San José, Costa Rica.








Administración Figueres

De la hoguera al microchip

El manejo del país osciló entre la incertidumbre extrema y la certeza de reencauzar el desarrollo nacional por la senda de la alta tecnología
Primero de una serie de reportajes sobre la transición de gobierno


Mauricio Herrera y Ronald Matute
Redactores de La Nación

19 de abril. En los primeros dos años de la administración Figueres, a menudo el Gobierno negoció al calor de las fogatas. Sí, negoció al calor de las hogueras encendidas en manifestaciones disueltas con gases lacrimógenos.

Pero, en el último trecho de su mandato, muchas otras negociaciones fueron ensambladas milimétricamente, inodorizadas y esterilizadas en asépticos edificios de las empresas de alta tecnología que evaluaban la posibilidad de instalarse en Costa Rica.

Ya el Presidente y sus ministros no tenían delante de sí la amenaza del mayor resquebrajamiento social, político y económico de la historia reciente, sino la oportunidad de introducir al país en una nueva brecha de desarrollo, para utilizar e impulsar las ventajas educativas, sanitarias, ambientales y de infraestructura.

Entre los garrotazos contra la manifestación de educadores frente a la Casa Presidencial, el 7 de agosto de 1995, y la inauguración de la planta CR-I de la compañía Intel -el 18 de marzo de 1998-, Costa Rica pasó de la gran incertidumbre a la certeza de reencauzar el desarrollo nacional por las rutas más rentables de los mercados globalizados.

"Otra vez el país tiene una oportunidad de montarse en el tren de una nueva oleada del desarrollo", opina el ministro de Planificación, Leonardo Garnier, al asegurar que esta administración pudo unir la política ambiental, con la política social y económica.

"Lamentablemente, el primer año fue sumamente duro y complicado y contribuyó a generar un sentimiento de incertidumbre y pesimismo que no se pudo recuperar a lo largo de los 4 años", sostiene el diputado socialcristiano Rodolfo Méndez, jefe de su fracción entre 1994 y 1995, quien reconoce que luego hubo un viraje positivo.

"El Gobierno ha sido menos malo de lo que parece y merece un balance cuidadoso", advierte el politólogo Rodolfo Cerdas.

Circuitos y cortocircuitos

Desde sectores sindicales hasta la oposición socialcristiana reconocen como logros de esta administración la política de atracción de inversiones, la transformación educativa y del sistema de salud, y la ruptura del ciclo político electoral, mediante el cual tradicionalmente el Gobierno incrementaba el gasto en su último año de labor.

Entre las insuficiencias, el presidente José María Figueres admite que no alcanzó las metas trazadas en seguridad ciudadana, infraestructura y los mecanismos de defensa del consumidor.

El Gobierno también es criticado por no haber resuelto el problema de la deuda interna, que suma ya más de ¢1 billón (un millón de millones) y representa el 45 por ciento del producto interno bruto, y por su incoherencia al aceptar el Tercer Programa de Ajuste Estructural (PAE III) aunque lo hubiese cuestionado en la campaña electoral por ser "neoliberal".

Para el diputado liberacionista Ottón Solís, los logros en el campo social y económico son mixtos, aunque considera extraordinario lo realizado en vivienda y educación. Sin embargo, enfatiza que esta administración le causó un grave daño a la credibilidad del sistema político al contradecir lo dicho en la campaña electoral y aceptar el PAE III

Tras ganar las elecciones con un margen menor al dos por ciento de los votos válidos, el Poder Ejecutivo asumió un estilo frontal para conducir su ambiciosa agenda social, política y ambiental planteada en centenares de acciones dispersas, salpicadas por constantes crisis y conflictos.

Algunos ejemplos fueron la quiebra y posterior cierre del Banco Anglo Costarricense, el conflicto con el Poder Judicial por la expulsión anómala de una peligrosa banda venezolana de asaltantes de bancos y la pugna permanente con el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC).

En diciembre de 1994, el Poder Ejecutivo debió aceptar, bajo la presión del PUSC, el tercer Programa de Ajuste Estructural y el Tratado de Libre Comercio con México, aunque en campaña electoral despotricó contra tales iniciativas.

El enfrentamiento se tornó inmanejable. El Gobierno aceptó negociar con el PUSC y, el 28 de abril de 1995, el presidente José María Figueres firmó un pacto con el exmandatario Rafael Ángel Calderón. Pero, entonces, el conflicto ya no fue con la oposición, sino con múltiples sectores sociales que no solo se sentían excluidos, sino también víctimas de los partidos mayoritarios.

