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Viernes 08 de junio, 2007 |
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Herman Melville nos visita en el teatro Bartleby, el escribiente , uno de los relatos más célebres de la literatura universal, llega al teatro gracias a una versión libérrima de Pato Catania. Andrea Catania es Bartleby por María Montero“Preferiría no hacerlo”, más que una frase, es una bomba: una bomba de tiempo que amenaza con estallar desde que fue adjudicada a Bartleby, personaje creado por el estadounidense Herman Melville para uno de sus relatos más célebres, allá por 1853. El cuento Bartleby, el escribiente ( Bartleby the Scrivener: A Story of Wall Street ) llega ahora al Teatro de La Aduana, donde se estrena hoy gracias a los 74 años del actor y director Alfredo Catania, quien asegura que es la edad, por encima de cualquier cosa, la que lo tiene sinceramente obsesionado con los autores literarios y los montajes que incitan al desasosiego antes que a la pirotecnia. “Me interesan los escritores malditos, que te cuestionan la existencia humana, que no son fáciles de digerir y que son polísemicos”, dice Catania, al referirse a Melville. “Este relato breve, brillante, me mueve a empezar a jugar con él; y qué mejor que jugar con mi hija Andrea”, confiesa Pato Catania al explicar las razones que tuvo, como director de la puesta, de convocar a su hija, la bailarina Andrea Catania, para encarnar el lacónico personaje de Bartleby. Sinrazón. A grandes rasgos, la pieza narra la relación que se establece entre Bartleby, un joven escribiente, y su patrón, un prominente abogado de Wall Street, cuando este último contrata los servicios del muchacho para que atienda las necesidades propias de una oficina de servicios legales. Al principio, Bartleby realiza una gran cantidad de trabajo pero un día, cuando el abogado le solicita que examine con él un documento, Bartleby suelta su carga de dinamita: Preferiría no hacerlo , dice, y a partir de entonces, cualquier demanda recibe por toda respuesta la exasperante frase, que el escribiente emite con absoluta serenidad. “Es la pugna entre la austeridad y la no acción de este muchacho y la verborrea y superacción del viejo abogado”, explica Catania. “El esfuerzo de Andrea de autoeliminación de expresividad corporal me venía perfectamente para escenificar esa relación dialéctica entre el dominador y el dominado: la resistencia pasiva de uno contra la grandilocuencia del otro”, describe el director. “Es una versión mía, muy libre, que me venía como anillo al dedo para experimentar la trasposición del lenguaje narrativo al lenguaje dramático. Es una hipérbole implosiva: es decir, que no explota”, agrega Catania. “El abogado va cediendo y cediendo a ese chico que tiene nombre pero que no se sabe de dónde viene, que no tiene nombre... que se deshumaniza por el dolor”.
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