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Viernes 18 de agosto, 2006 |
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Histórica En la casa de Don Alfredo hay comidaLa que fuera casa del expresidente Alfredo González Flores es ahora un restaurante formal en el que la historia y la buena gastronomía se sientan a la mesa por Marcela Quirós U. mquiros@nacion.com Los que nunca habíamos estado dentro de la casa del expresidente herediano Alfredo González Flores asumimos la experiencia de visitarla con la misma curiosidad con que se ingresa a un museo. El lugar no tiene letrero, su calidad de Patrimonio Nacional y Reliquia Histórica se lo impide por el momento; sin embargo, las referencias de un nuevo restaurante en Heredia nos hicieron dar con él. Su nombre completo es Restaurante y Cafetería La Casa de Don Alfredo, un proyecto en el que el empresario Olman López retomó el sitio -en el que antes hubo un bar- lo remodeló y convirtió en este elegante establecimiento. La especialidad es la comida peruana, pues el chef (Héctor Romero) vino de esa tierra, aunque también hay delicias italianas, francesas y hasta costarricenses. Bonito. Por dentro el lugar es armonía pura: paredes en tonos cálidos, mesas de hierro forjado, manteles y servilletas de tela y copas. Hay varios salones. El primero tiene colgadas fotos antiguas e información de la época en el que el Benemérito de la Patria fue presidente, entre 1914 y 1917. Más adentro hay dos grandes salones habitados con mesas, y más adentro todavía, un barcito. En medio de los salones hay una salita con hermosos, exuberantes y tentadores postres, que según nos explicó el mesero, corresponden al área de la cafetería, pero como venimos a probarlo todo, cometemos la grosería de ignorarlos y seguir nuestro camino hasta el salón del fondo...ya habrá un momento para encontrarnos. El menú. El que cocina en La Casa de Don Alfredo conoce bien su oficio pues la oferta de platillos supera las recetas promedio de muchos lugares. Los platos tienen nombres elaborados y mezclas atrevidas, en las que ingredientes poco tradicionales como las pecanas, el tamarindo o las semillas de marañón llegan a lucirse en algunos platillos principales. A nosotros, de verdad, se nos hizo un mundo decidirnos entre las 21 opciones de entradas (entre frías y calientes), los 22 platos fuertes, los once platos de arroz y pasta, las cuatro sopas y los 15 postres. Con la ayuda y paciencia de quien nos atiende llegamos a una enorme ensalada Flaviata (Crocante de salmón a base de ajonjolí con dos tipos de aliños sobre una cama de lechuga y tomate) y a un rico ceviche frito (igual al ceviche peruano, pero tibio). Aunque esta primera parte de la cena hubiera dejado satisfecho a cualquiera ser humano normal, nuestro afán "investigativo" nos obligó a continuar con los platos fuertes, así que tomamos aire y seguimos con una inolvidable y exquisita Trucha a la Navarra (rellena con prosciutto) y un Lomo Costa Azul (carne bañada en salsa de hongos), plato más convencional, pero no menos delicioso. Por más satisfechos que nos sentíamos no dejamos de pensar en aquellos postres que nos hicieron ojitos cuando llegamos, así que caímos en la tentación de dos maravillas de la pastelería: una torta Sacher y un Capricho urbano...aquí se acabó el aliento y las palabras.
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