
Víctor J. Flury
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Relámpago
Bajo costo, alta calidad
Marlowe@sol. racsa.co.cr
Roland Barthes sugiere, por ahí, que la búsqueda del padre es el motor de toda narrativa. Edipo creó el relato, dice el autor francés, mientras perseguía la sombra de su origen.
Cabe añadir que Edipo andaba por el mundo a tientas y desoía los consejos de los sabios, temerosos de cualquier inmersión en el pasado.
Como un relámpago (1996, TVE América) narra las peripecias de Pablo (Eloy Azorín), dispuesto a los 17 a conocer a un padre remoto y difuso (Santiago Ramos).
Sonia, la madre (Assumpta Serna), creyó siempre que dos bastaban para una familia. De ahí que ocultase datos y señas de
aquella persona que, a fines de los 70, en el cenit de su militancia feminista y libertaria, acordó con ella la hechura de Pablo.
El muchacho añora algo, no sabe qué; y obedece a los dictados de una pasión que lo lleva a su progenitor. Toda la cinta se halla regida, desde su planteo a la palabra fin, por una actitud humilde y generosa de las criaturas ante los límites que impone la vida.
Miguel Hermoso, guionista y director español, se basó en un escrito de Albert Camus, y suyo es el mérito de no atizar el ritmo, permitiendo que el espectador vea y lea cada uno de los sucedidos.
Así, gracias a una desbordante lealtad a su historia, Como un relámpago obtuvo el favor de los especialistas: un Premio Goya y sendos lauros en los Festivales de Huelva y Miami.
Pero, aparte de sus valores artísticos, el filme podría redefinir la noción de lo que es comercial en cine. A muy bajo costo, Miguel Hermoso logró una muy alta respuesta de la gente.
¿Cuál es la magia? Hacer un llamado a lo mejor del público, no a su lado consumista.
Que de esto último ya tenemos demasiado.
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