San José, Costa Rica.







Los relevos, detrás del telón

Fabiola Martínez Ortiz














Cada cuatro años, el 8 de mayo se convierte en un día de emociones encontradas. Pero mucho ocurre tras bambalinas, donde la mayoría de los costarricenses no alcanzan a mirar.

Lágrimas y abucheos, banquetes y nerviosismo, apuros y trajes fastuosos se entremezclan cada cuatro años en las actividades del traspaso de poder. Los protagonistas son sin duda el presidente entrante y su antecesor, pero detrás de ellos se oculta una montaña de trabajo "invisible", mil carreras, más de un fiasco y crecientes sumas de dinero.

A pie, en bus o en bicicleta, cientos de costarricenses se acercan al Estadio Nacional y hacen uso de una forma muy peculiar de premiar o castigar a los gobernantes: silban, aplauden, o gritan a todo pulmón.

Con toques de diana, misas, juegos de pólvora y actividades culturales, el pueblo da la bienvenida al nuevo presidente.

Explica doña Teresa Zavaleta, quien ha trabajado en varios traspasos, que para esta actividad el Ministerio de Relaciones Exteriores nombra una comisión que se encarga de organizarlo todo. Además, se busca a alguna familia "acomodada" que atienda a los invitados especiales.

Entre todo el ajetreo, uno de los primeros detalles que se atiende son las bandas presidenciales, así como las banderas de los países invitados.

Lílliam Salazar, quien con su hermana Mirna se encarga de confeccionarlas desde hace muchos años, afirma que en cuanto se confirman las delegaciones que van a asistir, la comisión revisa cuáles banderas hacen falta para encargárselas. Deben hacerlas todas del mismo tamaño que el Pabellón Nacional.

En cuanto a las bandas, Salazar cuenta que la más larga fue la de Rafael Angel Calderón, pues ha sido el mandatario más alto, mientras que la de Oscar Arias llevaba bordada por detrás una imagen de la Virgen de los Angeles.

La de José María Figueres hubo que arreglarla, pues su madre, doña Karen Olsen, pidió que le quitaran el adorno dorado que siempre se les pone, para evitar que lo identificaran con una figura militar.

La única que ellas no han bordado es la de Luis Alberto Monge, pues se la obsequió una señora de Palmares, de donde él es oriundo.

Sí, juro

Si bien la imposición de la banda presidencial, el juramento y los discursos escriben en cada caso un nuevo capítulo de la historia nacional, hay otras singularidades que identifican y distinguen una toma de posesión de las otras.

Don Rodrigo Carazo, el presidente número 36 de Costa Rica, asumió el poder a los 52 años de edad.

Esa vez, el 8 de mayo de 1978, la Orquesta Sinfónica Juvenil anunció con sus instrumentos que el país tenía nuevo presidente. También se soltaron varias decenas de palomas.

Frente a las delegaciones de 65 países, y acompañado por una constante llovizna, Carazo leyó su discurso. "No les ofrezco en esta fecha y en estos 1461 días que hoy comienzan, halagos, falsas promesas o milagros, sino entrega total a mi trabajo como presidente de la República", manifestó.

Al final de la ceremonia la garúa se había convertido en aguacero, por lo que hubo que suspender el tradicional tedéum; pero a las pocas personas que quedaban en el Estadio, nada les impidió gritar: "¡Viva Carazo!".

A estas palabras de aliento se sumó la bendición de su esposa, doña Estrella, quien tras la juramentación lo abrazó y le hizo la señal de la cruz en su rostro.

Cuatro años después le llegó el momento a Luis Alberto Monge. De los últimos presidentes, él fue quien asumió el poder a una edad más avanzada -56 años-, pues Arias lo hizo a los 44, Calderón a los 41 y Figueres a los 39.

Monge llamó a los costarricenses a reforzar y reconstruir la fe en su destino y sus potencialidades.

En su discurso, el nuevo gobernante criticó sutilmente la gestión de Carazo, quien fue abrumado por una fuerte rechifla del público.

"En este día, tan lleno de esperanza, no creemos oportuno referirnos a las condiciones lamentables de nuestra hacienda pública o a la angustiosa situación económica y social del país", expresó Monge Alvarez.

Otro que en esa oportunidad enfrentó un fuerte coro de silbidos fue el entonces coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional de Nicaragua, Daniel Ortega.

