Viernes 01 de junio, 2007

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Notas en esta sección:

Ojo abierto

Prendan las velas


José Mairena
Columnista

Especial. El sétimo aniversario del programa La Verdad, que pasa por Extra TV canal 42, reunió a la crema, la nata, la natilla y el yogurt de la farándula, el deporte y el gobierno, en una fiesta televisada con la presencia central de la entrevistadora Vivian Quesada en traje de luces. Transmitida el miércoles pasado, la emisión de una hora fue bastante modesta en comparación con el alboroto creado en la prensa por la fiesta. A veces, una linda experiencia no puede recogerse fielmente en televisión. Otra posibilidad, sin ánimo de especular, es que el canal no le diera importancia a una reunión significativa para su imagen pública. El programa fue muy extraño: comenzó muy ameno y casual y terminó abruptamente, sin despedida. Tras comerciales, pasaron un videoclip de Alejandro Fernández. Y no, esta vez la convocatoria no llegó a tanto. A juzgar por las imágenes, la verdad es que este es un programa con más invitados que audiencia. Aunque, seguramente, ambos grupos son selectos y conectan bien con una de las figuras más curiosas de la televisión, con grandes aciertos, como lograr clima de conversación franca y la capacidad de cuestionar lo que todos se preguntan en la casa. La propuesta en escena no es lo importante en el programa regular ni lo fue el día de festejo. La cámara era al estilo paparazzi. Si usted acepta que todos los problemas técnicos se aguantan a cambio de lo valioso de la información, quedaría satisfecho. Sin embargo, esta vez exageraron. La iluminación era mínima, tanto en el escenario como en el salón donde la cámara buscaba celebridades. Siempre hubo altos contrastes entre el predominio de negro y las chispas de luz. Hubo un segmento prácticamente a oscuras en el cual el mago Carlos Lorgia hizo trucos de cartas ante el presidente Oscar Arias. Eso entendí por las voces. La presentación de artistas profesionales y aficionados se mezcló sin orden y esto impidió el disfrute de una emoción creciente. Faltó, además, rotulación para saber quién era cada uno. Más que informal, todo parecía simplemente improvisado. Faltó crear un concepto de programa especial.En adelante, el programa La verdad se transmitirá lunes y miércoles a las ocho de la noche y martes y jueves a las ocho de la mañana. Tendrá un horario tan atípico como el programa mismo.


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