Concierto:
Juana Molina gustó a los argentinos Sebastián Espósito
GDA/La Nación/Argentina
Caras de seguidores y caras de ocasión, caras de invitados y caras de vernisage. La larga fila sobre la calle Paraguay, en Buenos Aires, es síntoma de que hay una gran expectativa por ver a Juana Molina.
Ella es la misma de antes, pero desde la distinción de The New York Times, a fines del 2004, que ubicó a su disco Tres cosas entre los 10 mejores de esa temporada, la expectativa por verla creció considerablemente.
Luces tenues, una escenografía preparada por mamá Chunchuna Villafañe y Juana que aparece desde la sombra. Luce tímida y algo nerviosa y enseguida cierto ruido no previsto en su teclado la lleva a improvisar y descontracturarse un poco. Como señal inequívoca de que ella está ahí para presentar su cuarto álbum, Son, arremete de entrada con Río seco, primer tema de su novedad.
Sus palabras crecen, llegan a los oídos con la fuerza del cantautor y las ideas que de ellas se desprenden se adhieren sin pecar de enunciados. Sus canciones son intimistas, pero están lejos de la fórmula pop-rock que apela a lo acústico. Ella ama el volumen bajo.
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