En 1986, para la toma de posesión del presidente Oscar Arias vinieron cuatro mandatarios más que a la de su predecesor, así como los vicepresidentes de Rumania, Unión Soviética, Polonia y Estados Unidos, que entonces era George Bush.

Mientras que este último fue recibido con un estruendoso aplauso, Claudia Chamorro, embajadora de Nicaragua, fue blanco de sonoros abucheos.

La paz fue más que una palabra simbólica en el traspaso de poder que condujo a Arias a la presidencia de Costa Rica. Murales, bailes y gimnasia rítmica con ese mensaje animaron la actividad de aquel 8 de mayo.

Hijos de caudillos

En 1990, exactamente cinco décadas después que su padre, Rafael Angel Calderón Fournier llegó al poder tras intentarlo en tres períodos electorales consecutivos.

Un día antes revisó muy bien su auto, el último que utilizó el doctor Calderón Guardia, un Mercedes Benz de 1963. "Dios guarde se vare este carro", comentó en aquella ocasión.

Por fin, el 8 de mayo ingresó en el Estadio que precisamente se construyó durante la gestión de su padre.

Ante 75 delegaciones internacionales, Calderón advirtió que recibía el país con uno de los déficit fiscales más grandes de la historia, y ratificó que decretaría medidas de sacrificio para combatir la inflación.

"Hace 50 años mi padre dirigió el primer gobierno socialcristiano de América Latina. Hemos vuelto al gobierno porque supimos conservar una herencia de lucha por la justicia social", dijo.

La próxima página de la historia la escribiría José María Figueres Olsen, hijo de otro caudillo costarricense, don José Figueres Ferrer.

Así como un auto sirvió de amuleto a su antecesor, él utilizó la misma corbata gris que lució su padre cuando asumió por tercera vez el poder, en 1970.

En las celebraciones participaron mil extranjeros, entre ellos los presidentes de Belice, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, China y Colombia. Una de las más aplaudidas fue la presidenta nicaragüense, Violeta Barrios.

Si cuatro años atrás, fueron los hijos del presidente entrante (Calderón) quienes llevaron el pabellón nacional, esta vez lo hicieron los deportistas Sylvia Poll, Adrián Víquez y Evaristo Coronado.

Figueres acusó a la administración saliente de que "por poco deja al Estado sin las arcas", y Calderón calificó su discurso como "propio de plaza pública".

Irónicamente, esto se produjo luego de que el presidente de la Asamblea Legislativa, Alberto Cañas, recordara que ese traspaso de poder sellaba la transformación de dos reductos políticos enemigos, en dos partidos "pacíficamente adversarios".

La casa por la ventana

¡Al fin presidentes! Eso hay que celebrarlo, y algunos realmente lo han hecho en grande.

Las fiestas más austeras de los últmos cinco traspasos fueron las de Rodrigo Carazo y Luis Alberto Monge.

Una de las principales invitadas del primero fue Rosalyn Carter, esposa del entonces presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter.

Para ella y los demás delegados hubo atenciones, pero nada extraordinario. Carazo participó a partir de las 9 p.m. en un baile popular amenizado por la orquesta Sus Diamantes, en el Parque Morazán.

Con Luis Alberto Monge, desde el traspaso todo se caracterizó por una gran sobriedad. Se invitó a 2.000 personas, y Costa Rica invirtió unos ¢4,7 millones para atenderlas.

"Teníamos muy poco presupuesto, entonces tuvimos que hacer un mayor esfuerzo para dar una buena imagen. De todos modos, él quería que fuera algo austero. Incluso en la fiesta de la toma de posesión no hubo licor, sino fresco de mora", relata doña Mariángela Ortiz, quien trabajó en la comisión de ese año.

Cuatro años después todo fue muy distinto.

A juicio de algunos, desde la época de León Cortés y Rafael Angel Calderón Guardia no se veía tanta sofisticación como la hubo con la toma de posesión de Oscar Arias.

Fue todo un desfile de prendas. El Teatro Nacional y los salones del Costa Rica Country Club recibieron a los invitados, quienes debían lucir smoking, los hombres, y vestido largo las mujeres.

Unas 2.600 personas disfrutaron la opulencia de las actividades planeadas desde varios meses atrás.

En el Teatro Nacional, el menú incluyó paté de camarones, essence de tomate, sorbet con champaña, lomito Wellington, ensalada Waldorf, y mousse de café.

Cada mesa contó con un arreglo especial de orquídeas.

