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Martes 15 de agosto, 2006 |
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Crítica de música: Apertura propicia » Maestros: Señorío estilístico e instrumental distinguió a los músicos.Andrés Sáenz asaenz@nacion.com Un público numeroso premió con aplausos entusiastas, el sábado, en el Teatro Nacional, el desempeño diligente y esmerado del Trío de Moscú, en el concierto de inauguración del XVI Festival Internacional de Música Credomatic. El grupo se fundó en 1968 y desde 1976 se mantiene con los mismos integrantes, Vladimir Ivanov, violín; Mikhail Utkin, violonchelo; Alexander Bonduriansky, piano, los tres profesores en el Conservatorio de Moscú. Una obra del clasicismo vienés y dos del posromanticismo, en su vertiente alemana y rusa, formaron el programa, y en cada una el rendimiento del conjunto traslució su marcado discernimiento estilístico, seguro dominio técnico y estrecha integración instrumental. Sin embargo, a mis oídos, bien que de timbre terso, el sonido del violonchelo careció de suficiente proyección y resonancia, no por falta de pericia de parte del maestro Utkin, sino porque el alcance del instrumento mismo, producto reciente de un luthier ruso, es algo reducido. Esta circunstancia afectó el equilibrio sonoro en algunos pasajes de las piezas posrománticas, en las que los tres instrumentos comparten igual importancia. No obstante, al comienzo los músicos aprestaron un coloquio instrumental fluido y elegante en el Trío en si bemol mayor, KV 502, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), que data de 1786. A continuación, plasmaron una lectura dramática y apasionada del Trío en do menor, opus 101, de Johannes Brahms (1833-1897), compuesto 100 años después del anterior, en el espacio de seis semanas de feraz creatividad, durante el cual el gran músico alemán también compuso sendas sonatas para violín y piano y violonchelo y piano. Pasado el intermedio, los intérpretes rusos moldearon una versión concentrada e intensa del Trío en la menor, opus 50, A la memoria de un gran artista, de su compatriota Piotr Ilyich Chaikóvsky (1840-1893), extendida elegía terminada a principios de 1882, a raíz de la muerte, unos meses antes, del amigo, mentor y colega del compositor en el Conservatorio de Moscú, el pianista y director Nicolai Rubinstein. Al final de las variaciones del segundo y último movimiento, sonó particularmente emotivo el regreso majestuoso del tema trágico del inicio de la obra. El Trío de Moscú respondió a los prolongados aplausos, fuera de programa, con el tercer movimiento del Trío patético, de Mijail Glinka.
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