San José, Costa Rica, del 10 al 17 de junio del 2001.








































Víctor J. Flury

Narapoia




Marlowe@sol.
racsa.co.cr

El paranoico es un tipo que cree que lo persiguen y que el mundo entero lo acecha y vigila. Pero, ¿cómo denominar la paranoia al revés, aquella creencia de que uno persigue, acecha y vigila a los demás?

Muy simple: Narapoia.

Es el caso del taxista Larry Fletcher (Mel Gibson), convencido de que un elitista núcleo de inteligencia maquina asesinar al presidente de USA.

Jerry es ruidoso, atropellado; y a la manera de Charles Fort, célebre coleccionista de hechos insólitos, asocia extrañamente las noticias. Ejemplos: la causa de la guerra de Vietnam fue una apuesta entre Aristóteles Onassis y Howard Hughes; los autores de magnicidios llevan nombre doble (Lee Harvey Oswald o James Earl Ray, victimarios de Kennedy y Luther King).

¿Meras ocurrencias? ¡Quién sabe! A la CIA, FBI o alguno de los clanes de espías (que son varios y camaleónicos) no les hace gracia que el taxista los espíe, y deciden eliminarlo. La narapoia se convierte en paranoia - ¡oh, vueltas de la vida! -, aunque ya no se trata de un fenómeno de la mente sino de algo físico, tangible y sepulcral.

El filme, Teoría de la conspiración (TNT, jueves 14), nos habla así de un héroe más solo que una ostra, de su pasión e improbable longevidad, hasta que Alice Sutton (Julia Roberts), Procuradora del Departamento de Justicia, lo toma en serio.

La historia, entonces, gira sobre sí misma y reproduce la gesta de David versus Goliat. Dos pequeños honderos frente a un gigante armado de juguetes capaces de matar en cuatro dimensiones.

Richard Donner (director) y Joel Silver (productor) reeditan junto a Gibson el trío de Arma mortal, aunque Teoría maneja un ritmo menos agitado y lucha por la credibilidad a partir de su andamiaje guionístico, obra de Brian Helgeland.

Pero el hallazgo de la cinta, creo yo, radica en el modo de observar las cosas y de comprenderlas. El Poder, siempre ligado al secreto, nos hurta la verdad lisa y llana, las intrigas de la cima, la anécdota de los subpoderes que aspiran al trono, se nos previene.

Esto genera un clima de misterio único y teje la trama que, un día equis, emitirá señales de aquello que oculta. La traducción de dichas señales corre a cargo de personajes inusuales, un Jerry Fletcher digamos, provistos de un radar que sintoniza cualquier brote de conspiración.

¿Qué le parece? Vamos, ¡no me guiñe el ojo!





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