Un menú "más costarricense" prepararon la gastrónoma Isabel Campabadal y el gerente del Club Internacional Colón, Saadat Awan para la cena de la fiesta de traspaso en que Rafael Angel Calderón recibió el mando del país. Se sirvió mousse de pejibaye, empanaditas de chile dulce, budín de yuca, bolitas de coco, escabeche de pollo y bróculi con macadamia. ⋅




Primera sensación

¿Qué sintieron cuando finalmente les fue impuesta la banda presidencial? Estas fueron palabras expresadas por los cinco últimos gobernantes.

Rodrigo Carazo, 1978: "Ese día finalizó un proceso de aspiración y empezó el de cumplir con el pueblo y con mi propia conciencia. Fue una emoción singular."

Luis Alberto Monge,1982: En su discurso expresó: "El poder político es para nosotros una pesada cruz, cargada de responsabilidades". También lamentó que sus padres no pudieran acompañarlo físicamente.

Oscar Arias, 1986: "Me impresionó constatar que el compromiso con la paz anunciado durante la campaña había llamado la atención de la comunidad internacional por encima de lo tradicional en nuestro país."

Rafael Angel Calderón, 1990: En su discurso manifestó: "Para mi padre, para mi familia, para los costarricenses, las palabras del profeta Jeremías tienen un significado especial: Porque yo sé muy bien lo que haré por ustedes; les quiero dar paz y no desgracia y un porvenir lleno de esperanza..."

José María Figueres, 1994: El actual presidente contó que al besar a sus hijos esa mañana, había recordado la responsabilidad que tenía de heredar un mejor país a las futuras generaciones.

Para su preparación se usaron 140 kilos de lomito, 100 de pollo, 115 de palmito, 45 de yuca y 40 de bróculi. Un equipo de 96 personas se encargó de decorar y servir los platillos.

Finalmente, la nota musical la puso el pianista Raúl Di Blasio.

Cuando José María Figueres asumió el poder, Fernando Naranjo, quien sería el futuro canciller, dijo que el traspaso se haría en un marco de austeridad. El costo fue de ¢70 millones.

Ciertamente, fue notoria la sencillez de los actos de bienvenida a las delegaciones. A diferencia de años anteriores, ninguna banda municipal interpretó las notas de los himnos nacionales de los invitados, ni encargaron arreglos florales para dar a las esposas de los funcionarios de otras naciones.

Tampoco se hicieron presentes escolares para saludar con banderas a los visitantes, costumbre que por años ha sorprendido a los observadores.

La tradición de la cena de gala se cambió por un almuerzo para los Jefes de Estado y jefes de Misiones Especiales en el Teatro Nacional. En la noche hubo dos bailes de carácter no oficial en los salones de los hoteles Herradura y Corobicí, a los que fueron invitados 3.500 personas. Cada una debió pagar ¢3.000 por su entrada.

Entre los miembros de las 99 delegaciones invitadas estuvo el canciller de México, el director ejecutivo del Banco Interamericano de Desarrollo, el empresario petrolero Richard Hencke, y Rodmann Rockefeller.

El menú, peparado por el personal del hotel Corobicí, incluyó tortillas, pan blanco, una ensalada con aguacate, lechuga y mandarina, y nieve de guanábana.

Como los Figueres Olsen no son muy amigos de la carne de res, optaron por una corvina acompañada de chayotitos y tortas de yuca.

Ojo avizor

Un aspecto que suele generar preocupación entre los organizadores es la seguridad, y un caso particular fue el traspaso Monge-Arias.

Durante la conferencia de prensa que ofreció Oscar Arias el 7 de mayo en el hotel Corobicí, alguien dio una falsa alarma por amenaza de bomba, y al día siguiente varias llamadas telefónicas alertaron sobre la presencia de artefactos explosivos en el Estadio Nacional. Luego de varias revisiones se determinó que eran falsas.

Luego de esos dos sustos, y a pesar de que había un gran despliegue policial, una pequeña bolsa plástica ubicada bajo los asientos asignados a los visitantes especiales, y a escasos cuatro metros del presidente argentino Raúl Alfonsín, puso en alerta roja a todo el equipo de seguridad.

Rápidamente se cercó el lugar para abrir con cautela el misterioso paquete. Todos respiraron al ver que este contenía un termo con café y un paño rojo olvidados por algún acomodador.

