Diva en escabeche

  • Ana Istarú le pone inteligencia, encanto y más sabor a nuestro teatro


    Manuel Murillo Castro

    Descubrir la masculinidad en un ángel, quizá además de paradójico, por aquello de que estas criaturas celestes son espíritus y, en consecuencia, asexuados, constituye una hazaña, pero que Alicia, una niña que frisa la adolescencia, sacie su curiosidad con un ángel que se topa en el corazón de la capital -uno que eternamente extiende las alas a la intemperie, mas nunca alza vuelo- nos resulta sacrosexualísimo, y la pura magia de lo real nos mueve a risa.

    Hay, sin embargo, un punto en que descubrimos que lo absurdo-maravilloso se torna espejo y que, arrellanados en las butacas del Teatro de la Esquina, nos estamos riendo a pierna suelta de nosotros mismos.

    Está claro que Ana Istarú, la poetisa, actriz y dramaturga que da a luz la comedia Hombres en escabeche, quiere hacernos reír. Y lo consigue a raudales. Pero la esencia de esta hilaridad rompe su propio cauce y se desborda.

    La certeza de su palabra inunda entonces lo cotidiano y arrastra consigo, desnudándolos, tendiéndolos a pleno sol, los mitos sobre el amor, las armaduras que nos encajamos en la relación de pareja, que son, en última instancia, nuestros clichés sexuales, el libreto con que la mujer y el hombre abordan la aventura de la conquista, el noviazgo y la convivencia.

    Emociones

    "La idea de escribir esta obra empezó a gestarse después de que leí Dejemos el sexo en paz, una pieza de Franca Rame, esposa del Premio Nobel italiano Darío Fo, la cual es un monólogo sobre la vulgarización del sexo, muy ceñido a lo científico", confiesa la autora.

    "Mi propósito, por el contrario, fue construir un texto vital, dominado por la emoción, contando cómo una niña va formando su concepción del sexo a través de los mensajes que la sociedad le da", agrega.

    Hombres en escabeche es, entonces, la historia de Alicia, desde su más tierna edad hasta la madurez y, más concretamente, el recuento de sus amores y desamores a partir del tiempo en que florecen sus senos y ella empieza a ser víctima de la desinformación sobre el sexo que reina dentro del hogar y en la calle, el tiempo en que la hieren las flechas de Cupido y aparecen los pretendientes: un clásico novio de sofá, un intelectual, un yuppie y un músico, entre otros.

    "Vivimos en una sociedad donde la mujer es la que complace; el hombre es el que conquista, es decir, es quien decide cómo, cuándo y dónde.

    "Esta percepeción me llevó a la figura del padre, que es el primer hombre que tenés que `enamorar', que conseguir que te quiera... y casi nunca te quiere, casi siempre te ignora", enfatiza Istarú.

    La risa

    Con el firme propósito de apedrear en el texto estos estereotipos y, obviamente, de causar abolladuras, la autora eligió la comedia porque, a su entender, la risa es una estupenda anestesia pues permite que el espectador baje la guardia.

    Acto seguido la escritora nos habla sobre la función del texto dramático: "Probablemente soy una autora cándida e ingenua porque aún pienso que el teatro no solo debe entretener, sino también conmover y, lo esencial, provocar un cambio en la gente".

    Acerca de las razones que la movieron a crear la pieza, Ana Istarú destaca: "Sabía que tenía que escribir una obra de teatro para darme trabajo como actriz, dado que no me motiva formar parte de una cartelera banal y de baja calidad, como la que impera en la mayoría de las salas josefinas.

    "En el proceso creativo y la escritura me llevé dos meses. Al principio solo percibía imágenes aisladas. Por ejemplo, tenía unas ganas infinitas de hundir un celular en un vaso de agua para expresar mi desdén contra quienes lo usan por puro esnobismo. El celular me llevó al yuppie y así sucesivamente fui esbozando los personajes y tejiendo la trama".

