Ni las luces, ni las cámaras, ni el maquillaje de la TV han
obnubilado a Lizeth Castro en su trabajo y en su vida personal
Sergio Arce Arroyo
sarce@nacion.co.cr
Si el rey Midas convertía en oro cuanto tocaba, Lizeth Castro brilla con la intensidad del preciado metal.
Cuenta la mitología que este gobernante recibió de Baco, dios griego del vino, el poder para trocar en oro todo aquello que estuviera a su alcance.
Lejos de ser una comparación odiosa, Liz -como le dicen de cariño- no necesita de los extraños artificios del Olimpo (casa de los dioses) para descollar en la televisión nacional.
Sus "poderes" están al alcance de cualquier persona, aunque muchos no los han advertido: humildad, sinceridad y tenacidad.
Ni el maquillaje, ni las luces ni el aparente "glamour" del mundo de las cámaras han obnubilado a esta ariana de 29 años y oriunda de Desamparados.
Su trabajo en Telenoticias como presentadora y el que realiza en Siete Días como reportera son actualmente sus credenciales en las lides de la pantalla chica.
Mediante ellas, Lizeth construye lazos de empatía con los televidentes, según contó a la Teleguía.
"La mejor forma de transmitir las noticias es siendo sincera. Igualmente, así manejo mi vida personal", dice ella, quien se confiesa una amante de los abrazos y las sonrisas generosas.
Consciente de la labor social del periodismo, Lizeth abraza su profesión con empeño y mucha rigurosidad; por eso agradece los halagos, pero especialmente las críticas constructivas de los costarricenses.
En este constante devenir, Lizeth suele aplicar una filosofía que enriquece cada día con su trabajo en canal 7: "Para trabajar en televisión hay que estar muy enamorado del medio, ya que la responsabilidad que pesa sobre los periodistas de la pantalla chica es mucha, ya que nuestro lenguaje es la imagen y la imagen es realidad".
Esta responsabilidad la lleva a levantarse de lunes a viernes poco antes de las 4:00 a.m., para estar en el canal a las 4:30 a.m. Una vez allí, Lizeth es la encargada de coordinar la edición matutina. Al finalizar, el trajín la espera en la calle, cuando comienza su faena como reportera. Poco antes de las 12:00 m. la sala de maquillaje la espera, para luego lanzarla al ruedo de la presentación en la edición meridiana. Después, la historia se repite: a la calle en busca de la noticia para Siete Días.
Lizeth no solo cumple a cabalidad su papel de mujer profesional, sino como madre y esposa.
Desde hace cinco años, cuando se conocieron en la rondalla de la Universidad de Costa Rica, Lizeth y Luis Arnoldo Gómez comparten luchas, alegrías, sueños y sacrificios. Según dice entusiasmada, su vida en pareja se ve retribuida con creces cuando invierten su tiempo en su pequeña hija, María José, de tan solo dos años.
"Ella nos imprime a mi esposo y a mí dosis de vida y alegría", asegura. Pero detrás de una mujer de nobles sentimientos y sencillez rutilante, se encuentra la Lizeth Castro de temple, dueña de un fuerte carácter, que odia la injusticia, el choteo y la indiferencia de los seres humanos. Por eso insiste en apuntalar el periodismo como el medio adecuado para concienciar a la población sobre la necesidad de combatir y erradicar tan perniciosos vicios de la sociedad.
Con un sentido de la sencillez y la entereza como el de Lizeth, para qué los lingotes de oro del rey Midas, que solo propiciaron la codicia y la envidia en la historia mitológica.
Liz más cerca...
Nombre: Lizeth Castro Castillo
Edad: 29 años
Padres: Franklin Castro Monge y Virginia Castillo
Esposo: Luis Arnoldo Gómez, de 32 años (economista)
Hija: María José Gómez Castro, dos años.
Años de casada: tres
Residencia: Guadalupe, pero en poco tiempo se cambiará a San Isidro de Heredia
Pasatiempos: escribir, leer, tocar guitarra.
En las labores domésticas, siente atracción por la cocina, pero le huye a la escoba.
En su trajín como reportera, que comenzó hace siete años en Monumental, continuó luego en el desaparecido NC4 y ahora en Telenoticias, Liz guarda en el disco duro de los recuerdos dos noticias de matices opuestos: el incendio del hogar de ancianos en Tilarán y la vez cuando, sin saber inglés, entrevistó a la primera dama estadounidense, Hillary Clinton.
"En el primer caso me embargó un sentimiento de impotencia ante la desgracia de los abuelitos y abuelitas del hogar, y en el segundo, tuve las agallas para vencer el miedo."
Metas: Proseguir por la senda de la felicidad, llegar a tener mucha paz y seguir confiando en Dios.