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Jueves 20 de abril, 2006 |
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El señor de Sombras aún canta » La figura del mexicanoJavier Solís , pero sobre todo su voz, es algo que vale la pena recordar a 40 años de su muerte, y eso que ni siquiera se llamaba Javier Solís.María Montero mmontero@nacion.com Rondas y rondas de tequila deberían sucederse para celebrarlo, pero en el 40 aniversario de su muerte, la triste figura de Javier Solís festeja en calidad de santo: con discreción y mucha, mucha abstinencia. Incluso las agencias internacionales de noticias se abstuvieron ayer, 19 de abril -cuando se cumplieron los 40 años de su partida- de referirse a la vida del que en vida fue Rey del Bolero Ranchero. También hay que admitir que la competencia es dura. Este año, dos monstruos de la música universal se disputan la atención de todo el mundo: Mozart y Schumann, que en perfecto alemán resultan aún más persuasivos que cualquier efeméride latinoamericana. No faltará quien alegue, además, incompatibilidad de caracteres y, sobre todo, de cifras: no son lo mismo 250 años desde el nacimiento de un genio palpable y 150 lustros desde la muerte de otro, frente a la ausencia de Javier Solís, ese indiecito huérfano y ebrio de boleros. El Universal, uno de los diarios más importantes de México, le dedicó ayer tres "jugosas" líneas a la memoria del intérprete mientras que La Crónica de hoy, un tabloide local de mejores intenciones, fue un poco más allá: hace 10 días, le asignó un breve espacio a la develación del busto de bronce que colocaron en nombre de Solís en el barrio pobre que lo vio crecer, Tacubaya, en la capital mexicana. Vital.Gabriel Siria Levario, como se llamaba realmente Javier Solís, tendría hoy 74 años, pero justamente tuvo que morirse un 19 de abril de 1966, cuando una cosa llamada gloria finalmente le llegaba a la altura de los bolsillos. La historia no acaba ahí. En nuestro país, el Instituto de México celebrará el aniversario el próximo jueves 4 de mayo, a las 7 p. m. Habrá una conferencia a cargo del periodista y escritor Víctor Hurtado Oviedo (único miembro de su club de fans) y también habrá canciones tomadas de sus películas, un diálogo abierto con el público y una ronda de mariachis. Afortunadamente, Javier Solís no pudo llevarse todo de sí a la tumba y de este lado se quedaron sus canciones, donde su voz le da forma al amor y sus reveses: Llorarás, llorarás mi partida/ aunque quieras arrancarme de tu ser/ cuando sientas el calor de otras caricias/ mi recuerdo ha de brillar donde tú estés. Aunque su estilo no es el favorito del crítico de música Alberto Zúñiga, reconoce su presencia como emblema de una época. "Solís fue uno de los abanderados del prototipo del galán latinoamericano: macho; conquistador; romántico; bohemio", dice Zúñiga, recitando los adjetivos "rancheros". "Además, el mundo lo conoció no solo por sus canciones sino porque él coincidió con la época dorada del cine mexicano. En ese momento el bolero estaba en su apogeo y él difundió el bolero ranchero, que es un género bellísimo por su expresividad. Con el acompañamiento del mariachi, el bolero dejó de ser caribeño para volverse continental", afirma. Para Zúñiga, la gran ventaja de Javier Solís fue justamente lo que muchos hubieran considerado su debilidad en el género. "Su timbre era mucho más fino que el de un cantante habitual de rancheras... y eso le encantaba a las mujeres". Clásicas suyas son Payaso, Renunciación, Las rejas no matan, Sombras, Me recordarás, Amigo organillero, Llorarás, llorarás, Esta tristeza mía, Lamento borincano, Y háblame, entre otras. En todas ellas derrochó Solís su atributo. Otra búsqueda en Internet, horas más tarde, resultó igualmente exigua: un periodiquito venezolano dio cuenta del cantante mexicanos con una mala reproducción de su biografía, en una nota sin firma y sin siquiera foto. Habrá que confiar en Víctor Hurtado Oviedo, su especialista, y creerle cuando dice: "No importa. El rey inderrocable del bolero ranchero nos legó el viento poderoso de su voz, su timbre de hierro dulce, y su caudal de lágrimas y gozos sobre el que muchos lanzamos la nave valiente y aterrada de la adolescencia". |
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