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Viernes 10 de agosto, 2007 |
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Con el pie derecho José Mairena Columnista Novedad. El rescate del sábado por la noche para una gran producción nacional es un acierto admirable de Teletica. Del mismo modo, es afortunada la decisión de ver oportunidad en la mezcla de baile, concurso y ese efecto del pobrecito que tanto nos conmueve a los ticos. Eso sí, en Bailando por un sueño , la solidaridad es una excusa loable porque, al final, preferimos la diversión a costa del dolor ajeno que el aburrimiento. La extorsión sentimental está comprobada y esta vez no es la excepción.Luego está el cuestionarse si Teletica consiguió hacer una versión digna de un programa estrella de la televisión mundial. Creo que logró hacerlo magnífico en detalles técnicos basados en el dinero, como el set, y en cuestiones básicas, como reunir gente respetada para bailar y casos enternecedores. Todo es como se supone que sea. Sin embargo, más que una cuestión operativa, la producción también implica una estrategia de emociones y es allí donde faltan ajustes para ser coherente con ella misma. Las emociones están mal graduadas. Note tres ejemplos: ¿Quién se supera si en la primera prueba tiene un diez? La música de relleno carece de tensión, sobre todo, en línea de jueces y, en otras ocasiones, hay silencios muy largos. Las cápsulas de los sueños son tan simples que, si no fuera porque la imagen se expresa en sí misma, tendrían poca fuerza comunicativa.Hay mucha lentitud en las situaciones. Edgar Silva es un animador espectacular, pero le faltó dirección. Sin la voz del locutor de sala para interactuar, tuvo diálogos excesivos para explicar lo que es fácil de entender. Y debe encontrar un punto medio en el ritmo, ubicado entre la seriedad de Miss Costa Rica y el desmadre al estilo Chinamo. Aún así, sin él, el programa hubiera caído. Nancy todavía arruga la cara como en ATD, pero mantiene la simpatía para imponerse. La mayor deuda está en la falta de dramatismo en los jueces. Son aburridísimos porque todavía no saben la doble función de calificar y hacer de personajes: el estricto sin contemplaciones, el motivador, el técnico experto y el que ve todo bien. Solo Flor Urbina hizo, a última hora, de lobo feroz. En conjunto, este programa no tiene producción de las emociones y lo que genera sucede porque la receta está hecha para eso, no porque se busque con trabajo. La producción merece una nota de siete, aunque la idea es realmente ganadora. |
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