
Víctor J. Flury
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Gloria y Erich
Querían la Luna
Víctor J. Flury
Marlowe@sol.racsa. co.cr
Tomemos el cuento de la bailarina joven que, un día, sustituye a la titular que se rompió la pierna y logra un éxito fabuloso.
¿A cuál de las dos filmaría Billy Wilder? No cabe duda: a la que camina con la ayuda de una muleta.
Es que al viejo Billy, padre de Una Eva y dos Adanes, Apartamento de soltero, Bésame tonto y una docena de filmes inolvidables, le fascinaba ese tipo de gente que "tiene un gran porvenir detrás suyo".
El ocaso de una vida (Sunset Boulevard, 1950, USA, lunes 26), ejemplifica esta singular atracción. Wilder reúne a Gloria Swanson, diva retirada en 1928, y a Erich von Stroheim, polémico cineasta y actor "asesinado por Hollywood", según sus palabras.
Además hay un escritor (William Holden) y un plan dirigido por el mayordomo (von Stroheim), cuyo objetivo es devolver a su patrona (Swanson) la perdida celebridad.
Ella fue y ya no es, aunque lo ignora; y su fiel servidor teje una red de engaño, y también se autoengaña. Dentro de un clima fantasmal, a contravía de los hechos, el binomio acaba por creer que todo es posible, aun la conquista de la Luna que años atrás estuvo tan cerca. Hasta aquí la ficción. Pero, ¿Gloria y Erich no se interpretan a sí mismos?, ¿no hacen la parodia de sus vidas?
La similitud es diáfana entre la magna estrella que retorna y la otrora majestuosa Gloria, actriz aclamada, cónyuge de aristócratas y de ociosos de buena billetera. A la vez, von Stroheim - genio traído de Alemania, a quien los estudios dieron el portazo en 1932 - parece continuar su faena de director, solo que enclaustrado y sin cámaras.
Otrosí, digo. Aquel par de monstruos sagrados no se veía desde La reina Kelly, película que "deshicieron" juntos, cuando sus egos estaban duplicados y tenían 22 años menos.
Wilder juega y llora, convoca a los grandes del cine mudo, pone de testigos reales a Buster Keaton, Cecil B. De Mille y Hedda Hopper, mientras dibuja la otra cara de la fama.
Sunset Boulevard ganó tres Óscars y fue un hola y adiós de dos leyendas y un operativo de respiración artificial a los caídos en la noble causa de cierta inmortalidad terrena.
Noble... y vana. Pero que los caídos no lo sepan.
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