
Víctor J. Flury
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Sorpresas
¡Este cuerpo no es el mío!
Marlowe@sol. racsa.co.cr
León Klimovsky, devoto del cine fantástico, rodó un caso de doblestar humano que, para la época (1974), implicaba una provocación mayor. Me refiero a Odio mi cuerpo (TV América, domingo 24).
La historia nos habla de un ingeniero, Ernesto, quien descubre -luego de quedar inconciente a raíz de una colisión de autos - que su cerebro fue trasplantado al cuerpo de una mujer.
Por allí anda un científico - Arturo Berner -, de esos que la literatura del siglo 19 tipificó con agudeza. Víctima de su genio, Berner hibernó a Leda, a la espera de un cerebro disponible. Hasta que su loco sueño se hizo realidad.
El filme cuenta con los trabajos de Alexandra Bastedo, Byron Mabe, Gemma Cuervo, Manolo Zarzo y Narciso Ibáñez Menta, su intérprete clave, sobresaliente actor español de por lo menos cinco décadas.
Klimovsky, cineasta argentino radicado en Madrid, había hecho dupla con Ibáñez Menta en varias cintas de horror (la saga de Drácula, por ejemplo). Ambos frecuentaron, además, los mismos estudios cinematográficos de Buenos Aires y de la capital hispana a lo largo de cincuenta años.
De allí que su nuevo contacto en Odio mi cuerpo es una suerte de cita con el destino. La ocasión de reunir la capacidad de estremecimiento del director - derivada de los cuentos de Poe, Maupassant, William Irish - y el aporte escénico y técnico de Narciso, su elaborado transformismo facial y aquellos efectos especiales antes de los efectos especiales. Porque, dicho sea de paso, Ibáñez Menta creó una imaginería visual y sonora propia, a partir de sus estudios de física y mecánica, mucho antes de Lights and Magic.
Así, el filme dramatiza, aunque no en términos platónicos, la anécdota de una mente masculina prisionera de la anatomía femenina. Con el sabor único de ocurrencias de aquí y de allá, todas actuales, quizá por el hecho de que la audacia no tiene edad.
Después hablamos.
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