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Martes 4 de abril, 2006 |
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El amor en una canción » Porter: Dilemas de un gran músicoWílliam Venegas wvenegas@nacion.com Quienes conocen y gustan de la música de Cole Porter están que se chupan las yemas, se acicalan los oídos y ponen miradas gozosas. No es para menos, llegó la película De-Lovely (2004), largometraje dirigido por el neoyorquino Irwin Winkler. Se trata de un musical donde las canciones de Porter pasan por la pantalla como pentagrama hecho de imágenes en movimiento. El título del filme viene de una de las más conocidas canciones de Colin Porter, como lo es She's De-Lovely, con la que este compositor tocó glorias y fama dentro del musical en los Estados Unidos. Eso sí, la mayoría de los conocedores insiste en algo con lo que estamos de acuerdo, que Night and Day (de Porter) es una de las canciones más bellas que se hayan compuesto en ese complejo país. Lo que sucede es que esa canción ya dio título a otro filme con Colin Porter como personaje (encarnado por Cary Grant), dirigido por Michael Curtiz, en 1946, a lomo del envidiable don melódico de este músico y de su personalidad ambigua. El guion del filme que hoy llega le pertenece a Jay Cocks, quien fuera crítico de cine en distintas revistas y ha escrito guiones sobre Billy Strayhorn y Duke Ellington. Es un texto lleno de letras y músicas (canciones), interpretadas casi todas por artistas actuales, como Robbie Williams, Alanis Morisette, Elvis Costello, Natalie Cole, Sheryl Crowe, entre otros. Música y bisexualidad, estos son los mojones sobre los que se establece la película De-Lovely, a la que nos hubiera gustado sentirle más fuerza en ambos aspectos, más intensidad dramática, aunque su oferta es interesante: la de Cole Porter en sus días últimos, quien ve una propuesta escénica sobre su vida y de la que él mismo opina, como un dios ante cualquier creación. La buena actuación de Kevin Kline le da seguridad al director Winkler para depositar imágenes sobre las ambigüedades del compositor, a la vez que cuenta con un sólido y sugerente respaldo de la actriz Ashley Judd como Linda Lee Porter, la mujer que tanto amó al músico y al esposo igualmente homosexual. Si a la película le falta pasión, le sobra adhesión a la música de Porter (¡inolvidable la secuencia donde escuchamos Begin the Beguine!), aunque también hemos de elogiar la recreación de época y del glamour para el discurrir biográfico de la trama, para acentuar tonos melodramáticos (¿acierto o no?, ¿qué piensa usted?, por acá se nos ocurre que sí favorece a la película). Ojalá, entre tanta imagen melodiosa, los espectadores más cinéfilos encuentren espacio para admirar el discreto buen uso de cámaras, el oportunísimo manejo del fundido, el fino trabajo coreográfico y la sutil expresión de la galanura visual. ¿Hubiera usted apostado a eso en una cinta del director Irwin Winkler? ¡Ajá!
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