Cara y cruz de Maricruz

  • Con un estilo muy particular, Maricruz Leiva, de Siete Estrellas, acepta las críticas pero se reconoce auténtica, espontánea y natural




    Ella no es una moneda con dos caras para que elijamos escudo o corona (cara o cruz). Maricruz Leiva Ledezma reconoce que tampoco es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo; sin embargo, ella se esfuerza por agradar a los televidentes.

    No es flaca anoréxica, ni voluptuosa modelo. Tampoco es "fresita" ni una vieja amargada. Nunca piensen en ella como instructora de aeróbicos ni como experta basquetbolista. No, no. No hay que exagerar pensando en el Gordo Molina ni en Ana María Montero, de CNN en español. "Soy como soy. Lo que ustedes ven en la pantalla, es mi verdad", dice esta realidad nacional hecha en Hatillo.

    Su aparición en Siete Estrellas no pasó inadvertida. Inmediatamente surgieron las fuertes críticas por su forma alocada, sus ocurrencias, su mala entonación, y por esas "confiancitas" de bailar con embajadores o interrumpir -y abrazar- a expresidentes de la República, con premio Nobel incluido.

    Hoy, en medio de una conversación tranquila, Maricruz acepta que todas las críticas que le hicieron -y que le hacen- están bien fundamentadas. Lo de la voz, por ejemplo, la obligó a llevar clases con Rodolfo Araya (Don Pedro, de La Pensión) y paulatinamente ha desterrado otros errores propios del desempeño ante cámaras. Aunque Maricruz tenía varios años de ejercer la profesión, antes de Siete Estrellas su contacto con la pantalla chica había sido apenas exploratorio.

    Fue poco después de su regreso de Estados Unidos, cuando Ignacio Santos y Pilar Cisneros la llamaron. Buscaban una reportera extrovertida. La entrevistaron y le dijeron: "Usted empieza mañana" (7 de marzo del 2000). Hoy, seis meses después, "las loqueras no se me quitan, quiero llevarle alegría a los televidentes, pero rechazo la vulgaridad. Me gusta que la gente pase un rato agradable conmigo en medio de tanto estrés y noticia negativa." "Quiero darles felicidad", dice convencida; sin embargo, reconoce no saber hasta qué punto "peque de extrovertida".

    Cuando todavía escucha cuestionamientos sobre su forma alocada, piensa que el tico no está muy habituado a la espontaneidad y cree que deberíamos ser más vacilones. "Soy apasionada en todo lo que hago, le pongo ganas a mi trabajo, a mi vida. Debemos evitar las malas caras y aprender a sonreír más."

    Prensa escrita

    Hija de un veterano periodista, Maricruz primero estudió Derecho influenciada por su madre, mas después rectificó para hacer realidad aquel juego de niña. "Iba a Monumental y a canal 11 con Eduardo Enrique Leiva, y aunque estorbaba, yo me tomaba aquella travesura muy en serio."

    Su primer contacto con el mundo laboral se produjo cuando estaba comenzando la carrera de Periodismo. Juan Carlos González (quien ahora es médico) le habló para hacer una práctica de un año en canal 2. Más adelante el mismo amigo la recomendó para cubrir una incapacidad de cuatro meses en La República. Casi al terminar la carrera, su profesor Guillermo Fernández le consiguió una oportunidad de seis meses en Perfil, y aunque su prioridad era la televisión, ella aceptó. De aquella experiencia recuerda con especial cariño las enseñanzas de Elsa Morales, Marielos Cob y Toyi Fernández, quienes se convirtieron en verdaderas maestras y amigas.

    Cuando Guillermo Fernández asumió la dirección de Al Día, la asignó en el área de sucesos, junto a Tomás Zamora (para ella, el mejor en ese campo), quien le enseñó que a la par de la sangre de ciertas noticias había siempre un aspecto humano.

    Más adelante quedó una plaza en una revista para niños que editaban en Trejos Hermanos y la llamaron. Álvaro y Alonso Trejos decidieron posteriormente ofrecerle la dirección de Cable y Entretenimiento, ante la partida hacia canal 7 de Evelyn Fachler. Maricruz estuvo cuatro años como directora; los cambios que introdujo a la revista, a su juicio, fueron notables. "Fui en dos oportunidades a la entrega de los Oscar, le di énfasis a las noticias del cine y la televisión."

    Un viaje de estudios de su esposo a Nueva York la obligó a dejar Cable y Entretenimiento. Se fueron con sus dos hijos y estuvieron durante un año acumulando experiencias y disfrutando nuevas oportunidades. Allá hizo los trámites para trabajar en el canal 41, de Univisión, y cuando le dijeron que sí, era tiempo de regresar a San José, pero Rafael Pineda, de aquella cadena, le manifestó que tenía las puertas abiertas.

    De nuevo en San José... ¿Y ahora qué hago?

    Entonces comenzó su historia con Siete Estrellas.

    La vacilan

    En la calle la gente la vacila, le hace bromas, pero... un día estaba con sus hijos en un hotel de playa al lado de unas damas que de pronto empezaron a hablar de "esa loca de Maricruz que sale en Siete Estrellas", y le dedicaron algunos otros epítetos. Maricruz se incorporó y les dijo: "Esos pequeños que jugaban con sus hijos son míos, la persona que acaban de destrozar soy yo, espero que me perdonen, pero ese es mi trabajo".

    De inmediato se retiró, triste, pero una de las señoras la alcanzó para ofrecerle disculpas. Maricruz las aceptó y ahora son amigas.

    Después de contar aquella anécdota comenta: "Si les caigo mal por ser como soy, qué lastima. Trato de caer bien, pero si no lo logro, créanme que no moriré en el intento. Seguiré haciéndolo".

    No es maleducada, no dice malas palabras por una promesa que le hizo al Espíritu Santo.

    Se confiesa trabajadora, responsable y asegura que nunca ha faltado al trabajo por enfermedad. Tampoco es peleona, más bien se considera conciliadora.

    Trata bien a las personas, busca ser cada día más cordial con la gente y le gustaría que el mundo fuera más feliz.

    Maricruz considera que el tipo de trabajo que ella realiza tiene mucho mérito ya que le brinda al público información en forma divertida.

    Después de la entrevista llamó por teléfono, solicitó que no le pusiéramos la edad (veintitantos). Le pedimos explicaciones, las dio y aceptamos. Nos convenció.


    Muy personal

    Nacida un 9 de julio, hija de Eduardo Enrique Leiva y de María Rosa Ledezma, Maricruz tiene tres hermanas: Magaly, Ivonne y Lilliana.

    Está casada desde hace diez años con el ingeniero civil Fernando Vílchez con quien ha procreado dos hijos: Marieclaire (cumple 5 años el 20 de octubre) y Eric Fernando (cumplió dos años el 21 de julio).

    Estudió en la escuela Miguel de Cervantes y casi no se gradúa del Roberto Brenes Mesén (padres y profesores la convencieron que no abandonara las aulas cuando estaba en quinto año).

    A Maricruz le gusta la música, toca guitarra y órgano; estudió canto con Rolando Brenes en la Universidad de Costa Rica y ha grabado varios jingles (canciones para anuncios), incluido uno para radio Emperador.

    Le gustaría aprender flamenco, baila salsa, merengue y cumbia. Es muy deportista y tiene varios años de ser socia del Spa Corobicí. Es una lectora empedernida, habla inglés y está estudiando francés.


    Foto: Jorge Castillo. Maquillaje: Marlen Jiménez. Estilistas: Rebeca Studio, Real Cariari.






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