz Café, las noches del viernes y sábado próximos, entre los dos Mejía y su audiencia crecerán ideas que romperán los fuegos de la convivencia. Es inevitable. Llámele inteligencia emocional, ganas de vivir en paz o como quiera, pero no deje de llamarle.
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