![]() |
| • Portada • Espectáculos • Además | ||
|
|
Lunes 14 de agosto, 2006 |
||||||||||||||||||
Crítica de ópera: ¿Burla genial? » Ninguno: Obra sin atractivo musical o dramático.Andrés Sáenz asaenz@nacion.com ¿Qué es la ópera? Sin entrar en detalles, la ópera es un género artístico mixto, que reúne componentes escénicos, dramáticos, literarios y musicales. Más concisamente, la ópera es un drama cantado con acompañamiento instrumental. Ahora, el concepto de drama implica una acción dramática seria o enaltecida; música aparte, el canto implica la palabra también. En cuanto al aspecto literario, la acción dramática y la palabra se estructuran mediante el libreto, es decir, el texto teatral de la ópera, por lo general, en verso y de elevada calidad retórica. De modo que el texto, o más bien, el ordenamiento del texto para que adquiera forma teatral y dramática como libreto, es un componente esencial de la ópera. Sin embargo, la Fábula del bosque, conato escénico-musical de Mario Alfagüell, estrenado el jueves 10 en el teatro Melico Salazar, careció de un libreto en el sentido expuesto, y Alfagüell simplemente hizo una traslación tal cual, de la página impresa al escenario, del relato homónimo de don Fernando Centeno Güell (1908-1993), y lo musicalizó a su manera, o sea, sin ton ni son a mis oídos. La ausencia de capacidad y disciplina demostrada por Alfagüell en su desidia por siquiera aproximarse a este requisito fundamental del género operístico descalifica como ópera su opus 173 (¡según su cuenta personal de las obras que escribe!), bien que el cuento didáctico de don Fernando tiene virtudes artísticas propias y visualmente el espectáculo lució hermoso, gracias a la dirección escénica de Luis Carlos Vásquez, la escenografía de Pilar Quirós, el vestuario diseñado por ambos, y la iluminación de Emilio Martínez. Menos méritos encontré en la coreografía de Ileana Álvarez, más brincos, correteos, contorsiones y gimnástica que una propuesta dancística coherente. Voz tersa, aspecto agradable y dicción comprensible ayudaron a Ana Clara Carranza a cumplir como la Narradora, pese al nulo interés dramático del papel. Al prestar palabra a las distintas criaturas del bosque, los solistas vocales se desempeñaron como pudieron en el remedo de Sprechgesang (canto hablado) que Alfagüell practica y que él debe de considerar el último grito de la vanguardia, cuando medios más desarrollados del campo de la ópera encuentran passé este estilo de canto semirecitado o recitado semicantado, salvo, acaso, en el ámbito académico. El teatro Melico Salazar estaba bastante lleno para la función del estreno y el público, en su mayoría invitados y funcionarios de la Universidad Nacional (UNA), aplaudió calurosamente al final, pero, ¿cuántos estarían dispuestos a presenciar de nuevo el espectáculo? A veces me he preguntado si Mario Alfagüell no será un humorista solapado en vez de un compositor incomprendido. Aunque improbable, si mi barrunto fuera cierto, Fábula del bosque sería una burla genial y no un simulacro fallido.
|
|||||||||||||||||||
|
© 2006. LA NACION S.A. El contenido de nacion.com no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito del Grupo Nación GN S.A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com |