Randy Allen, el rostro masculino de Destinostv.com, es un joven divertido y sencillo
Ángela Ávalos R.
aavalos@nacion.com
El cambio ha sido grande desde sus años de chiquillo, cuando brincoteaba entre las piedras del río Chirripó y vendía las manzanas del patio de su abuela para comprar confites.
Quien lo ve ahora no tiene tiempo para dudar. Randy Allen Hall ha crecido y mucho. Tanto, como el estironazo que se pegó hasta alcanzar 1,86 metros de estatura.
Por supuesto, ahora no le dicen "enano". En semejante cuerpazo canela, Randy -el rostro masculino de Destinostv.com- ha sabido inmunizarse contra el llamado "síndrome de la estrellitis", y mantener sus pies de basketbolista muy bien puestos sobre la tierra.
Tiene 26 años, una afortunada novia llamada Hazel, dos hermanos, varios títulos -entre ellos, uno como publicista--, y a doña Tina (Justina Winter), su abuela materna, de 74 años, a quien debe lo que sabe de la vida.
A punto de cumplir dos años al frente de uno de los programas más vistos de la televisión (se transmite los sábados, a la 1 p. m., por canal 7), este joven presentador se describe así: "soy una persona agradecida con Dios por lo que he recibido, con los pies muy bien puestos sobre la tierra, sencillo. Me considero una persona inteligente."
¡Y si será inteligente! Todas las oportunidades que se le han presentado han sido aprovechadas al máximo. Destinostv.com es una más en la que ha logrado demostrar la naturalidad heredada del Caribe ancestral.
Desde Zent
De Zent, en Limón, a San José; del Liceo de Costa Rica a la pantalla de televisión. Entre un paso y otro hay mucho trabajo, porque las cosas a Randy no le han caído del cielo para llegar adonde está.
"Caminaba largos trechos para ir a la escuela. Andaba descalzo y siempre trabajé desde pequeño. Recuerdo que me levantaba de madrugada para apear las manzanas del palo de mi abuela. Las vendía y con eso me compraba los confites y otras cosillas que mi abuela o mamá no podían darme."
Aunque echó raíces en Limón, fue trasplantado a San José cuando apenas tenía diez años. Del río Chirripó pasó a las barriadas del sur. Allí, en San Sebastián, sacó el sexto grado y, según dice con orgullo, es de la generación del 92, del Liceo de Costa Rica.
Y brincó a la Universidad: "siempre me gustaron los medios de comunicación. Decidí estudiar publicidad, por influencia de mi hermano (Michael, de 29 años), quien vendía espacios."
El enamoramiento fue más que fulminante. Además de ser adicto a la televisión, de nacimiento, empezó a llenarse de estudios vinculados con el medio: animación, locución; también estudió mercadeo y teoría del color.
A Destinostv.com llegó luego de trabajar en una agencia de publicidad y en eventos especiales (a los que aún se dedica). "César Gamboa (quien fue su jefe) me recomendó cuando la gente de Mertec Televisión andaba buscando a un presentador."
"Al llegar para la prueba, vi inmediatamente en su mirada la frase ¡Uy, es negro!, pero no en el sentido negativo. ¡Qué va! Poco me faltó para ver en la cabeza de ellos el remolino de ideas que les nacieron sobre el programa con solo verme."
Ahí empezó su relación de amor con Destinostv.com.
 Randy
comparte su
trabajo con
Adriana Quesada.
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De asustes y otros "demonios"
A este negrazo de la televisión nacional, quien cumple años este lunes 20 de enero, el espectador le agradece su abundante y caribeña naturalidad: sin poses, sin muecas, sencillo como es, alegre.
¿De dónde saca semejante espontaneidad frente a la cámara? "La verdad, siento que no está ahí; que en su lugar está la gente. Y esto lo hago siempre, no solo en el programa: en todo lo que hago, siempre me pongo en el lugar de los otros y me pregunto cómo me gustaría que me hablaran."
Ahí está la explicación para su permanente sonrisa y buen humor. Dice que aún en los momentos de mayor tensión por el trabajo, recuerda algún chiste o momento gracioso para no perder la alegría.
Llegó hasta Destinostv.com sin pasarle por encima a nadie. Con el programa ha viajado por todo el país y más allá. De él, lo que más valora es la relación que ha logrado establecer con las diferentes compañeras de cámara.
En las grabaciones le ha pasado de todo: desde encontrarse con un recóndito hotel embrujado; hasta tener que montar en cajas a Michelle Soucy (su primera compañera presentadora) para ponerla a su estatura, o bien, enterrarlo a él en la arena para no quedar tan alto.
En una de tantas grabaciones casi le da un infarto cuando, al abrir una puerta de vidrio, esta cayó haciéndose añicos ante el tremendo susto de todos.
Ahora, con Adriana Maléfica Quesada, dice que está como pez en el agua. "La química fue inmediata", dijo. Adriana está fascinada trabajando al lado de él, pero se queja de que a todo lado que van, Randy siempre se come el postre.
Y aunque no quiere revelar mucho de lo nuevo que le espera al programa, sí adelantó algo muy bueno: habrá proyección internacional.