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Entrevista Josette AltmannVerde que me quiero verdeRocío Fernández de Ulibarri Un auditorio femenino, multitudinario y verdiblanco a rabiar, espera a los consortes en un amplio salón del Hotel Costa Rica. Faltan pocos días para el cierre del período Figueres Altmann, y ella entra alardeando porque se sabe guapa. Lleva la falda algo corta para ser cuarentona y, sobre todo, Primera Dama. Luce regia y lo sabe. Basta con ver cómo se desplaza ese par de piernas bien torneadas. Sin tapujos, alardea sobre sí misma. Verde que me quiero verde: verdes ojos, verde traje, verde alma. El público, sorprendido ante este desplante de picardía, espera cauteloso. Y ella, tras calentar motores, se dispara: "Don José María, dicen las malas lenguas que usted es hombre de muchas mujeres. Aquí las tiene." Gritos, aplausos, preinfartos. "Pero lo que no dicen las malas lenguas, don José María, es que usted es hombre de una sola compañera. Y esa soy yo". Alaridos, rechiflas y éxtasis ¿De donde le viene este sano descaro a la Primera Dama, Josette Altmann de Figueres? Conversando plácidamente con ella, días más tarde en su casa en Barrio Otoya de San José, pareciera que esa luz de plenitud que la desborda proviene de la obra realizada con tesón. No lo oculta: está satisfecha y con creces. En Otoya --y no en Curridabat donde se especulaba que vivía en los últimos meses-- se mueve con absoluto dominio de su papel. Insiste en vestir de verde, pero esta vez pastel, y sigue más guapa que ayer. Intensas horas de gimnasio saltan a la vista en la belleza de sus líneas: en el cuello, los hombros, el porte. Una lección de civilidad, buenas costumbres y calidez. Si se nombra a la polémica suegra, tan sólo levanta una ceja y a la velocidad del rayo la devuelve a su lugar. Tampoco duda en confesar que la mitad de la banda presidencial es suya, por derecho propio y reconocimiento público del señor Presidente. ¿Una Primera Dama desteñida? Tanta intensidad controlada pareciera sugerir lo contrario. Un retrato de personaje resultaba urgente y la Revista Dominical me pidió correr para medirlo. Las pruebas a continuación:
--Hablemos de su infancia. ¿Qué momentos o episodios la marcaron con más fuerza? ¿El divorcio de sus padres provocó una fractura personal en su vida? --Tuve una infancia muy feliz y tranquila. Hubo una relación muy estrecha entre la vida de la ciudad y la del campo. Generalmente pasábamos largas vacaciones en las fincas de Barranca, Puntarenas y Paraíso de Cartago. "Creo que la libertad de la vida en el campo y el contacto con la naturaleza marcó mucho mi forma de ser en cuanto a disfrutar los espacios abiertos, y también influyó en que mucho de mi trabajo, como esposa de Presidente, se relacionara con giras a las zonas rurales."
--¿Cómo se relacionó con sus abuelos? --Tuve una relación muy estrecha con mis abuelos maternos, Jorge Borbón Castro y Eugenia Zeller, porque vivíamos en casas a la par en barrio González Lahmann. La familia Borbón vivió mucho tiempo en ese barrio: hermanos, tíos, primos. El mío fue un barrio muy de familia. En esa época, la relación verdaderamente afectiva se da con mi abuela, que se convierte en mi personaje inolvidable, tanto que mi hija lleva su nombre. Era una mujer muy fuerte pero dulce al mismo tiempo, y tenía un sentido del humor y un amor por la vida tan grande que podía llegar a considerarse exuberante. "Del primer matrimonio de mi padre, casado con Marta Eugenia Borbón, tengo dos hermanos, con los cuales hubo una relación de fuerza. Con el divorcio de mis padres en mi adolescencia, nos quedamos viviendo con mi padre y yo asumí la responsabilidad de la casa como la hija mayor y única mujer. "
--¿Fueron difíciles las relaciones con sus hermanos? --Fue una relación casi de madre, muy cercana, aunque con los típicos pleitos que existen en todas las familias. En la mía siempre ha habido más hombres que mujeres, lo cual hizo que desde pequeña yo montara más a caballo y jugara futbol en vez de muñecas. En general, mis relaciones eran igualitarias, aunque a veces de confrontación con mi padre. El dice que yo soy la culpable de muchas de sus canas, que desde muy pequeña era muy incisiva, que el porqué mío sacaba de quicio a cualquiera. "Recuerdo que un día se resolvió un viaje de pesca sólo con mis hermanos. Yo pregunté por qué y me dijeron que porque yo era mujer. Nunca entendí el argumento y me puse muy brava, lo cual resultó en un castigo. "Del segundo matrimonio de mi padre hay una hermana que es de la edad de mi hijo José María. Y otros dos jóvenes, hijos del primer matrimonio de la esposa de mi padre, que en realidad son como hermanos." --¿Cómo la impactó el tránsito de la niñez a la adolescencia? --De una niñez muy feliz, con un núcleo familiar muy estable y relaciones muy afectivas, pasé a una adolescencia muy intensa y muy rebelde. Papá decía que él no podía entender cómo de sus tres hijos, la mujer fuera la que le saliera rebelde. También mi padre influyó mucho en mi primera elección profesional. El decía que yo tenía carácter para ser abogada, que el pleito que no ganaba lo enredaba. Antes de casarme, me metí a estudiar derecho a la Universidad de Costa Rica. Sin embargo yo siempre tuve una inclinación natural por la historia y nunca estuve muy contenta ni me adapté al sistema de estudio de las leyes. "Ya en el segundo año de derecho, cuando se estudia el concepto en sí de la norma y la jerarquización de valores, tuve una discusión con mi profesor Rodolfo Piza Escalante, gran amigo de mi padre, sobre justicia o legalidad. "El decía que la norma era lo legal y yo creía que eso era el derecho positivo, y que a través del derecho positivo se habían instaurado las dictaduras de Franco y Mussolini en Europa. "Discutimos apasionadamente en clase y decidí que no ejercería el derecho. Cuando le comuniqué a mi padre mi decisión y deseo de estudiar historia, él refutó que me moriría de hambre pero yo alegué que me iba a morir como yo quería: estudiando historia."