En esa ocasión, el programa de seguridad contempló hasta la custodia del cerro de Alajuelita, ante el temor del lanzamiento de un proyectil de arma de alto poder contra las personas que fueron al Estadio.

El equipo para proteger al entonces vicepresidente George Bush incluyó vehículos blindados y al menos 80 hombres de seguridad.

De igual forma, cuando asumió Calderón todos los actos se desarrollaron en medio de estrictas medidas dirigidas por expertos en seguridad y antiterrorismo.

Y hace cuatro años, efectivos de la Unidad Especial de Intervención efectuaron simulacros e inspeccionaron con perros cada rincón del Estadio.

Definitivamente, algo ha cambiado desde mayo de 1978, cuando diferentes grupos de "boy scouts" hicieron las veces de policías uniformados y solo algunos miembros de la Fuerza Pública vigilaban las entradas.

El último día

La banda presidencial llega e igual se va. El día que Luis Alberto Monge salió de su casa para ir entregar el poder, dijo extrañado a su chofer: "Este carro no es nuestro", a lo que el conductor respondió: "Es de Grace Carvajal, ella lo prestó, pues el vehículo presidencial se le entregó a Oscar Arias desde las 8 de la mañana".

El 7 de mayo de 1996, fue Arias quien se quejó de que ya le habían quitado el carro, y comentó que "afortunadamente bajaron los impuestos para comprar un vehículo tipo rural".

Poco antes del entregar su banda, un mariachi entonó la canción Las Golondrinas en la parroquia de Curridabat, y Rafael Angel Calderón estuvo a punto de llorar.

Así, inevitablemente, todo les recuerda que ese día dejarán de ser presidentes. Cuatro años después de la bienvenida, los mandatarios deben prepararse para ingresar de nuevo al Estadio entre aplausos y silbidos.

De los últimos cinco mandatarios en asumir el poder, Carazo ha sido el más abucheado, pero él respondió con una sonrisa y levantando el dedo pulgar hacia las graderías.

Monge, por el contrario, recibió una fuerte ovación cuando le tocó el turno de dejar la presidencia.

Cientos de personas ubicadas muy cerca de la tarima principal, silbaron y abucheron a Arias Sánchez al final de su mandato, mas en otros sectores los estudiantes aplaudían con gran entusiasmo.

En 1994, Calderón tampoco recibió la más cálida de las despedidas. No le faltaron las manifestaciones de desaprobación por parte del público, aunque también cosechó aplausos.

Habrá que ver cómo tratan los costarricenses a José María Figueres el próximo viernes, cuando deba entregar el mando a Miguel Angel Rodríguez Echeverría. Lo que todos en Costa Rica saben es que el último traspaso presidencial del siglo será, como los anteriores, una jubilosa fiesta democrática.




Inolvidable...

  • Don Pepe Figueres dejó callados a quienes lo abucheron el día que Carazo asumió el poder, cuando retó a pelear a un hombre del público que lo silbaba desde la gradería del Estadio Nacional.

  • En 1990, cuando asumió Rafael Angel Calderón, Violeta Barrios vino a Costa Rica con muletas, por una lesión que acababa de sufrir. En un momento las dejó a un lado y estuvo a punto de caerse, lo cual evitó sosteniéndose fuertemente de los brazos del nuevo presidente tico. Sus escoltas corrieron a auxiliarla, pero ella rechazó la ayuda y dijo: "Estoy en buenas manos".

  • La noche que celebró su toma de posesión, Calderón pidió un whisky después de despedir a la Primera Dama de Estados Unidos. "Este es mi primer trago del día, me lo puedo tomar ahora que se fue la señora Bush", manifestó.

  • Durante el juramento, Oscar Arias no colocó su mano a la altura del pecho, como es usual. También sufrió un desliz mientras mientras leía su discurso inicial, dijo: "Yo no me he comprometido con una Costa Rica que ama su libertad, que es devota de la democracia...".

  • En esa misma ocasión, el diputado Juan Guillermo Brenes llegó tarde a la sesión legislativa en la que rindió juramento el presidente Arias. Apareció media hora después con blazer y sin corbata. Según trascendió, el retraso obedeció a que los agentes de seguridad no creían que era diputado y le impedían el paso.

  • Mientras José María Figueres pronunciaba su discurso inicial en el Estadio, la diputada socialcristiana Lorena Vázquez se entretuvo leyendo la revista estadounidenseTime.



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