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 Acto. Madonna subió a la cruz iluminada que estaba en el escenario. EFE.
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Nada le importó
Roma. Pese a las advertencias, Madonna apostó por la polémica y escenificó el domingo una falsa crucifixión en la capital italiana, ignorando una tormenta de protestas y acusaciones de blasfemia lanzadas por la Iglesia católica.
Durante el concierto en Roma de su gira mundial Confessions Tour, y ante un estadio abarrotado muy cerca de la Ciudad del Vaticano, la diva, que vestía una falsa corona de espinas, se subió a una brillante cruz.
El Vaticano la había acusado de blasfemia y provocación por realizar la falsa crucifixión y el enfado aumentó cuando Madonna invitó al papa Benedicto XVI a que fuese a ver el espectáculo.
La reina del pop sazonó su actuación de dos horas y media con más imágenes controvertidas, mostrando fotografías del Papa a continuación de otras del exdictador Benito Mussolini.
"¿Sabeis cuáles dos milagros se han producido en Roma?", bromeó más tarde con el público la estrella, vestida con un traje de cuero negro. "Que Italia ganó el Mundial y que ha parado de llover antes de mi concierto", se respondió a sí misma.
Los 70.000 seguidores que llenaban el Estadio Olímpico restaron importancia al escándalo, bailando, cantando y saltando mientras ella interpretaba las canciones de su último disco, Confessions on a Dance Floor, y clásicos como Like a virgin. Algunos asistentes sí se molestaron cuando subió a la cruz.
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