Víctor J. Flury

Versus Hemingway

Golpes cortos



Víctor J. Flury
Marlowe@sol.racsa.
co.cr

Dos viejos - un exmarino irlandés (Richard Harris) y un barbero cubano retirado (Robert Duvall) - cruzan sus caminos en La Florida. Ambos no tienen nada en común; y sin embargo, de la interacción surge aquello que los une: la necesidad de hablar de sus historias, un pasado no muy fácil de recordar y una suerte dudosa con las mujeres.

Peleando con Hemingway (HBO, miércoles 14) es una película de actores. Harris ejerce veteranía, es mundano y alardea de su ángel; Duvall representa a un tipo gris y escurridizo, aunque dispuesto siempre a escuchar y aprender de su amigo.

A Leonard Maltin, crítico famoso, le llamaba la atención que el guionista - Steve Conrad - fuera un chico de 21 años. Pero no dijo que la directora Randa Haines (Children of a Lesser God, The Doctor), una mujer, apenas reparó en los personajes femeninos: Shirley McLaine, Piper Laurie, Sandra Bullock.

Quizá de la doble visión (un mozo metido a la tercera edad y una dama absorta en sus varones) nació este trabajo que huye de las recetas y abre paso a una emoción natural, próxima, genuina.

Harris cuenta que ha peleado en 1936 contra Ernest Hemingway. De allí podría sacarse una filosofía. La vida es una especie de cuadrilátero. Los golpes cortos, los menos espectaculares y a menudo imperceptibles, hieren más que el punch de larga trayectoria, teóricamente más destructivo. Vivir y boxear se parecen.

Si esta lectura es cierta, nos hallaríamos ante la imagen conmovedora que pintó Nietzsche acerca de algunas sensibilidades capaces de resistir los embates de una gran tragedia y que sucumben a los desaires mínimos.

Todo es una cuestión de óptica, amigos, y la cinta observa de modo alegre a los personajes, sus goces y desvaríos; incluso les permite equivocarse todavía para concederles al fin la Gracia: una hora de baile, una forma de homenajear a la vida a cuenta del último suspiro. Hay que seguir alerta, se nos dice, mientras haya oxígeno dentro de los pulmones y ganas de tener ganas.

Los detalles están a la orden del día, un poco como le hubiera gustado al mismo Hemingway, capaz de oir la fricción del botín de un pugilista sobre la parafina antes de que suene el gong.

Un filme que gana por nocaut. Doy fe.





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