    El montaje

    Marco Martín interpreta, con una versatilidad asombrosa, los siete papeles masculinos que aparecen en la obra y Ana Istarú encarna todas las edades de Alicia, mostrando también sus grandes cualidades histriónicas. Se trata, en fin, de dos actores hechos y derechos, de curtida experiencia en las tablas.

    Y los resultados saltan a la vista. Marcelo Gaete, otro veterano de la escena nacional, es quien dirige a la pareja.

    El hecho de que Alicia apele al público en un tono conversacional rompe el hilo sutil que separa el escenario del espectador y abre un gran espacio a la verosimilitud del mensaje. Uno no sabe dónde comienza la ficción y se siente parte de historia. "Esto es tan cierto que a veces las mujeres le gritan cosas nada agradables a los personajes que hace Marco", dice Istarú.

    En cuanto a la construcción dramática, Hombres en escabeche, sostiene la autora, posee un ritmo vertiginoso que es inherente a la comedia, específicamente en la primera parte. La segunda parte contiene escenas más fuertes y el espectador se conmueve hasta las lágrimas.

    Y como la comedia convoca la risa y las pinceladas melodramáticas enternecen al público, nosotros evocamos lo poético de la coincidencia porque si la autora eligió a Heidegger para el instante cumbre en que el intelectual llega al clímax, mientras Alicia desgrana una constelación de santos, es un hecho que el filósofo alemán bendijo para siempre el reino de la ficción, que es el espacio vital de Ana Istarú, cuando dijo: "Todo hombre es un dios cuando sueña, y no es más que un mendigo cuando piensa".


    Teatro y laureles

    El vuelo de la grulla (1984).

    Madre nuestra que estás en la tierra (1988).

    Baby Boom en el paraíso (1985) Premio María Teresa León para Autoras Dramáticas en el mismo año.

    Hombres en escabeche (1999). Premio Hermanos Machado del Ayuntamiento de Sevilla en el mismo año.

    Hombres en escabeche se presenta los viernes, sábados y domingos en el Teatro de la Esquina, barrio La California, San José, a las 8 p. m.

    La obra estuvo, del 20 al 27 de octubre en el Festival de Oriente, en la ciudad de Barcelona, Venezuela, ubicada en el Caribe, frente a la isla Margarita.

    Allí se exhibían obras de Brasil, Uruguay, Argentina y algunos países europeos. Hombres en escabeche realizó dos presentaciones en el Festival y otra en la ciudad petrolera de Maturín. En las tres ocasiones recibió una ovación de pie.

    El equipo de la comedia esta invitado para participar en el 2001 en el Festival de los Temporales Teatrales, en Puerto Montt, Chile, y en el Festival de Teatro de la Luna, que se efectuará en Washington, Estados Unidos.


    Salsa de anécdotas

    En un momento, salgo de escena, vestida de novia, pero tengo que hacerlo por el lado de afuera, y en la calle me topo a una mendiga del barrio La California que me dice: `Mi amor, dame una limosnita'. Señora, no puedo; no ve que voy corriendo a casarme', le respondo. Pero ella insiste: `Entonces, dame un beso'. Le doy el beso y llego jadeando al escenario para enterarme de que el pobre Marco, ya me dio el pie de entrada y como no aparecí, tuvo que empezar a improvisar".

  • "Una colegiala de Santa María de Dota vino hasta la capital para ver la pieza, pues tenía que hacer una asignación, pero le gustó tanto que consiguió posada donde unos familiares y se quedó un día más para volverla a ver".

  • "Nos hallábamos en ciudad de Barcelona, Caribe venezolano, y una muchacha se topó al actor Marco Martín en un centro comercial e inmediatamente llamó a sus compañeras y les dijo: `¡Es él! ¡Véanlo! Es el actor de la obra maravillosa que vi anoche en el Festival'.

    Después salió corriendo y volvió con una bolsa de galletas para todo el equipo de Hombres en escabeche".

    Fotos: Jorge Castillo. Estilistas: Luis Castillo y Roberto Dixon. Estudio Rocasti, Tibás.




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