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Jueves 6 de abril, 2006 |
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Concertino, suizo y tropicalizado » Al violinista y director de orquesta Jan Dobrzelewski solo lo delata el apellido: lo demás está marcado por el trópico y los escenarios de la música costarricense.María Montero mmontero@nacion.com En castellano, su apellido no es muy bondadoso, pero eso es culpa del castellano. Una parte del corazón de Jan Dobrzelewski late a ritmo de conga, muy a pesar de su nacionalidad suiza y su origen polaco. Veterano violinista y director de orquesta, Dobrzelewski tiene en este pequeño país todo lo que un hombre necesita para sentirse arraigado: casa, hijos, amor y trabajo. Radicado en Costa Rica en lapsos intermitentes -el último empezó hace dos años y medio- es parte de la vida musical costarricense desde principios de la década del 70, época en que se convirtió en el primer concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), dio clases en la Universidad de Costa Rica (UCR) y fundó grupos de cámara. Y como los apellidos dicen mucho de la genealogía y poco de la adhesión, Dobrzelewski tuvo una idea para seguir animando los escenarios que también le pertenecen desde hace más de 30 años: ideó los Conciertos de Primavera, que se realizarán hasta principios de mayo en el Teatro Nacional. "La idea era proponer una serie de conciertos de música de cámara alrededor de dos aniversarios importantes de este año: el 250 aniversario del nacimiento de Mozart y el 150 aniversario de la muerte de Schumann", dice Dobrzelewski. Del calendario de conciertos, restan tres citas: este domingo 9 de abril -en que el violinista hará dúo con el pianista italo-brasileño Caio Pagano-, y los días sábado 6 y domingo 7 de mayo, en que Dobrzelewski volverá a actuar, esta vez acompañado por estudiantes avanzados del Instituto Superior de Artes, y con un programa especial de 14 sonatas de Mozart. Dicen que usted vive en Costa Rica cuando cae nieve en Europa, y que regresa al Viejo Continente huyendo de la lluvia tropical. ¿Cómo se acomoda la música, en medio de este trasiego? ¡Estoy aquí también cuando llueve! Y estuve en Suiza en enero, cuando hacía un frío tremendo... La carrera de un solista o un director de orquesta se hace en función de los contratos que tiene. Ahora, por ejemplo, acabo de regresar de Estados Unidos, donde ofrecí siete conciertos en dos semanas: uno como violinista, en Phoenix, y seis como director, en Texas. Según su experiencia en América Latina y Europa, ¿es lo mismo ser músico aquí que allá? Ser músico es lo mismo en cualquier parte del mundo y en cualquier tipo de música, siempre y cuando el que hace la música busque compartir su mundo con los demás: esto en el plano filosófico. No se debe pensar en la música como un deporte, donde solo se deben demostrar capacidades mecánicas; virtuosismo. Lo importante para un músico no es lo que está escrito sino lo que está detrás de las notas. "En el plano de la creación, ser compositor en América Latina o Europa tiene el mismo propósito, la diferencia puede ser lo que quiere decir el autor en relación con el mundo en el cual vive. En cuanto a los ejecutantes, hacer música es lo mismo en ambos lados del Atlántico, lo único es que los recursos culturales a disposición no son comparables. Acá, la música es una tradición importada que hace que los músicos latinoamericanos estén buscando tener, en algún momento de la vida, una experiencia en Europa y así sumergirse en una tradición que tiene más de mil años. Y en cuanto a los recursos materiales, estamos frente a una desigualdad de derechos. Estamos viviendo en una sociedad de artificios. ¿Quién puede pagar un violín del S.XVIII que cuesta $150 mil? Vivir entre dos continentes es una fortuna. ¿Es la música el hilo conductor de ambas estancias? Yo estoy bien en cualquier parte, no sé por qué. La música permite tejer contactos, aunque en realidad los contactos que uno tiene cuando viaja son muy poco reales. Como músico, uno puede ser el enlace entre dos contienentes, porque cada oyente puede tomar conciencia de los demás y de que son las diferencias las que enriquecen la vida. Es la música como vehículo de entendimiento y tolerancia. "La música no operática, la persona que la oye, la entiende de acuerdo a su sensibilidad, porque nadie le está imponiendo nada porque no es discursiva. La música es un espacio de libertad y es parte de un fenómeno vibratorio donde la moralidad no tiene lugar". La creación de la Orquesta Sinfónica Nacional, de la que usted fue parte, inauguró un nuevo proyecto de país. ¿Siente alguna amenaza a esta visión social de las instituciones culturales? No sé si cambió el país, más bien creo que cambió la imagen que el país tenía de sí mismo y hacia afuera. Esta iniciativa es importante para mí porque es hacerse la pregunta de ¿cómo puede un país ocuparse únicamente de los aspectos económicos y materiales y no darle el espacio al espíritu, a lo que es el ser humano en primer lugar: un ser que piensa y siente? Un país no puede dejar de lado el aspecto filosófico, sobre todo cuando se trata de un país en desarrollo. La OSN no cambió el país sino que fue el resultado de cuán diferente es Costa Rica de muchos otros países. ¿Qué tan necesaria es la creación de instituciones como la Orquesta Sinfónica Nacional? La OSN ha sobrevivido gracias a las ganas de personas como Guido Sáenz y porque el proyecto fue bien estructurado desde el principio, creando el enlace entre lo que es producción y educación. La existencia de la Orquesta Sinfónica Juvenil hace que la OSN no sea únicamente una institución difusora de la cultura europea para el consumismo, sino que tiene sus raíces en la población. ¿Qué lo liga definitivamente a Costa Rica: la música; el clima; los afectos? La familia, por supuesto. Creo que Costa Rica debe tener algún virus específico: cualquiera que ha venido a Costa Rica le queda inoculado el virus y no puede nunca más desvincularse.
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