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 Madrugó.Irene Palomino se moría por escuchar a The Rasmus.José Díaz
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Frío al inicio, el Festival calentó...
Eran las 6 a.m. y ya se encontraba haciendo fila en las afueras del autódromo. Su vestimenta, muy negra, la delataba y tampoco dejaba nada a la imaginación en su preferencia musical.
Irene Palomino fue una de las fiebres que asistió al Festival Imperial, ayer domingo, con la ilusión de ver a su grupo favorito: The Rasmus. Cuando el equipo de Viva la abordó, nos confundió con los organizadores del evento, y de inmediato rogaba por obtener un pase especial para conocer a Laurito, vocalistas de la banda finlandesa.
La particularidad de su apellido (al menos nada común en Costa Rica) y su acento la dejaban al descubierto: era una de esas fans que venían de otros países exclusivamente al concierto de ayer, en este caso desde Perú.
Aunque la afluencia de público durante la tarde no fue tan masiva como se esperaba, conforme se acercaba la noche el campo del Festival agotaba sus espacios y la gente se acomodaba lo más cerca que podía de la tarima principal.
Irene se encontraba en primera fila. Su entrada la había comprado con dos semanas de anticipación e hizo todo lo necesario para tener todo listo a su llegada al país. Irene "mataba" el tiempo de forma sencilla: escuchando los discos compactos de su banda predilecta y sin moverse siquiera para ir al baño.
Otros, no tan fanáticos como la peruana, esperaban sentados en la pista del autódromo con cerveza en mano y algo para picar. Al caer la noche, los asistentes se contaban en miles y los juegos de luces dejaban en evidencia la magnitud del espectáculo.
Más de doce horas después de la llegada de Irene a La Guácima salió al escenario The Rasmus, que ofreció, seguramente, todas las canciones que ella quería escuchar. Luego, Sting, el plato más fuerte de la noche, terminaría de volver locos a todos en La Guácima.
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