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Lunes 7 de agosto, 2006 |
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Crítica de ópera Crítica de ópera: Méritos suficientes » Frío. El público se mostró parco en aplausos.Andrés Sáenz asaenz@nacion.com Mayor concurrencia y público más caluroso merecía, el viernes 4, el primero de los dos programas alternos de selecciones operísticas que la Compañía Lírica Nacional (CLN) presenta en el Teatro Nacional (TN), con la participación de cantantes nacionales e invitados de otros países, y el concurso de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), dirigida por el estadounidense Douglas Fisher. La escenificación parcial de varios extractos operísticos y la conducción del espectáculo estuvo a cargo del estadounidense Matthew Lata, quien el año pasado dirigió con acierto el exitoso montaje de la CLN de Madama Butterfly. En esta ocasión, Lata por igual mostró que posee oficio suficiente como director escénico de ópera, al empatar de manera atinada la acción teatral y la música. Desde el foso, Fisher también mantuvo equilibrados los requerimientos musicales y dramáticos del espectáculo. Al comienzo, Fisher y la OSN moldearon una versión animada de la Obertura de Las bodas de Fígaro, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), a la que siguió una escena de Die Zauberflöte (La flauta mágica), del mismo compositor: el quinteto Hm, hm, hm!, momento cuando, después de que Papagueno(José Arturo Chacón), el gracioso de la obra, de oficio pajarero, ha sido castigado por las tres Damas (Anayanci Quirós, Raquel Ramírez, Glenda Juárez) con no poder hablar por mentiroso, estas entregan al príncipe Tamino (Pablo Henrich), el galán, la flauta mágica que le ayudará en su misión. El desempeño vocal e histriónico de los cantantes estuvo a punto, en particular el timbre claro y agradable del tenor Henrich. Las guerras del siglo XVI entre Francia y España y el conflicto entre católicos y protestantes forman el fondo de Don Carlo, de Giuseppe Verdi (1813-1901), que trata de los infortunios amorosos de Isabel de Valois, esposa francesa de Felipe II, rey de España, pero enamorada del hijo de este, Don Carlos. La soprano argentina Fabiana Bravo, que debutó aquí con mucho éxito a fines del 2005, de nuevo exhibió voz matizada y potente, presencia escénica y dominio dramático, en el aria Tu che la vanità , cuando Isabel, ante la tumba de Carlos I, lamenta su felicidad perdida. La ejecución vivaz, de parte de Fisher y la OSN, de la Obertura de El barbero de Sevilla, de Gioacchino Rossini (1792-1868), precedió al septeto Oh! Che muso, che figura! , escena que, en el más divertido estilo bufo, culmina los enredos al final del Acto I de L`italiana in Algeri del mismo compositor. Todos cuantos intervienen mostraron vis cómica en sus papeles, las caracterizaciones se vieron muy chistosas y el desempeño vocal se oyó ajustado: Elvira ( Quirós), Zulma (Juárez), Alí ( Chacón), Mustafá (Villalobos), Lindoro (Henrich), Isabella ( Ramírez) y Taddeo (Gustavo Hernández). La segunda mitad empezó con la interpretación precisa y movida de la Obertura de La flauta mágica. Prosiguió con Mozart, el sexteto del acto segundo de Don Giovanni, cuando en la oscuridad todos confunden al sirviente Leporello con su amo, Don Juan: Di molte faci il lume s'avvicina... Intervinieron Leporello (Fulvio Villalobos), Donna Elvira (Raquel Ramírez), Donna Anna (Anayanci Quirós), Don Octavio (Pablo Henrich), Zerlina (Lynn Eustis), Masetto (José Arturo Chacón). El momento tuvo una adecuada solución escénica de parte del director, los cantantes delinearon debidamente a los personajes y la prestación vocal se escuchó afinada y cumplida. En el dúo Ciel! Mio padre, de Aida, de Verdi, Aida (Fabiana Bravo), princesa etíope cautiva de los egipcios, consiente a regañadientes al pedido de su padre, Amonasro (Nemeh Azzam), de averiguar de su amado, Radamés, general del ejército egipcio, la ruta que tomarán para el ataque. Bravo hizo evidente el conflicto de la lealtad dividida de la heroína y su voz se oyó entonada y expresiva. Los timbres resonantes del barítono Azzam dieron prestancia a la figura de Amonasro, pese a desafinaciones ocasionales. El final irónico de Rigoletto, de Verdi, cuando el bufón epónimo obtiene una venganza contraproducente con la muerte de su hija, me pareció el extracto menos logrado del espectáculo, debido a las limitadas prestaciones vocales e histriónicas de los protagonistas, el Duque (Ernesto Rodríguez), Rigoletto (Fitzgerald Ramos) y Gilda (Lynn Eustis), bien que los papeles menores de Sparafucile (Fulvio Villalobos) y Maddalena (Raquel Ramírez) estuvieron más aceptables.
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