--¿Cómo influyó Europa en su vida de joven adulta? --Estuve un año y resto en Suiza, donde terminé mi bachillerato. Fue un año enfocado en el aprendizaje del idioma francés en las mañanas y en las tardes en un programa de high school. Fue una experiencia muy rica porque compartí con personas de todo el mundo. Tenía 15 años y tuve la posibilidad de conocer Europa y tener una educación ecléctica. "En mi proceso anarco o rebelde, esta experiencia me ayudó a reafirmar principios que se fueron asentando para dolor de mi padre, quien me envió a Suiza para ver si me civilizaba un poco."
-- Usted proviene de una familia de la aristocracia criolla, más por Borbón que por Altmann. Una "típica niña bien" de abolengo cafetalero que se casa con "el enemigo de clase". ¿Hubo alguna actitud rebelde de su parte en la elección de un compañero de vida de apellido Figueres? --Para dolor de mi familia, la cual tenía un prospecto en mente y la intención de presentarnos como "hijos de familias muy amigas", yo no tenía planes de casarme joven, sino de irme a estudiar a México. José María y yo nos conocimos en una fiesta en mi casa, que organizamos cinco amigas a puerta abierta.' "Coincidió mi aceptación en la Universidad Nacional de México con el período preelectoral de 1978, y decidimos hacer una fiesta adelantada del triunfo de Rodrigo Carazo, y celebrar mi despedida. "Papá estaba en política, divorciado, y yo era la dueña de casa. José María llegó y hablamos mucho. Tenía cinco años de ser novio y un anillo comprado para un compromiso; se iba a casar con una muchacha nicaragüense. Cuando le conté a papá sobre el muchacho Figueres, él no entendió de cuál estaba hablando, y se espantó: "Ese hombre es divorciado, un hombre viejo, usted no puede salir con él". Qué raro, decía yo, ¡si luce tan joven! El terminó con su relación y a los dos meses decidimos casarnos. No lo hicimos de inmediato, porque él debía terminar su carrera en West Point."
--¿Hubo mucha oposición de las familias? --El único que estuvo de acuerdo fue don Pepe, en realidad por conveniencia, porque él deseaba que su hijo se quedara de una vez al frente de las empresas. Mi papá, mi familia y doña Karen, lógicamente casi se mueren. Por varias razones: por el poco tiempo de conocernos y por las implicaciones políticas. Entonces papá era ministro (del gobierno de Carazo).
--¿Cómo fue su relación con don Pepe? --Cuando me casé en 1979, nos fuimos a vivir a La Lucha. Allí conocí más a don Pepe, quien tenía una visión bastante errada de mí. Estaba un poco en contra de aceptarme porque, decía, yo representaba todo contra lo cual él había luchado en 1948. "Empezamos a conocernos mejor y hasta disfrutó de hablar con mi abuelo sobre agricultura. El tenía ideas muy innovadoras sobre fertilizantes y producción agrícola".
--¿La marcó don Pepe ideológica y afectivamente? --Al principio, La Lucha fue algo muy placentero porque don Pepe vivía allá y él asumió de forma personal e informal mi proceso de educación. Me introdujo a los pensadores del siglo XVIII, los filósofos alemanes y los pensadores humanistas que él leía en esa época. Sembró en mí la semilla de un pensamiento ideológico y político que hizo que yo me hiciera socialdemócrata por convicción. Cuando me casé con José María podría decirse que yo había oscilado entre ideas comunistas y anarquistas, hasta había incursionado en la Universidad con el partido de La Hormiga. "Pero además de don Pepe, también me marcó muchísimo el vínculo con don Rodrigo y doña Estrella Carazo, en lo que podría llamarse un socialismo utópico. Si tuviera que definir mi ideología, tendría que decir que es una socialdemocracia inclinada hacia un socialismo utópico." --Entiendo que don José María venía con frecuencia a San José pero usted permanecía en la finca. ¿Era La Lucha una arcadia o un exilio transitorio? --Estuve en La Lucha de 1979 a 1988. Allí nacieron mis hijos y, si usted les pregunta cuál es su arraigo o su hogar, ellos dirán que La Lucha, porque allí pasaron su infancia. Nos vinimos cuando José María incursionó en política, cuando Oscar Arias lo nombró primero en el INCOFER y luego en los ministerios de Comercio Exterior y de Agricultura. La Lucha fue una arcadia y fue un exilio, si vemos las diferentes épocas de mi estancia. Los primeros fueron los años dorados, el mundo abierto a través de las lecturas.
