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Viernes 29 de junio, 2007 |
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Chingo de pleito Columnista Valores. Me parece ridícula la idea de pedir la cabeza de Maricruz Leiva por la insinuación de desnudez en Siete Estrellas. Lo digo tardíamente porque debe haber otras voces en silencio por el aburrimiento de tratar un asunto que creíamos absolutamente agotado. Hace una década, Javier Ortiz levantó chispas por hablar de sexualidad sin restricciones en Telenoticias de las diez de la noche. El tema se toca hoy en los matutinos con mucha libertad porque los televidentes encontraron una actitud relajada para asumir el contenido en público. Claro, ese es un propósito informativo abordado con profesionales. Esta vez, se trata de uno de farándula. Sin embargo, encuentro en la voz de censura la misma fórmula del avestruz para evadir nuestros miedos y señalar a la juventud como causa de la destrucción social.Hace unos años, en Informe Once , un joven enseñó los tatuajes de sus partes nobles. No esquivo la palabra, no sé decir dónde estaba ni lo que era el dibujo porque cuadricularon la imagen. La nota despertó comentarios, pero encontró calma en la expresión de la naturalidad, y pensé que ya habíamos superado traumas. Ahora nos asusta el mismo fantasma con otras sábanas. Y pensándolo bien, a un presidente amable y reservado, pero que confiesa estar de cabanga, probablemente lo irrite más una pregunta desinformada sobre el TLC que una sobre el viagra. Luego está la imagen del ganador desinhibido de una cámara fotográfica, que es un asunto muy personal y muy divertido de contar. El programa resolvió bien la circunstancia con un efecto de vídeo para crear un clima de reto, atrevimiento y despreocupación. Si la actitud es impropia o no, es una cuestión de algunos televidentes y no del ganador. El programa es responsable y coherente con el comportamiento de los jóvenes, aunque algunos insistan en negarlo. Ahora bien, si la imagen del desnudo tapado es el indicio de un tono informativo general del canal, es algo que se puede explorar, pero desde la validez informativa de todas las imágenes posibles de dolor, sexo, violencia y frustración.Esta en particular, no debía ser la bandera de la discusión porque, como siempre ocurre, unos jóvenes manejan otros valores y la tele es un espejo de eso, aunque pueda incomodarlos. Simplemente, negar la imagen, no elimina la realidad. |
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