Vino entonces la huelga de los educadores, entre junio y agosto de 1995, tras la aprobación bipartidista -en un fin de semana- de la Ley Marco de Pensiones y el conflicto con los muelleros y la comunidad limonense, entre otros ejemplos, junto con las quejas de empresarios, sindicatos y del mismo Partido Liberación Nacional (PLN).

En el laberinto

"Al principio, parecimos un gobierno metido en muchas cosas. Sabíamos lo que estábamos haciendo, pero no pudimos comunicar el hilo central que le daba coherencia a los actos. Tocamos distintos intereses muy fuertes. Todo esto generó incertidumbre", dice Garnier, quien reconoce en la comunicación una de las grandes fallas de la administración.

Las expectativas creadas por el Gobierno y la publicidad de centenares de logros parciales sin un aparente hilo conductor chocó con la realidad cotidiana de la población.

Los costarricenses sí entendían el aumento del 13 al 15 en el impuesto de ventas y el efecto recesivo de un déficit fiscal que creció de un 1,4 por ciento del producto interno bruto -en 1993- a un 8 por ciento, en 1994.

En 1996, la producción nacional mostró un decrecimiento del 0,7 por ciento y la impopularidad del Gabinete se hizo crónica. Desde setiembre de 1995, quienes opinaban que el Gobierno era malo o muy malo nunca fueron menos del 40 por ciento de los encuestados.

Según Cerdas, el caótico clima de ese primer período se originó en la inexperiencia, el manejo inadecuado de las posibilidades de negociación, la búsqueda de confrontación en temas que no lo ameritaban y un afán de actuar al borde de las crisis.

Para el Gobierno, el agitado ritmo inicial de su mandato fue necesario para impulsar los cambios deseados, y tanto los resultados que se vislumbran hacia el futuro como los éxitos reconocidos son parte de una estrategia pensada desde 1993

Según sus críticos, en el arranque la administración dio tumbos y señales de indefinición. La relativa claridad de dirección al final del mandato sería más el resultado de un difícil aprendizaje y de una correcta determinación de prioridades de tareas que de un plan previsto.

Fabio Chaves, presidente de la Asociación Sindical de Empleados del ICE, considera que el Gobierno "no cumplió su programa porque ni siquiera tenía programa".

Luz al final del túnel

Desde mediados de 1996 aminoró la atmósfera convulsa vivida por el país en los años anteriores. Según las fuentes consultadas, varios factores colaboraron en la reducción de las tensiones:

  • Una mayor voluntad de buscar acuerdos con otros sectores.

  • La concentración del Gobierno en temas específicos.

  • El desgaste y desmovilización de las fuerzas sindicales.

  • La reorganización del Gabinete, donde destacó la inclusión del economista Francisco de Paula Gutiérrez, quien trajo tranquilidad a los sectores empresariales.

    El aparente apaciguamiento de los vientos sociales remató con el anuncio del arribo del líder mundial en microprocesadores, Intel, el 13 de noviembre de 1996. La construcción de una planta productora del procesador Pentium II y el chip Celeron sirvió al Gobierno para explicar y darles sentido a las acciones emprendidas en salud, educación, reformas fiscales, aduaneras y portuarias, e incluso en la política ambiental.

    Méndez, Garnier y Cerdas coinciden en que la instalación de Intel en Costa Rica es producto del desarrollo histórico del país, pero también del dinamismo que personalmente le imprimió Figueres a las negociaciones.

    Intel no fue la única empresa de alta tecnología atrapada en esta administración, pero se convirtió en el emblema y ejemplo del que careció el Presidente en los primeros años de su mandato.

    A esto se sumó la evidencia de logros concretos en salud, educación y vivienda, entre otros campos, y una relativa mejoría de la situación económica: en 1997 la producción creció un 3,2 por ciento, la inflación se redujo del 13,9 -en 1996 al 11,2-, y las tasas de interés pasaron de 22,3 por ciento a 19,2 por ciento en el mismo periodo.

    Hoy, los microchips de Intel construidos en Costa Rica almacenan en las memorias de muchos computadores las imágenes de golpizas, fogatas, manifestaciones y gases lacrimógenos vividas por los costarricenses al principio de este Gobierno.

    Queda por ver si tendrán capacidad para procesar la integración de toda la sociedad costarricense a los sofisticados circuitos de la exportación de alta tecnología.

    Repaso de promesas




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