--¿Mantuvo una relación con don Pepe cuando él se separó de doña Karen o se perdió el vínculo fraternal? --Tuve vínculo con don Pepe hasta el final de sus días.
--Además de su afecto por el expresidente Carazo, usted es amiga de la exministra y próxima vicepresidenta Elizabeth Odio, vínculos que supongo provienen del mundo político de su padre. --Las amistades mías son gente grande. Desde niña me dijeron que era una niña vieja. Papá no sabía cómo manejar el asunto porque, además de mi carácter fuerte, muchas veces prefería quedarme en casa leyendo un libro que salir. "Por sus intereses y sus temas de conversación, siempre me atrajeron las personas grandes. Siempre fui metiche. Así conocí a Elizabeth, gran amiga de mi padre, y a gran parte del gabinete de don Rodrigo Carazo. Estrella fue muy maternal conmigo. Elizabeth misma, la última vez que nos vimos, me dijo: `¡Qué increíble, la chiquita se nos hizo primera dama!'.
--Existe la impresión de que aún hoy usted tiene un carácter fuerte y rebelde. ¿Cómo pudo sobrevivir en medio de una familia tan polémica, caracterizada por personalidades tan intensas como las de don José Figueres Ferrer y doña Karen Olsen. --La familia Figueres es un clan. Los seis hijos de don Pepe conforman un clan en el cual usted entra o no entra. No hay términos medios. "Eso da una gran seguridad a nivel de núcleo familiar, pero como todo clan, al mismo tiempo hay ciertas normas y reglas que se tienen que respetar, a lo cual yo no estaba muy acostumbrada. "A lo largo de un proceso suave y armónico, tendí puentes, algunos más directos y otros más diplomáticos, hasta lograr amistades y grandes afectos con algunos miembros, y relaciones muy diplomáticas con otros. De ahí proviene un vínculo de amistad que añoro y extraño. Sigo guardando luto por Danilo Jiménez Veiga."
--¿Cuándo inició su carrera universitaria? Usted eligió historia, ¿por qué? --Mientras José María es ministro, yo retomo la universidad. Entré a historia en la Universidad de Costa Rica y llevé seis meses en la Escuela Libre de Derecho, por si acaso era muy joven la primera vez que decliné las leyes. Pero a los seis meses estaba totalmente convencida de que terminaría revolviendo albóndigas en historia. "Mi formación había sido muy ecléctica, más orientada hacia el pensamiento universal. Yo necesitaba explorar el pensamiento latinoamericano y la historia me permitía engarzar con mis raíces".
--Presentó su tesis de licenciatura recientemente. Es una historia económica inmediata con un abundante manejo de datos económicos. ¿Cuál es su mayor aporte intelectual? --Mi tesis parte del contexto general de las políticas económicas como marco de referencia para analizar las políticas sociales de la década del 80 y cómo estas repercuten sobre la pobreza. "El estudio resulta polémico si observamos que sólo los economistas trabajan con la historia reciente de nuestros países. Es conflictivo porque, usualmente, la historia económica la hacen los economistas y no los historiadores. Mi tesis no sólo cuestiona la ausencia de la historia económica en el panorama de la Escuela, sino que además aborda abiertamente un tiempo histórico reciente o inmediato, posición que en la Escuela se practica con mucha timidez. "Además yo quería trascender el objeto de estudio inmediato --una comparación de Costa Rica con Centroamérica-- e incursionar en una comparación que abarcara 14 países de América Latina y el Caribe. Es un gran esfuerzo de sistematización de la información."
--Se dice que desea seguir estudiando, preferiblemente en el exterior. ¿Cuáles son sus planes en el corto y el mediano plazo? --Tengo muy claro que mi fuerte es la historia política y social latinoamericana. En ese sentido mi meta es un doctorado en el Colegio de México. A qué plazo, no sé. Sería la coronación de una formación que se ha hecho a retazos. "Tengo la posibilidad de ir a Harvard el próximo año, donde se me ofreció una beca para una maestría en Administración Pública por mi trabajo de combate a la pobreza en 16 comunidades. Ya tomé la decisión de aceptar, siempre y cuando pueda hacerlo en 1999. "Este año tengo ofertas para enseñar en universidades públicas y privadas del país, y quiero dedicarme a investigar datos interesantes que recolecté a raíz de mi tesis."
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