A lomo de ballena

Una bella historia llena de hermosos sentimientos: Jinete de ballenas

Wílliam Venegas

LA LEYENDA DE las ballenas es más que eso: es la creencia que da sustento a la fe de algunos pueblos maoríes costeros de Nueva Zelanda. Para ellos, la humanidad viene de la ballena, nada de barro ni de costillas cristianas, y la ballena es el espíritu guardián que cuida a la gente desde el mar.

Desde ese credo se estructura el argumento de una de las películas más hermosas y reflexivas que haya llegado al cine este año. Hablamos de Jinete de ballenas (2003), filme dirigido por Niki Caro, realizadora neozelandesa, y con la actuación de la niña Keisha Castle-Hughes, ¡extraordinaria!

Esta película neozelandesa se basa en la novela del escritor Witi Ihimaera, de igual nacionalidad; más exactamente: su pueblo natal es Whangara. Estamos ante una cinta muy especial que se nutre del mito, de la leyenda y de las creencias arraigadas que dan continuidad y unidad a algunas pequeñas comunidades maoríes. Es una historia milenaria.

Son pueblos que se consideran hijos de Paikea (el que cabalga las ballenas). En cada generación, un hombre hereda ese honor profético. Sin embargo, esta vez, al nacer el niño escogido por Paikea, salen gemelos: niña y niño, pero este muere. Para el jefe de la tribu esto es un castigo: en su tradición vetusta no hay cabida para la mujer en el orden divino de Paikea.

El jefe, a su vez abuelo de la niña, intentará revertir los acontecimientos, pero los designios apuntan a demostrar que la niña, a quien llaman Pai, ha sido la escogida. La película nos narra este proceso de manera sutil con su tesis valorativa sobre la mujer, de manera holgada con su propuesta ecológica y con logros emotivos al narrar las durezas de una tradición que se quiebra para los maoríes.

Es un filme muy humano y, a la vez, humanizante. Es simple y directo. Nunca es manipulador ni superficial. Siempre es una película hermosa. Lo es desde su música oportuna, desde su afinado ritmo gracias a un ejemplar montaje y desde su fotografía extasiante: lenguaje visual imponente, plástico y poético.

Las actuaciones son virtuosas. No solo la de la niña antes citada, Keisha Castle-Hughes, sino también la de Rawiri Paratene, el abuelo Koro, y la de Vicky Haughton, la abuela que ha de moverse entre el amor por la nieta y el sostén a un esposo que no entiende los acontecimientos.

La trama invita a la reflexión, lo hace de manera emotiva sin caer en el sentimentalismo inútil. Son emociones edificantes. Es una fábula mágica y vital. Colores, texturas, formas, diálogos, actuaciones: todo se conjuga para darnos un filme que hay que ver como el bello y excelente relato que es. No se pierdan esta cita en la Sala Garbo.

Cómo, cuándo, dónde...:

Qué: Jinete de ballenas se exhibe en la Sala Garbo.

Entrada: ¢1.700 a ¢1.500.

Horario: 3, 5, 7 y 9 p.m.

Estreno: Viernes 13 de agosto.


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